Fil(m)osofía: La lengua de las mariposas
(José Luis Cuerda, España, 1999)
La película La lengua de las mariposas es una obra costumbrista que nos transporta a la España rural de los años treinta. Desde los primeros minutos, mientras aparecen los créditos iniciales, desfilan fotografías que retratan la vida cotidiana de aquella época: mujeres lavando ropa en el río, niños jugando, campesinos y artesanos ejerciendo sus oficios. Estas imágenes nos sitúan en un mundo que parece tranquilo, marcado por la sencillez y la cercanía de las comunidades rurales, pero que pronto se verá sacudido por la inminente tragedia de la Guerra Civil Española.
La historia está ambientada en 1936, año en que estalló el conflicto que dividiría profundamente al país hasta 1939. A través de la mirada de un niño, asistimos a la representación simbólica de los dos bandos enfrentados: el maestro del pueblo, Don Gregorio, encarna los ideales republicanos (la educación, el pensamiento libre, la justicia social y la confianza en la razón); mientras que el sacerdote y el padre de uno de los pequeños estudiantes representan el mundo conservador de los nacionales o franquistas, sustentado en la autoridad de la Iglesia, los militares, los terratenientes y la burguesía. En el fondo, la película pone en escena los dos grandes polos ideológicos del siglo XX: la izquierda y la derecha.
Pero más allá de la política, La lengua de las mariposas es una reflexión sobre la formación humana. La música y la poesía ocupan un lugar central en la vida de los personajes: son lenguajes de sensibilidad, espacios donde se abre la posibilidad de comprender y sentir el mundo con mayor profundidad. El protagonista, un niño curioso y asombrado, encarna las virtudes propias de la infancia: el deseo de saber, la capacidad de admirarse, el impulso de preguntar. A través de sus ojos descubrimos tanto la belleza de aprender como el dolor de crecer. Entre sus descubrimientos está también el despertar afectivo: la diferencia entre la atracción y el enamoramiento, entre el impulso y la ternura.
La película está atravesada por el conflicto entre dos formas de autoridad: la del diálogo y la escucha (representada por el maestro), y la de la imposición violenta, que busca someter en lugar de educar. En ese contraste se esconde una pregunta que resuena con fuerza: ¿podemos convivir en paz a pesar de nuestras diferencias?
Don Gregorio, con su sabiduría serena, deja frases que condensan el espíritu de la película: “A veces el infierno somos nosotros mismos” y “La libertad estimula el espíritu de los fuertes”. Ambas expresan una ética del pensamiento libre y responsable, una defensa del valor de la educación y de la libertad interior frente a los miedos y fanatismos que dividen a las personas.
La lengua de las mariposas es, en última instancia, una película sobre la fragilidad de la inocencia y sobre el poder transformador del conocimiento. Nos recuerda que la verdadera educación no impone, sino que despierta; no domestica, sino que libera.
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