martes, 13 de junio de 2023

Café filosófico #41: Cambios - Adaptación - Renovación

 

Cambios - Adaptación - Renovación

Café filosófico #41



Eadem Mutata Resurgo
Mutante y permanente, vuelvo a resurgir siendo la misma


Todo lo vivo cambia. Lo único constante es el devenir, diría Heráclito. Nuestro café filosófico no escapa a esta ley universal. Así, el pasado lunes 5 de junio terminamos con nuestra práctica en la Biblioteca del Centro Cultural de Cajicá. Tras anunciar el cierre de nuestro filocafé, el tema elegido para reflexionar fue “cambios”. Quizá por las emociones implícitas en esta etapa de nuestras vidas, mi concentración para tomar notas mermó; no obstante, siento que logré capturar las ideas principales de nuestro intercambio filosófico.

 

Los cambios conllevan renovación y exigen adaptación. La adaptación es posible, si hay organización. Ahora bien, cuando algo cambia, ¿hay algo que permanezca? Planteado de otro modo, ¿se cambia absoluta y tajantemente o bien, algo continúa, permanece? En su caso, ¿qué es lo que cambia y qué es lo que permanece? Llegados a este punto, uno de nuestros participantes nos habló de la teoría filosófica de Theodor Adorno, integrante de la Escuela de Frankfurt, según la cual lo que cambia es la historia y lo que permanece es la naturaleza[i].

 

En torno a lo que permanece cuando acaece un cambio, hubo quienes lo identificaron con la “herencia”. Es decir que, aquello que permanece y continúa a pesar de los cambios, es lo que se puede heredar, la herencia, entendida como “algo que construyes y después cedes, heredas a otros”.

 

Hablando ya de nuestro café filosófico, podemos decir que hemos logrado organizarnos, que en cierto sentido y medida hemos construido algo, una estructura que se puede mantener en el tiempo porque está cimentada en un objetivo común: preguntar y responder colectivamente, aprender en comunidad. De manera que, al heredar este espacio filosófico a Bibiana y Carolina, acompañadas por todos y cada uno de los cafélibrepensadores que participan cada lunes regular e irregularmente, es factible, es muy probable que nuestro proyecto, nuestra práctica filosófica como Casa de la Filosofía, permanezca y continúe creciendo en Cajicá.

 

Ciertamente lo que se organiza bien, perdura. Los grupos que están organizados, permanecen. Y aun cuando no fuese así, y el grupo se desvaneciera, en cada uno permanecería esa naturaleza curiosa, nuestro amor por la sabiduría, o como lo queramos llamar, deseo por conocer, gusto por reflexionar, necesidad de intercambiar ideas y analizar…

 

Mil gracias una vez más a quienes han dado vida a nuestro café filosófico, por todo lo compartido y aprendido. Queda por escrito el cierre de lo que podemos llamar “primera temporada” de nuestra actividad, (re)inicia y se renueva. Gracias especialmente a quienes valoran nuestro trabajo realizado como una herencia, como algo digno de conservar y (re)vivificar. Que sean muchas temporadas más. Éxito.



 

 

Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia






[i] Para profundizar: Apuntes sobre naturaleza e historia en la obra de Theodor W. Adorno: lo natural como problema para las filosofías de la historia https://revistadefilosofia.ibero.mx/index.php/filosofia/article/view/78

 

Despedidas y bienvenidas; transferencias y herencias

 

Despedidas y bienvenidas; 

transferencias y herencias

 

 

Se han presentado nuevas oportunidades para aprender y compartir, conocer y crecer; la cuestión es que conllevan cambiar de ciudad, cambiar de escenario y en cierta medida modificar nuestra forma de vida. Nos mudaremos de Cundinamarca a Antioquia, de Cajicá a Medellín. Evidentemente no podremos continuar con la actividad de café filosófico que desarrollamos en compañía de quienes habitan La Casona. De manera que el pasado jueves 25 de mayo tuvo lugar nuestro último encuentro, al menos por ahora. Todo ha ocurrido con tal fluidez, que no hubo oportunidad para comunicar nuestra mudanza anticipadamente, sino hasta nuestra última reunión.

 

Así comenzó el que podría ser considerado nuestro café filosófico de cierre, participando a nuestros amigos que pronto partiríamos en búsqueda de nuevas vivencias y aprendizajes. Se planteó entonces la posibilidad de que alguien más retome y continúe con la actividad; nos preguntamos también, siendo el caso, quién o quiénes serían las personas idóneas. Abordamos esta posibilidad e interrogante con mirada filosófica de la siguiente manera; nuestro diálogo reflexivo, palabras más, palabras menos fue éste:

 

En la vida, unos se van y otros llegan; visto así, las despedidas son bienvenidas. Los que llegan continúan con lo que venían haciendo los que se van. Lo imaginamos como una carrera de relevos, donde varias personas se turnan para realizar una misma actividad, y ese turnarse equivale a pasar el testimonio (la estafeta, diríamos en México). Pero, ¿qué es un testimonio? Dar a conocer algo que vivimos… Ahora bien, cuando se pasa el testimonio, ¿qué se transfiere?...

 

Jugando con las palabras “testimonio” y “testamento”, enriquecemos nuestra pregunta: cuando una persona continúa con la actividad que realizaba otra, ¿qué se transfiere o transmite?, ¿qué se hereda? Unas cosas sí y otras, no. Se transfiere, se hereda la trayectoria, el compromiso y la responsabilidad, es decir, lo extrínseco a la persona que realiza la actividad. Sin embargo, la parte intrínseca de esa persona, su forma de ser y su experiencia plasmada en su conducta, no se transfiere, no se hereda, aunque sí se puede compartir.

 

Hablando de experiencia y en nuestro caso, podemos afirmar que todos los presentes tenemos ya una experiencia de café filosófico. Con base en ello, Leonardo invitó a que expusiéramos cuál ha sido nuestra vivencia. A continuación, algunos de los comentarios al respecto:

* Es bueno ver cómo las personas desarrollan profundidad en el pensamiento.

* Disfruto sentarnos en grupo para debatir, compartir e intercambiar aprendizajes, y aplicar algo de eso en mi vida.

* Un café filosófico es algo como una cita en un centro de convenciones.

* Lo que busca un café filosófico son conceptos; debatir sobre el conocimiento de un tema; construir.

* Cuando escuché que habría café filosófico, yo dije: “no me gusta la filosofía”. Llegué acá y era diferente; me gustó porque compartimos y aprendemos.

 

Acercándonos al final de nuestra reunión, Leonardo preguntó: “¿cuál fue el tema de este café filosófico? La mayoría respondió: “transmisión”, “transferencia”; algunos agregaron: “qué es una despedida”. Hablando de transferir, lo definimos como cambio, (inter)cambio. Además se mencionó que un café puede ser filosófico, psicológico y económico, por ejemplo. En ese momento, indagamos sobre nuestro café, qué lo hace filosófico. Coincidimos en que su cualidad filosófica radica en que trata temas existenciales. Lo cual significa que reflexionamos sobre y a partir de nuestras experiencias, nuestras vivencias, nuestras trayectorias de vida; y lo hacemos para comprender, crecer, mejorar, vivir con mayor intensidad.  

 

Para terminar, me permito compartir aquí el broche de oro que cerró esta reunión: Quien pregunta, también puede ser preguntado y responder o no con libertad. Acorde a este principio, Daniela nos preguntó, a Leonardo y a mí, si esta experiencia es importante para nosotros. Mi respuesta fue SÍ, porque confirma que ante todo y por, sobre todo, somos personas, seres pensantes y sintientes, sentipensantes. De hecho, yo no veo diferencia entre el café filosófico que realizamos en la biblioteca y el que hacemos aquí.



Lugar natal (Eduardo Kingman, 1989)



Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia

 

 

 

 

 

domingo, 21 de mayo de 2023

Café filosófico #40: ¿Por qué tengo que arreglar los desastres de otros?

 

¿Por qué tengo que arreglar los desastres de otros?
Café filosófico #40

 



Una de las diferencias entre el café filosófico y la charla con amigos consiste en que rebasamos la expresión de la opinión personal, nos esforzamos por fundamentar nuestras proposiciones con argumentos claros y precisos, al tiempo que además de ser críticos con la exposición de los otros, somos autocríticos, cuestionamos y analizamos nuestras ideas, reconocemos que no sabemos todo y estamos abiertos a aprender compartiendo.


En nuestra vivencia, durante el año que hemos compartido en la Biblioteca del Centro Cultural de Cajicá, observamos un desenvolvimiento óptimo de nuestro proyecto como Casa de la Filosofía, aunque no explícita y sistemáticamente, puesto que en estas conversaciones participamos personas y no máquinas, sí de forma orgánica y espontánea, natural, nuestro ejercicio filosófico cada vez es más claro y distinto, ordenado y profundo. En gran medida esto es resultado de tres ingredientes: la participación regular, constante de la mayoría de los integrantes; el destacado trabajo de animación, moderación que realiza Leonardo; y, especialmente el fortalecimiento continuo de nuestro espíritu filosófico, curioso e inconforme, anhelante de comprensión y transformación de la realidad.

 

De manera que en nuestros encuentros cada vez se identifican con mayor facilidad cinco momentos o etapas que a continuación describimos, tomando como ejemplo nuestro café filosófico #40, cuya pregunta guía y detonante fue: ¿Por qué tengo que arreglar los desastres de otros?

 

Analizar la pregunta

- Comenzamos por el término “tengo”; distinguimos entre “tener” y “deber”.

“Tengo” refiere la imposición de alguien más y el establecimiento de una jerarquía: quien dice qué tengo que hacer y yo que tengo que obedecer.

“Debo” refiere lo que podríamos llamar una imposición propia y conlleva implicación, además de responsabilidad.

- En cuanto a la palabra “arreglar”, nos parece que supone un mal, la presencia o existencia de algo que esta mal.

* Con respecto a lo anterior, llama la atención que nos enfocamos en los verbos, en las acciones.

 

Respuestas

- Si me afecta directamente, sí tengo que arreglarlo, incluso me nace el deber de arreglarlo.

- Si no me afecta directamente, ¿no actúo, no participo? Idealmente también actuaría porque soy un ser social, soy comunidad. Por ejemplo: ante el problema de los animales callejeros, que incluso pueden convertirse en ferales, una posibilidad de arreglar o contribuir a la solución de este desastre generado por otros y que no me afecta directamente, es el voluntariado.

* Evidentemente se dijo mucho más. Para fortuna nuestra casi todos los asistentes en algún momento toman la palabra y muchos de ellos intervienen más de dos o tres veces. Lo que presentamos aquí son las intervenciones que nos parece sintetizan el pensar y el sentir del grupo.



 
Nuevas preguntas

En torno al análisis de la pregunta inicial:

- Cuando hablamos de “arreglar” y suponemos que algo está mal, toca preguntarnos ¿por qué está mal?, e incluso, ¿qué es el mal?

- ¿Qué es un desastre? ¿Según quién algo es un desastre? ¿Segú yo?, ¿y entonces hablamos desde la subjetividad? O, ¿según el grupo, la sociedad, la comunidad a que pertenezco?, ¿tratándose entonces de un desastre objetivo?

- ¿Quiénes son “los otros”? ¿Otros individuos humanos menores o mayores de edad? ¿Otros seres vivos?

Sobre las posibles respuestas:

- ¿En qué consiste ser social? ¿Qué es la comunidad?

- ¿Qué es lo político?

* Sí, somos filósofos, bien dicen que de filósofos todos tenemos un poco. En consecuencia, por cada reflexión surgen más preguntas.

 

A manera de conclusión, al menos provisional

Somos seres sociales, vivimos en interdependencia con las otras personas y con la naturaleza en general. Contribuir al arreglo de los desastres, independientemente de quién los produjo, es parte de nuestro ser social y político. Cada uno de nosotros, como individuos, podemos implicarnos desde el contexto en que nos encontramos, en que vivimos: Miro qué puedo hacer, cómo puedo ayudar; observo mi contexto, mis circunstancias y mis posibilidades, decido y actúo.

Si no me implico, soy un idiota. No implicarse es no ser libre; no implicarse significa ser esclavo porque conlleva sujetarse a los otros. El idiota no hace nada con lo que están haciendo de él.

 

Recomendaciones filosóficas

- Con relación al estar implicados, fue asociado con la idea de “estar arrojados en el mundo”, de Martin Heidegger, y su concepción del ser humano.

Para saber más: https://filco.es/heidegger-ser-humano/

- Sobre nuestro ser social y político, es imprescindible la lectura del libro “Política”, de Aristóteles.

Para consultar:

https://www.culturagenial.com/es/el-hombre-es-un-ser-social-por-naturaleza/#:~:text=En%20su%20obra%20de%20filosof%C3%ADa,necesaria%20para%20el%20ser%20social

- En cuanto a la figura de “el idiota”, como aquel que se distancia y no se implica, nos ubicamos en la noción de la polis griega, la Grecia clásica.

Véase: https://www.lamarea.com/2019/11/09/la-democracia-de-los-idiotas-idiotes-lo-comun-y-lo-propio/

- Al abordar la idea de “el idiota”, el que no se implica y guarda distancia, tocamos lo que podría ser llamado la fragmentación de la sociedad como consecuencia de la especialización en la producción, vinculado con el modo de producción capitalista analizado en la mirada de Karl Marx.

Para profundizar:

http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/formacion-virtual/20100720062844/boron.pdf

 

Por último queremos subrayar que las ideas contenidas provienen en su totalidad de la voz de nuestros integrantes, de quienes participan y dan vida a nuestro café filosófico cada lunes a las seis y media de la tarde. Nuestra contribución consiste en convocar, animar y moderar; algunas veces, como ésta, también en ordenar y plasmar por escrito las ideas y los sentires compartidos. Ciertamente somos grupo, somos comunidad.

 

 




Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia

 

 

 

 

 

lunes, 1 de mayo de 2023

Nostalgia, ¿nuestra vida antes de estar aquí?

 

Nostalgia, ¿nuestra vida antes de estar aquí?

 



 

Comenzamos explicando cómo sería la dinámica de ésta nuestra quinta visita: “Primero escucharemos una canción; al terminar comentaremos qué historia narra, qué nos cuenta; enseguida redondearemos nuestros comentarios en un concepto, el cual nos servirá para definir el tema de nuestro café filosófico.” La canción previamente elegida por nosotros fue De Ushuaia a La Quiaca, interpretada por Gustavo Santaolalla; conviene aclarar que seleccionamos una composición instrumental considerando que las palabras de una u otra forma delimitan la imaginación.

 

Una vez que escuchamos la canción, y en continuidad de lo dicho, algunos de los participantes intervinieron tras preguntarles qué vino a su mente mientras escuchaban: “música española”; “un paisaje, naturaleza”; “una milpa, un sembradío”; “sensación de tranquilidad porque armoniza el ambiente”; “un laúd, una guitarra”; “nostalgia, tristeza, mirar hacia el pasado”; “un violinista, un arco en tensión”; “una historia de amor con un inicio nostálgico y un desenlace positivo.” Al respecto, observamos que si bien, fueron pocos quienes comentaron qué historia o imagen les narra la canción, los demás asentían a uno u otro comentario; particularmente coincidieron en que se trata de una canción nostálgica.

 

Con base en lo anterior, procedimos a sintetizar en un concepto todo lo que había sido comentado: nostalgia. El argumento de esta conceptualización fue que a través de toda la canción se percibe un sonido constante, al que se suman variaciones, es decir, que se trata de un movimiento variable que expresa fuerza. Llegados a este punto, les planteamos la posibilidad de que ese movimiento variable y fuerte se dirigiera hacia adelante o hacia atrás, hacia el futuro o hacia el pasado. La tendencia dominante, prácticamente unánime fue “hacia el pasado”, porque eso es la nostalgia, mirar hacia el pasado y eso fue lo que resaltaban a lo largo de toda la sesión.

 

Fue entonces que la mujer más joven del grupo preguntó: “¿Cómo se define la nostalgia?” Así, arribamos al tema de nuestro café filosófico, la nostalgia. Compartimos ahora parte de nuestra reflexión grupal: la nostalgia se relaciona con el tiempo y detona tanto pensamientos como sentimientos, que pueden ser negativos o positivos. Nosotros escogemos cuáles; tenemos la capacidad de elegir. Cuando los pensamientos y sentimientos son del pasado, son recuerdos; de manera que la nostalgia es una remembranza. Ahora, si esa remembranza implica añoranza, entonces es nostalgia; y, cuando la remembranza va acompañada de tristeza, entonces es melancolía.

 

Cabe decir que reiteradamente se trajo a colación la frase “todo tiempo pasado fue mejor”. Esto porque, de acuerdo con algunos de los participantes, la remembranza trae consigo la sensación de que el pasado fue o es mejor que el presente y que el futuro. Aunque la comparación entre pasado y presente suele tener una connotación negativa y resultar odiosa, ¿la verdad es que todo tiempo pasado fue mejor? Curiosamente, la misma persona que comenzó afirmando la superioridad del pasado, por momentos se cuestionaba e incluso afirmaba lo contrario al decir que “no todo tiempo pasado fue mejor”.

 

Sin duda, todos los presentes participamos de la actividad, de la reflexión grupal, aunque de distinto modo; algunos participan con su escucha atenta, otros parecen acompañarnos con su mirada, afortunadamente la mayoría interviene con palabras[i], aunque unos hablan más que otros, y entre ellos hay quienes tejen su comentarios siguiendo un eje, un hilo que por instantes parece perderse, para recuperarse con mayor claridad, nitidez que se plasma en comentarios como el siguiente: Los recuerdos son la banda sonora de tu vida y tú la eliges; elegimos qué recordar, por lo tanto sentir nostalgia es una decisión. De hecho, nosotros le damos significado a los eventos y mediante los recuerdos podemos resignificarlos. Los recuerdos forman parte de la identidad.

 



A manera de cierre, por último, preguntamos ¿para qué sirve sentir nostalgia? Por ahora encontramos al menos tres posibles usos de la nostalgia: puede funcionar como látigo para autoflagelarse o para golpear a otro; puede servir de remo para moverse, progresar, avanzar, tomar decisiones en el futuro; o bien, la nostalgia puede ser un ancla que nos estanque, nos justifique para permanecer inmóviles y hundirnos. La cuestión ahora sería autoexaminarnos y distinguir si efectivamente está en nuestras manos elegir qué sentir y qué hacer con lo sentimos.

 

Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia

 

 

 

 

 



[i] Sin menosprecio de la escucha atenta y la compañía visual, decimos “afortunadamente” porque si la mayoría no interviniese con palabras, resultaría imposible construir un diálogo y desarrollar el café filosófico.

 


martes, 25 de abril de 2023

La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad. Diógenes Laercio

 

Instituto Municipal de Turismo y Cultura de Cajicá

Festival de Cine y Literatura de Cajicá

Cafeletreando con Filosofía

Café filosófico: La cultura es un adorno en la prosperidad

y un refugio en la adversidad. Diógenes Laercio

Sábado 22 de abril, 2023

 

 


Esta vez el punto de partida no fue una pregunta, sino una frase: La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad, atribuida al historiador griego Diógenes Laercio; quien se dedicó al estudio de la filosofía clásica y es considerado un gran doxógrafo, es decir, un autor que, sin una filosofía propia, recopila textos ajenos y escribe la biografía, las opiniones y las teorías de otros, a los que estima como ilustres.

 

Antes de abordar dicha frase y como hacemos usualmente, dimos paso a la presentación; cada uno de los participantes compartió algo de sí. En especial, una de ellas nos habló sobre la imagen que tiene de los filósofos, basada en su experiencia con un vecino profesional en Filosofía. Sin duda, analizar la imagen generalizada sobre cualquier gremio es un tema que da para una discusión profunda y extensa. De manera que, con el objetivo de retomar nuestro punto de partida, a saber, la sentencia de Diógenes Laercio sobre la cultura, mencionamos que parte del imaginario colectivo sobre la figura del filósofo, afirma que es una persona culta.

 

Así, retomamos nuestro camino y otra de las participantes ejemplificó el caso de la cultura como refugio en la adversidad, con la película El pianista (Roman Polanski, 2002). Sin embargo, los ejemplos no continuaron y alguien más irrumpió con las preguntas ¿qué significa ser culto?, ¿cuál es la definición “de diccionario”? A lo que ahora respondemos, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, en su primera acepción: Culto, ta. Del lat. cultus. Dotado de las calidades que provienen de la cultura o instrucción. Persona culta. Pueblo, lenguaje culto.

 

Pero, ¿qué es la cultura? En nuestra experiencia, al menos existen dos usos del término “cultura”: para referirnos al conjunto de ideas, conductas, conocimientos y prácticas de todo orden, pertenecientes a un grupo social; como son el idioma, la religión, la gastronomía y la vestimenta, por citar algunos de los elementos mencionados durante nuestra reunión; y, en un segundo uso, la cultura como posesión de cierta educación generalmente relacionada con las llamadas Bellas Artes y la Humanidades; en este caso, dimos como ejemplo las clases que se imparten en nuestro centro cultural y la existencia del propio Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Cajicá. Observamos también que, desde el punto de vista del primer significado de cultura dado, todos somos cultos, voluntaria o involuntariamente, conscientemente o no; en cambio, en la dimensión de la cultura explicado en el segundo lugar, muy pocos lo somos.

 

A continuación, alguien más preguntó si la cultura nace y muere. Con relación a lo primero, si la cultura nace, todos coincidimos en que la cultura se enseña y se aprende, que sólo basta insertarse en un grupo social para adquirir, absorber sus prácticas y costumbres, aunque esto requiere disposición; en cuanto a lo segundo, si la cultura muere, pensamos que si se adquiere, si se enseña y se aprende, entonces es posible que se pierda, que desaparezca. Planteado de otro modo y con un ejemplo, se dio a luz una cultura cuando tuvo lugar la conquista de América, nació la cultura mestiza; al tiempo que se dio muerte a la cultura indígena.

 

Llegados a ese punto, matizamos que de acuerdo con sociólogos y antropólogos la cultura de los pueblos originarios es un complejo constituido por elementos de tres categorías o grupos: fundamentales, auxiliares y complementarios. Los primeros constituyen un subsistema básico de aprovechamiento de recursos naturales y de convivencia en comunidad, al que se ha llamado comunalidad, y que bien podría considerarse la esencia de esa cultura, por lo que son designados también elementos básicos o centrales. Los elementos auxiliares son los que contribuyen a que se cumpla la función de los fundamentales, en tanto que los complementarios ayudan al mantenimiento y reproducción de la vida individual y familiar.

 

Ahora bien, los elementos fundamentales consisten en tierra o territorio comunal; trabajo colectivo o trabajo comunal; servicio o poder político comunal; fiesta comunal o fiesta comunitaria; y, asamblea o asamblea comunal. Los elementos auxiliares abarcan derecho indígena; educación indígena tradicional; lengua tradicional; y, cosmovisión. Por último, los elementos complementarios son tecnologías; división del trabajo; Intercambio igualitario y recíproco de productos y servicios; parentesco; actividades ceremoniales; expresiones artísticas e intelectuales; y, juegos y entretenimientos.

 

La cuestión es que aun cuando desaparezcan algunos o todos los elementos auxiliares y complementarios, la cultura indígena permanece en la medida en que subsiste su esencia: la convivencia en comunidad, cuya inmanencia o espíritu ha sido llamado comunalidad. 

Véase: https://www.nacionmulticultural.unam.mx/100preguntas/pregunta.php?num_pre=3





Como se habrá notado, curiosamente en el desarrollo de este café filosófico la frase que pretendía fungir como guía en nuestra reflexión se redujo o se concentró en una sola palabra “cultura” y poco o casi nada tocamos la afirmación de que esta es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad. Quizá si la frase se hubiese planteado en forma de pregunta, su desenvolvimiento hubiese sido otro…

 

Así, concluimos esta memoria de nuestro tercer y último café filosófico realizado como parte del Festival de Cine y Literatura de Cajicá, 2023, recordando otros tópicos mencionados: consumo de cultura; culturas dominantes; globalización; cultura popular y cultura de élite; prejuicios culturales; y, la relación entre cultura y civilización. Valga aprovechar este momento para recomendar otra película que ilustra la existencia de la cultura como refugio en la adversidad: Claroscuro (Scott Hicks, 1996).

 



Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia




sábado, 22 de abril de 2023

¿El pobre es pobre porque quiere?

 

Instituto Municipal de Turismo y Cultura de Cajicá

Festival de Cine y Literatura de Cajicá

Cafeletreando con Filosofía

Café filosófico: ¿El pobre es pobre porque quiere?

Viernes 21 de abril, 2023

 




Nos place abrir cada encuentro de nuestro café filosófico presentándonos e invitando a los participantes para que nos cuenten algo de ellos. Generalmente lo primero que comparten es su nombre, a qué se dedican, desde cuándo viven en Cajicá y cómo se enteraron de los cafés filosóficos… Esta vez llamó nuestra atención que desde el inicio, desde la presentación comenzó la reflexión: el primer asistente en hablar, se preguntó en voz alta ¿quién soy? y tras unos segundos de silencio optó por la presentación habitual, comenzando por su nombre; enseguida, una de nuestras habituales integrantes refirió el motivo por el que asiste, para conocer, descubrir las verdades de otros, considerando que no hay una verdad absoluta; dos partícipes más coincidieron en que el café filosófico es un espacio para hablar y escuchar con cierta profundidad y rigor sobre temas que les interesan y que en sus círculos sociales cercanos no encuentran la oportunidad  para hacerlo. Dicho de otro modo, desde el primer momento de nuestro café filosófico, nos encontrábamos reflexionando sobre la identidad –¿quién soy?–; la verdad –verdades personales, relativas y verdad absoluta–; y, el diálogo filosófico –escucha y habla argumentadas en torno a temas de interés común–.

 

En una segunda etapa o momento, abordando ya la pregunta que nos reunía, a saber ¿el pobre es pobre porque quiere?, inmediatamente surgieron dos respuestas rotundas y opuestas: “sí” y “no”. Tan rotundas fueron las sentencias que nos parecieron parcas, planas; había que argumentar. Con relación a la afirmación el pobre no es pobre porque quiere, el argumento fue éste: cada persona nace en un mundo dado, un mundo con determinadas características de las que no somos culpables, como tampoco somos responsables de haber nacido ahí; es decir que nacemos en un contexto, somos reflejo del entorno en que nacemos y nos desarrollamos, somos resultado de nuestras condiciones, por lo tanto ser pobre no es una decisión propia. En el extremo opuesto, el pobre sí es pobre porque quiere, se argumentó que ser pobre o no es cuestión de decisión y hábitos. Esto nos recuerda aquella concepción sobre la naturaleza humana, defendida por el humanismo, en que las facultades de entendimiento y voluntad permiten al ser humano configurar su vida, autoconfigurarse más allá o por encima de las circunstancias en que se encuentre; que todo es cuestión de educar el entendimiento y la voluntad, aprender a elegir, decidir y actuar. 




Evidentemente hubo réplicas para ambas posturas rotundas, entre ellas destacamos la que podríamos considerar “intermedia”, nombrada así por una de las participantes y construida grupalmente con distintas intervenciones: ser pobre, como muchas otras situaciones o estados en la vida de las personas, es efecto de un complejo de elementos externos e internos. Cuando hablamos de elementos externos pensamos en hechos fuera de nuestras manos, como el contexto, las circunstancias en que nacemos, o sucesos inesperados que pueden llevarnos a la pobreza de un momento a otro como ser damnificado de un desastre natural, víctima de un fraude, etc., o lo contrario, por un golpe de suerte ganar el baloto, adjudicarse una herencia y convertirse en una persona rica. Asimismo, cuando mencionamos elementos internos nos referimos a lo que sí está en nuestras manos, como los hábitos con que vivimos, las decisiones que tomamos y el fortalecimiento de nuestra voluntad. En suma, desde una perspectiva intermedia, no es posible en forma tajante y absoluta responsabilizar ni culpar a una persona de su pobreza o de su riqueza –al menos materialmente hablando–, porque en ello se conjugan factores externos, como las circunstancias, la suerte, las acciones de otros, y factores internos, como son el entendimiento y la voluntad propios.

 

Pero somos filósofos, y como tales, nos cuestionamos a nosotros mismos. De este modo, sin asumir alguna de las tres posturas anteriores –“sí” y “no” rotundos, e “intermedia”–, uno de los participantes respondió con otra pregunta: ¿qué es ser pobre y qué es ser rico? Quizá “ser pobre” es sólo una etiqueta que sirve para controlarnos, para presionarnos por cumplir con la máxima capitalista de la producción y el consumo. Visto así, responsabilizarnos de nuestra pobreza o riqueza en realidad es un medio para movernos a producir y consumir más. Bajo el lema de “eficacia y rendimiento; producir más en menos tiempo”, entre más produzco, más valioso soy, más consumo, más rico soy. ¿La pobreza y la riqueza son entonces parte de una ideología, concepciones impuestas? ¿Son sólo algo mental, actitudinal?



Sin duda, fueron muchas más las ideas que circularon en nuestro café filosófico, lo que aquí presentamos es una síntesis. Intentando que nada se nos escape, agregamos tres observaciones y una recomendación bibliográfica de nuestros amigos cafélibrepensadores:

 

* es importante distinguir entre tipos de pobreza, por ejemplo, material y espiritual

* la movilidad social es un fenómeno a considerar

* tomar la vida de personajes como Elon Musk como ejemplo para afirmar que “sí se puede”, constituye una falacia de composición, se toma la parte por el todo; se comete el error de tomar la particularidad por la generalidad

* recomendación bibliográfica: Realismo Capitalista: ¿No hay alternativa?, escrito por Mark Fisher




 

Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia