martes, 18 de julio de 2023

Realidades alternativas

 


Realidades alternativas

 




Sin detallar a qué nos referimos con “mundo”, ni qué entendemos por “realidad”, partimos de la distinción entre la “realidad habitual” y las “realidades alternativas”. En ambas encontramos las nociones de espacio y de tiempo, sólo que mientras en la realidad habitual estos son objetivos, en las realidades alternativas son subjetivos. Podría decirse que en la realidad a que estamos habituados espacio y tiempo son universales, son los mismos para todos; a diferencia del espacio y del tiempo en las realidades alternativas, que se manifiestan, se vivencian de manera particular, singular en cada persona.

Ahora bien, entre las realidades alternativas se ubican el misticismo, el chamanismo y la locura. En cuanto al chamanismo, lo enfocamos principalmente como medicina, en su dimensión curativa; que en contraste con la medicina occidental –que actúa bajo la noción de causa y efecto– se basa en la creencia. La cura chamánica básicamente consiste en proporcionar al enfermo un lenguaje que le permite expresar lo informulable; la medicina del chamanismo hace pensable una situación dada al inicio únicamente en términos afectivos, esto desbloquea el proceso fisiológico y se produce la cura. 

En otras palabras, mediante el ordenamiento de la vivencia, de la experiencia vivida a través del lenguaje se trasladan a la consciencia aspectos latentes, diluyéndose así conflictos y resistencias. La base de la cura chamánica es el relato, la relación inmediata con la consciencia y simultáneamente mediata con el inconsciente. Cabe decir que con base en este hecho se ha vinculado al chamanismo con el psicoanálisis.

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Percibimos o nos damos cuenta de la realidad habitual y de las realidades alternativas gracias a lo que llamamos “consciencia”. De modo que, si lo que conocemos y reconocemos es la realidad habitual, nos hallamos en el nivel de la “consciencia normal”; si, por lo contrario, nos situamos en las realidades alternativas, nos habremos sumergido en el nivel de la “consciencia alterada o superior”, dando pie a la experiencia mística, no descriptible fielmente con la normatividad de lo racional. No obstante, definida tradicionalmente como la unión completa y extática con lo divino; lo cual supone la distinción al menos entre dos realidades: fenómenos naturales y fenómenos sobrenaturales.

La anterior definición no satisface el objetivo por superar la perspectiva dicotómica, el paradigma fragmentario con que se nos ha enseñado a pensar y sentir, vivir el mundo. Consecuentemente proponemos una nueva forma de comprender la experiencia mística: como el redescubrimiento de la unión primordial. Lo místico como la unión de mi cuerpo con la Tierra, porque aproximarse a la humanidad y a la naturaleza es aproximarse a Dios; el mundo es la manifestación visible de Dios. La experiencia mística significa experimentar la integridad y la interdependencia en todas las cosas: la vida unitaria, que es intemporal, eterna e ilimitada. Concebir, vivir de esta forma la experiencia mística implica una redefinición del “yo”, conlleva trastocar la propia identidad; de hecho, en el misticismo se trata de un “nosotros”, más que de un “yo”. Igualmente, experimentar la unión primordial, la vida unitaria hace que nuestro sentido de vida, nuestro objeto de amor sea restaurar las fuerzas de la naturaleza, liberar a la Tierra de la destrucción. Sintetizando, los efectos de la experiencia mística son: redefinición del “yo”; sensación de certeza total; y, despertar del amor y la compasión, que los otros adquieran valor radical con relación a uno.   

Por último, al respecto, vale aclarar que antes de la existencia de las Iglesias no había separación entre lo mundano y lo sagrado, entre lo material y lo espiritual; la naturaleza era experimentada como una creación fluyente de lo divino, como un todo, y los seres humanos se comunicaban directamente con el Espíritu Sagrado.

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Hablar de locura en gran medida es hablar de la noción de “el mal”. Corresponde entonces preguntar, ¿cómo surge “el mal”? Para responder tomamos como fundamento la afirmación de que la cultura es o se constituye de tramas de significación que los seres humanos tejen. Por lo tanto, la cultura es el conjunto de contenidos significativos que el individuo posee sobre sí, sobre los otros y sobre el entorno. Desde este punto de vista, la noción de “el mal” es parte de la cultura y se construyó como arma política que permite la detección y la destrucción de lo que aparece como distinto frente a una noción de bien superior. Es decir que, el mal sirve como justificación moral para aplicar procedimientos violentos física y psicológicamente, en virtud de la preservación del orden y el bienestar de la comunidad; al tiempo que introduce en el otro, en “el malo” la idea de culpa, hasta que termina por asumir que merece lo que le sucede, lo que le hacen.

Lamentable e insufriblemente la noción de “el mal”, lo endemoniado, lo demoniaco históricamente fue asociado al cuerpo de la mujer. Bajo el supuesto de que ella es carnalmente insaciable, se dijo que, en su pérdida de la razón, a causa del desbocamiento por la pasión carnal, termina por entregarse al demonio a través de la brujería para satisfacerse. De acuerdo con dicho significado histórico del cuerpo femenino y en pro del bienestar de todos y de ella misma, la mujer debe ser controlada, sometida, cuando no destruida.

Hoy asistimos al cuestionamiento de esas verdades establecidas en torno al ser mujer; presenciamos y somos parte de la pugna de esas tramas de significación sobre lo femenino principalmente porque le cosifican en anulación de su entendimiento y su voluntad. Hoy vemos emerger y crecer un protagonismo de la mujer basado en su capacidad de respuesta creativa ante las crisis. Entre otras acciones, se integran comunidades de sanación dónde experimentar la fortaleza individual y grupal; partiendo de la narración y del diálogo, una de las finalidades es revertir el dolor y concientizar sobre la sabiduría del propio cuerpo.

 


Karla Portela Ramírez

18 de julio, 2023

Santa Elena, Antioquia, Colombia



sábado, 15 de julio de 2023

El mundo se camina de manera colectiva


El mundo se camina de manera colectiva 






Entre otros más aspectos de la cultura humana, la forma de hacer memoria queda absorta por la hegemonización, relegada y manipulada por el sistema dominante. Suele considerarse que la escritura basada en el alfabeto latino es la única manera de registrar las experiencias, los hechos. Esta afirmación fue el punto de partida para la actividad Filosofías originarias. Escribir en la piel: Otras formas de hacer memoria, a cargo de Hubert Matiúwaà, perteneciente a la Nación Mė´phàà, del Estado de Guerrero, en México. La cual forma parte del programa 33° Festival Internacional de Poesía de Medellín y fue llevada a cabo los días 12 y 13 julio de 2023 en la Sala del Concejo, del Museo de Antioquia, en Medellín.


Tratándose de una Sala de Concejo, los asientos destinados al público se hallaban ordenados linealmente y frente a una mesa rectangular de la que dispondría el poeta mexicano para impartir su discurso. Sorpresivamente, tras ser presentado por el coordinador de la actividad, Matiúwaà pidió que acercáramos nuestras sillas y formáramos un círculo, como si estuviésemos sentados a la mesa para compartir alimentos. Ante las miradas curiosas e interrogantes de los participantes, explicó que su petición respondía al hecho de que la palabra es como una comida porque se pone en la mesa; alimenta a los participantes; e, implica confianza y responsabilidad de todos.


Acto seguido, a manera de introducción, el autor relató cómo surgió su interés por conocer la cultura en que nació: la Nación Mė´phàà, generalmente conocida como el pueblo indígena tlapaneco, se ubica mayoritariamente en el Estado de Guerrero, México –aunque también se encuentra en regiones de El Salvador, Nicaragua y Costa Rica–, en dos áreas geográficas: la Costa Chica y La Montaña. En esta última, nació Hubert, cuando era una zona en constante lucha y conflicto. Para darnos una idea de la situación, tomamos como referencia la figura de Lucio Cabañas, maestro rural mexicano, egresado de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, líder estudiantil y jefe del grupo armado Partido de los Pobres en la sierra de Guerrero, durante la década de 1970. Época en que aun cuando, ser indígena no implicaba ser guerrillero, estos solían ser asociados con la lucha armada, de manera que los pueblos indígenas eran racializados y marginados; asumirse tlapaneco causaba temor.


Fue a través de una lectura, en la revista Así somos… editada por el Departamento de Extensión Educativa, de la Secretaría de Educación Guerrero, que el autor descubrió que históricamente el grupo tlapaneca se ha caracterizado por su resistencia frente a la conquista, la marginación y el sometimiento en general. Así, sintió la inquietud por profundizar en su identidad como indígena, como tlapaneco. El paso a continuación fue rastrear la historia de su nación. “Los historiadores mencionan que la cultura mè’phàà se dividía en dos: los yopes, distinguidos por su resistencia en la defensa del territorio, y los tlapanecos, asentados en Tlapa- Tlachinollan […]  los yopes fueron conocidos por sus rituales de desollamiento, esta actividad la hacían en algún centro ceremonial donde tuvieron asentamiento, probablemente en Tehuacalco —“la casa de los sacerdotes” o “casa del agua sagrada”. La palabra yope es náhuatl, no quiere decir que hablaran un idioma distinto al mè’phàà, sino que los yopes fueron una cultura que estaba asentada en diferentes cacicazgos en el territorio de Guerrero. Respecto a la palabra yope, el cronista Fray Bernardino de Sahagún apunta: La palabra yopeuhtli o cosa despegada, se deriva del verbo nahua yopehua que significa despegar algo, sinónimo de xipehua, que se traduce como desollar, quitar la piel. Yopitzingo es el nombre prehispánico del lugar que habitaban los yopes.”[i] Sintetizando, yope es prácticamente sinónimo de tlapaneco, y significa “los que arrancan la piel”.


Hasta aquí, los conocimientos adquiridos mediante lecturas autodirigidas, más que satisfacer la inquietud de Hubert Martínez Calleja –nombre castellano de nuestro ganador del premio de Literaturas indígenas de América en 2017–, la acentuaron. Ahora sentía necesidad por conocer el pensamiento, la filosofía de la comunidad a que pertenece. De este modo ingresó a la Licenciatura en Filosofía y Letras, de la Universidad Autónoma de Guerrero; espacio en que nuevamente tendría que enfrentar la discriminación, aunque a la vez se abrirían para él nuevos horizontes, una vez más a través de la lectura, ahora de autores dedicados a la filosofía de la liberación, como es Horacio Cerutti Guldberg; específicamente leyendo la obra Hacia una metodología de la historia de las ideas (filosóficas) en América Latina, del citado filósofo argentino naturalizado mexicano, Matiúwaà descubriría algo que ya de antemano intuía: se puede pensar de otra forma, desde otra arista; por lo tanto, el pensamiento de los pueblos originarios sí es pensamiento e incluso puede ser filosofía. Animado por este hallazgo, en compañía de otros estudiantes de Filosofía y Letras, se encaminó para viajar y presenciar el 14 Congreso Internacional de Filosofía, organizado por la Asociación Filosófica de México y realizado en los primeros días de noviembre de 2007, en la Ciudad de Mazatlán, Estado de Sinaloa, México. Sin duda, fue un gran congreso tanto por la cantidad de personas congregadas, casi 700 ponentes y más de 2 mil participantes, como por las conferencias magistrales ofrecidas, entre las que destacan las charlas de Jürgen Habermas, profesor emérito de la Universidad de Frankfurt y la de Gianni Vattimo, de la Universidad de Turín.

 

Sí, definitivamente aquella fue una experiencia memorable, no sólo por la aventura que representó trasladarse vía terrestre y pidiendo aventón desde Guerrero hasta Sinaloa –estados que distan entre sí por 1,300 km aproximadamente–, además de conocer, o al menos mirar personalmente a tan afamados rockstars de la filosofía. Lo más importante para el poeta tlapaneco fue escuchar a un hombre que planteaba objeciones en cada ponencia a que asistía, argumentando que hay otras filosofías y no únicamente las provenientes del Viejo Continente. Ese hombre era Karl Lenkersdorf (1926-2020), teólogo y filósofo alemán radicado en el Estado de Chiapas, México, abocado al estudio del pensamiento tojolabal, cuyo eje central es una concepción del “nosotros”, en que todos somos sujetos y todo es responsabilidad de todos. Una vez más, había que profundizar, continuar indagando, investigando, había que leer, ahora el acercamiento fue a la Teología y la Filosofía de la Liberación. Con los elementos teóricos adquiridos, era hora de presentarse, hacerse presente. Así, Hubert Matiúwaà conoció a Juan Manuel Contreras Colín, teólogo y filósofo, docente en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, estudioso del sentipensar comunitario, presidente del Programa Pueblos Originarios de Abya Yala, de la Fundación ICALA – Intercambio Cultural Alemán Latinoamericano.

 

Actualmente, tras varios años de estudio, escritura, práctica y vivencias, a la pregunta ¿cuál es la filosofía de mi pueblo?, Hubert responde brevemente: es una filosofía comunitaria. En la cosmovisión, en la filosofía de los tlapanecos el mundo se camina de manera colectiva; la experiencia del mundo se narra a través de distintos discursos, de muchos tiempos y de muchos personajes; por lo tanto, no hay verdad absoluta, no hay “una verdad”. La vida tiene que ver con las diferencias del mundo. Consecuentemente, la transmisión de conocimientos, de la experiencia del mundo, se da por medio de la oralidad y múltiples formas de escritura; una de ellas es la poesía. En la filosofía de vida de la Nación Mė´phàà, piel es la palabra clave, entendida como aquello que protege, que es sensible y expresivo, que se une y entreteje para crear; la piel es el origen de todo. Poeta es aquel que hace piel de palabras, que hace acontecer la vida mediante palabras. El poeta amarra y desamarra palabras, pensamientos. La escritura está en todas partes y debe ser interpretada, hay que desentrañar los pensamientos que contiene la escritura.

 

Hoy día, en asunción de su origen indígena, orgulloso de pertenecer a la cultura Mė´phàà, Hubert Matiúwaà [Martínez Calleja] continúa investigando sobre literatura, filosofía e historia de las ideas de los pueblos originarios de Abya Yala; a la par escribe poesía y lleva a cabo actividades de divulgación de las filosofías originarias. Esto último, le parece que en cierto sentido constituye un trabajar con la muerte, debido a que en las condiciones actuales casi con seguridad desaparecerán dichas culturas y sus filosofías. Afirmación con que discrepa quien suscribe, porque aun cuando desaparezcan la lengua, la vestimenta, la gastronomía, los juegos, sus actividades ceremoniales, expresiones artísticas e intelectuales, e incluso las cosmovisiones indígenas, si nos concentramos y conservamos el corazón de todas estas filosofías: la comunalidad, el modo de ser, estar y hacer comunitario, de una u otra forma, en una u otra medida la vida de estas culturas, su filosofía de vida prevalecerá. De hecho, desde esta perspectiva, si aprendemos y aprehendemos de nuestros pueblos originarios el trabajo colectivo como forma de vida, como eje configurador de nuestras sociedades, quizá transcendamos la crisis actual que afrontamos como humanidad.

 

En síntesis, existen y coexisten diversas formas de hacer memoria, distintas formas de registrar las experiencias, los hechos. El reconocimiento de ello no es sólo teórico, de palabra, antes bien es algo vivencial. Se percibe en el hecho de que el viaje en búsqueda y comprensión de la propia identidad, emprendido por el autor, comenzó y se desarrolló hablando y escuchando, leyendo y escribiendo, en y con el alfabeto latino. Las estaciones de este viaje, resaltadas aquí con cursivas, negrillas y mayor tamaño de letra, muestran que no se comete el error de callar, menospreciar lo otro, lo distinto a mí, a nosotros: se reconoce el valor de la escritura en su forma “occidental” y se complementa, en enriquece con otras formas. Es curioso que, leyendo a autores de origen europeo, me refiero específicamente a Cerutti y Lenkersdorf, es que el poeta mexicano de origen indígena (re)conoció lo propio, tomó consciencia y profundizó en el valor de su cultura ancestral. Visto así, podemos decir que se conoce lo propio a través de lo ajeno. En este caso, se conoce lo que corresponde a los pueblos originarios a través de investigadores que no pertenecen a ellos e incluso que son de otros países, otras naciones, otros continentes. Se comprende la propia lengua, la propia filosofía de vida a través de la lengua ajena, la filosofía de vida que es de otros. Surgen entonces las preguntas, ¿realmente hay algo ajeno?, ¿todo me es propio, todo es parte de mí, parte de nosotros?

 

Karla Portela Ramírez
15 de julio, 2023
Medellín, Antioquia, Colombia   
 

 



[i] Los Yopes, Mbo Xtá Rída. Gente de piel entrecruzada II, por Hubert Matiúwàa. Recuperado el 14 de julio de 2023 de: https://ojarasca.jornada.com.mx/2018/11/10/los-yopes-mbo-xta-rida-6491.html

 

martes, 13 de junio de 2023

Café filosófico #41: Cambios - Adaptación - Renovación

 

Cambios - Adaptación - Renovación

Café filosófico #41



Eadem Mutata Resurgo
Mutante y permanente, vuelvo a resurgir siendo la misma


Todo lo vivo cambia. Lo único constante es el devenir, diría Heráclito. Nuestro café filosófico no escapa a esta ley universal. Así, el pasado lunes 5 de junio terminamos con nuestra práctica en la Biblioteca del Centro Cultural de Cajicá. Tras anunciar el cierre de nuestro filocafé, el tema elegido para reflexionar fue “cambios”. Quizá por las emociones implícitas en esta etapa de nuestras vidas, mi concentración para tomar notas mermó; no obstante, siento que logré capturar las ideas principales de nuestro intercambio filosófico.

 

Los cambios conllevan renovación y exigen adaptación. La adaptación es posible, si hay organización. Ahora bien, cuando algo cambia, ¿hay algo que permanezca? Planteado de otro modo, ¿se cambia absoluta y tajantemente o bien, algo continúa, permanece? En su caso, ¿qué es lo que cambia y qué es lo que permanece? Llegados a este punto, uno de nuestros participantes nos habló de la teoría filosófica de Theodor Adorno, integrante de la Escuela de Frankfurt, según la cual lo que cambia es la historia y lo que permanece es la naturaleza[i].

 

En torno a lo que permanece cuando acaece un cambio, hubo quienes lo identificaron con la “herencia”. Es decir que, aquello que permanece y continúa a pesar de los cambios, es lo que se puede heredar, la herencia, entendida como “algo que construyes y después cedes, heredas a otros”.

 

Hablando ya de nuestro café filosófico, podemos decir que hemos logrado organizarnos, que en cierto sentido y medida hemos construido algo, una estructura que se puede mantener en el tiempo porque está cimentada en un objetivo común: preguntar y responder colectivamente, aprender en comunidad. De manera que, al heredar este espacio filosófico a Bibiana y Carolina, acompañadas por todos y cada uno de los cafélibrepensadores que participan cada lunes regular e irregularmente, es factible, es muy probable que nuestro proyecto, nuestra práctica filosófica como Casa de la Filosofía, permanezca y continúe creciendo en Cajicá.

 

Ciertamente lo que se organiza bien, perdura. Los grupos que están organizados, permanecen. Y aun cuando no fuese así, y el grupo se desvaneciera, en cada uno permanecería esa naturaleza curiosa, nuestro amor por la sabiduría, o como lo queramos llamar, deseo por conocer, gusto por reflexionar, necesidad de intercambiar ideas y analizar…

 

Mil gracias una vez más a quienes han dado vida a nuestro café filosófico, por todo lo compartido y aprendido. Queda por escrito el cierre de lo que podemos llamar “primera temporada” de nuestra actividad, (re)inicia y se renueva. Gracias especialmente a quienes valoran nuestro trabajo realizado como una herencia, como algo digno de conservar y (re)vivificar. Que sean muchas temporadas más. Éxito.



 

 

Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia






[i] Para profundizar: Apuntes sobre naturaleza e historia en la obra de Theodor W. Adorno: lo natural como problema para las filosofías de la historia https://revistadefilosofia.ibero.mx/index.php/filosofia/article/view/78

 

Despedidas y bienvenidas; transferencias y herencias

 

Despedidas y bienvenidas; 

transferencias y herencias

 

 

Se han presentado nuevas oportunidades para aprender y compartir, conocer y crecer; la cuestión es que conllevan cambiar de ciudad, cambiar de escenario y en cierta medida modificar nuestra forma de vida. Nos mudaremos de Cundinamarca a Antioquia, de Cajicá a Medellín. Evidentemente no podremos continuar con la actividad de café filosófico que desarrollamos en compañía de quienes habitan La Casona. De manera que el pasado jueves 25 de mayo tuvo lugar nuestro último encuentro, al menos por ahora. Todo ha ocurrido con tal fluidez, que no hubo oportunidad para comunicar nuestra mudanza anticipadamente, sino hasta nuestra última reunión.

 

Así comenzó el que podría ser considerado nuestro café filosófico de cierre, participando a nuestros amigos que pronto partiríamos en búsqueda de nuevas vivencias y aprendizajes. Se planteó entonces la posibilidad de que alguien más retome y continúe con la actividad; nos preguntamos también, siendo el caso, quién o quiénes serían las personas idóneas. Abordamos esta posibilidad e interrogante con mirada filosófica de la siguiente manera; nuestro diálogo reflexivo, palabras más, palabras menos fue éste:

 

En la vida, unos se van y otros llegan; visto así, las despedidas son bienvenidas. Los que llegan continúan con lo que venían haciendo los que se van. Lo imaginamos como una carrera de relevos, donde varias personas se turnan para realizar una misma actividad, y ese turnarse equivale a pasar el testimonio (la estafeta, diríamos en México). Pero, ¿qué es un testimonio? Dar a conocer algo que vivimos… Ahora bien, cuando se pasa el testimonio, ¿qué se transfiere?...

 

Jugando con las palabras “testimonio” y “testamento”, enriquecemos nuestra pregunta: cuando una persona continúa con la actividad que realizaba otra, ¿qué se transfiere o transmite?, ¿qué se hereda? Unas cosas sí y otras, no. Se transfiere, se hereda la trayectoria, el compromiso y la responsabilidad, es decir, lo extrínseco a la persona que realiza la actividad. Sin embargo, la parte intrínseca de esa persona, su forma de ser y su experiencia plasmada en su conducta, no se transfiere, no se hereda, aunque sí se puede compartir.

 

Hablando de experiencia y en nuestro caso, podemos afirmar que todos los presentes tenemos ya una experiencia de café filosófico. Con base en ello, Leonardo invitó a que expusiéramos cuál ha sido nuestra vivencia. A continuación, algunos de los comentarios al respecto:

* Es bueno ver cómo las personas desarrollan profundidad en el pensamiento.

* Disfruto sentarnos en grupo para debatir, compartir e intercambiar aprendizajes, y aplicar algo de eso en mi vida.

* Un café filosófico es algo como una cita en un centro de convenciones.

* Lo que busca un café filosófico son conceptos; debatir sobre el conocimiento de un tema; construir.

* Cuando escuché que habría café filosófico, yo dije: “no me gusta la filosofía”. Llegué acá y era diferente; me gustó porque compartimos y aprendemos.

 

Acercándonos al final de nuestra reunión, Leonardo preguntó: “¿cuál fue el tema de este café filosófico? La mayoría respondió: “transmisión”, “transferencia”; algunos agregaron: “qué es una despedida”. Hablando de transferir, lo definimos como cambio, (inter)cambio. Además se mencionó que un café puede ser filosófico, psicológico y económico, por ejemplo. En ese momento, indagamos sobre nuestro café, qué lo hace filosófico. Coincidimos en que su cualidad filosófica radica en que trata temas existenciales. Lo cual significa que reflexionamos sobre y a partir de nuestras experiencias, nuestras vivencias, nuestras trayectorias de vida; y lo hacemos para comprender, crecer, mejorar, vivir con mayor intensidad.  

 

Para terminar, me permito compartir aquí el broche de oro que cerró esta reunión: Quien pregunta, también puede ser preguntado y responder o no con libertad. Acorde a este principio, Daniela nos preguntó, a Leonardo y a mí, si esta experiencia es importante para nosotros. Mi respuesta fue SÍ, porque confirma que ante todo y por, sobre todo, somos personas, seres pensantes y sintientes, sentipensantes. De hecho, yo no veo diferencia entre el café filosófico que realizamos en la biblioteca y el que hacemos aquí.



Lugar natal (Eduardo Kingman, 1989)



Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia

 

 

 

 

 

domingo, 21 de mayo de 2023

Café filosófico #40: ¿Por qué tengo que arreglar los desastres de otros?

 

¿Por qué tengo que arreglar los desastres de otros?
Café filosófico #40

 



Una de las diferencias entre el café filosófico y la charla con amigos consiste en que rebasamos la expresión de la opinión personal, nos esforzamos por fundamentar nuestras proposiciones con argumentos claros y precisos, al tiempo que además de ser críticos con la exposición de los otros, somos autocríticos, cuestionamos y analizamos nuestras ideas, reconocemos que no sabemos todo y estamos abiertos a aprender compartiendo.


En nuestra vivencia, durante el año que hemos compartido en la Biblioteca del Centro Cultural de Cajicá, observamos un desenvolvimiento óptimo de nuestro proyecto como Casa de la Filosofía, aunque no explícita y sistemáticamente, puesto que en estas conversaciones participamos personas y no máquinas, sí de forma orgánica y espontánea, natural, nuestro ejercicio filosófico cada vez es más claro y distinto, ordenado y profundo. En gran medida esto es resultado de tres ingredientes: la participación regular, constante de la mayoría de los integrantes; el destacado trabajo de animación, moderación que realiza Leonardo; y, especialmente el fortalecimiento continuo de nuestro espíritu filosófico, curioso e inconforme, anhelante de comprensión y transformación de la realidad.

 

De manera que en nuestros encuentros cada vez se identifican con mayor facilidad cinco momentos o etapas que a continuación describimos, tomando como ejemplo nuestro café filosófico #40, cuya pregunta guía y detonante fue: ¿Por qué tengo que arreglar los desastres de otros?

 

Analizar la pregunta

- Comenzamos por el término “tengo”; distinguimos entre “tener” y “deber”.

“Tengo” refiere la imposición de alguien más y el establecimiento de una jerarquía: quien dice qué tengo que hacer y yo que tengo que obedecer.

“Debo” refiere lo que podríamos llamar una imposición propia y conlleva implicación, además de responsabilidad.

- En cuanto a la palabra “arreglar”, nos parece que supone un mal, la presencia o existencia de algo que esta mal.

* Con respecto a lo anterior, llama la atención que nos enfocamos en los verbos, en las acciones.

 

Respuestas

- Si me afecta directamente, sí tengo que arreglarlo, incluso me nace el deber de arreglarlo.

- Si no me afecta directamente, ¿no actúo, no participo? Idealmente también actuaría porque soy un ser social, soy comunidad. Por ejemplo: ante el problema de los animales callejeros, que incluso pueden convertirse en ferales, una posibilidad de arreglar o contribuir a la solución de este desastre generado por otros y que no me afecta directamente, es el voluntariado.

* Evidentemente se dijo mucho más. Para fortuna nuestra casi todos los asistentes en algún momento toman la palabra y muchos de ellos intervienen más de dos o tres veces. Lo que presentamos aquí son las intervenciones que nos parece sintetizan el pensar y el sentir del grupo.



 
Nuevas preguntas

En torno al análisis de la pregunta inicial:

- Cuando hablamos de “arreglar” y suponemos que algo está mal, toca preguntarnos ¿por qué está mal?, e incluso, ¿qué es el mal?

- ¿Qué es un desastre? ¿Según quién algo es un desastre? ¿Segú yo?, ¿y entonces hablamos desde la subjetividad? O, ¿según el grupo, la sociedad, la comunidad a que pertenezco?, ¿tratándose entonces de un desastre objetivo?

- ¿Quiénes son “los otros”? ¿Otros individuos humanos menores o mayores de edad? ¿Otros seres vivos?

Sobre las posibles respuestas:

- ¿En qué consiste ser social? ¿Qué es la comunidad?

- ¿Qué es lo político?

* Sí, somos filósofos, bien dicen que de filósofos todos tenemos un poco. En consecuencia, por cada reflexión surgen más preguntas.

 

A manera de conclusión, al menos provisional

Somos seres sociales, vivimos en interdependencia con las otras personas y con la naturaleza en general. Contribuir al arreglo de los desastres, independientemente de quién los produjo, es parte de nuestro ser social y político. Cada uno de nosotros, como individuos, podemos implicarnos desde el contexto en que nos encontramos, en que vivimos: Miro qué puedo hacer, cómo puedo ayudar; observo mi contexto, mis circunstancias y mis posibilidades, decido y actúo.

Si no me implico, soy un idiota. No implicarse es no ser libre; no implicarse significa ser esclavo porque conlleva sujetarse a los otros. El idiota no hace nada con lo que están haciendo de él.

 

Recomendaciones filosóficas

- Con relación al estar implicados, fue asociado con la idea de “estar arrojados en el mundo”, de Martin Heidegger, y su concepción del ser humano.

Para saber más: https://filco.es/heidegger-ser-humano/

- Sobre nuestro ser social y político, es imprescindible la lectura del libro “Política”, de Aristóteles.

Para consultar:

https://www.culturagenial.com/es/el-hombre-es-un-ser-social-por-naturaleza/#:~:text=En%20su%20obra%20de%20filosof%C3%ADa,necesaria%20para%20el%20ser%20social

- En cuanto a la figura de “el idiota”, como aquel que se distancia y no se implica, nos ubicamos en la noción de la polis griega, la Grecia clásica.

Véase: https://www.lamarea.com/2019/11/09/la-democracia-de-los-idiotas-idiotes-lo-comun-y-lo-propio/

- Al abordar la idea de “el idiota”, el que no se implica y guarda distancia, tocamos lo que podría ser llamado la fragmentación de la sociedad como consecuencia de la especialización en la producción, vinculado con el modo de producción capitalista analizado en la mirada de Karl Marx.

Para profundizar:

http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/formacion-virtual/20100720062844/boron.pdf

 

Por último queremos subrayar que las ideas contenidas provienen en su totalidad de la voz de nuestros integrantes, de quienes participan y dan vida a nuestro café filosófico cada lunes a las seis y media de la tarde. Nuestra contribución consiste en convocar, animar y moderar; algunas veces, como ésta, también en ordenar y plasmar por escrito las ideas y los sentires compartidos. Ciertamente somos grupo, somos comunidad.

 

 




Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia

 

 

 

 

 

lunes, 1 de mayo de 2023

Nostalgia, ¿nuestra vida antes de estar aquí?

 

Nostalgia, ¿nuestra vida antes de estar aquí?

 



 

Comenzamos explicando cómo sería la dinámica de ésta nuestra quinta visita: “Primero escucharemos una canción; al terminar comentaremos qué historia narra, qué nos cuenta; enseguida redondearemos nuestros comentarios en un concepto, el cual nos servirá para definir el tema de nuestro café filosófico.” La canción previamente elegida por nosotros fue De Ushuaia a La Quiaca, interpretada por Gustavo Santaolalla; conviene aclarar que seleccionamos una composición instrumental considerando que las palabras de una u otra forma delimitan la imaginación.

 

Una vez que escuchamos la canción, y en continuidad de lo dicho, algunos de los participantes intervinieron tras preguntarles qué vino a su mente mientras escuchaban: “música española”; “un paisaje, naturaleza”; “una milpa, un sembradío”; “sensación de tranquilidad porque armoniza el ambiente”; “un laúd, una guitarra”; “nostalgia, tristeza, mirar hacia el pasado”; “un violinista, un arco en tensión”; “una historia de amor con un inicio nostálgico y un desenlace positivo.” Al respecto, observamos que si bien, fueron pocos quienes comentaron qué historia o imagen les narra la canción, los demás asentían a uno u otro comentario; particularmente coincidieron en que se trata de una canción nostálgica.

 

Con base en lo anterior, procedimos a sintetizar en un concepto todo lo que había sido comentado: nostalgia. El argumento de esta conceptualización fue que a través de toda la canción se percibe un sonido constante, al que se suman variaciones, es decir, que se trata de un movimiento variable que expresa fuerza. Llegados a este punto, les planteamos la posibilidad de que ese movimiento variable y fuerte se dirigiera hacia adelante o hacia atrás, hacia el futuro o hacia el pasado. La tendencia dominante, prácticamente unánime fue “hacia el pasado”, porque eso es la nostalgia, mirar hacia el pasado y eso fue lo que resaltaban a lo largo de toda la sesión.

 

Fue entonces que la mujer más joven del grupo preguntó: “¿Cómo se define la nostalgia?” Así, arribamos al tema de nuestro café filosófico, la nostalgia. Compartimos ahora parte de nuestra reflexión grupal: la nostalgia se relaciona con el tiempo y detona tanto pensamientos como sentimientos, que pueden ser negativos o positivos. Nosotros escogemos cuáles; tenemos la capacidad de elegir. Cuando los pensamientos y sentimientos son del pasado, son recuerdos; de manera que la nostalgia es una remembranza. Ahora, si esa remembranza implica añoranza, entonces es nostalgia; y, cuando la remembranza va acompañada de tristeza, entonces es melancolía.

 

Cabe decir que reiteradamente se trajo a colación la frase “todo tiempo pasado fue mejor”. Esto porque, de acuerdo con algunos de los participantes, la remembranza trae consigo la sensación de que el pasado fue o es mejor que el presente y que el futuro. Aunque la comparación entre pasado y presente suele tener una connotación negativa y resultar odiosa, ¿la verdad es que todo tiempo pasado fue mejor? Curiosamente, la misma persona que comenzó afirmando la superioridad del pasado, por momentos se cuestionaba e incluso afirmaba lo contrario al decir que “no todo tiempo pasado fue mejor”.

 

Sin duda, todos los presentes participamos de la actividad, de la reflexión grupal, aunque de distinto modo; algunos participan con su escucha atenta, otros parecen acompañarnos con su mirada, afortunadamente la mayoría interviene con palabras[i], aunque unos hablan más que otros, y entre ellos hay quienes tejen su comentarios siguiendo un eje, un hilo que por instantes parece perderse, para recuperarse con mayor claridad, nitidez que se plasma en comentarios como el siguiente: Los recuerdos son la banda sonora de tu vida y tú la eliges; elegimos qué recordar, por lo tanto sentir nostalgia es una decisión. De hecho, nosotros le damos significado a los eventos y mediante los recuerdos podemos resignificarlos. Los recuerdos forman parte de la identidad.

 



A manera de cierre, por último, preguntamos ¿para qué sirve sentir nostalgia? Por ahora encontramos al menos tres posibles usos de la nostalgia: puede funcionar como látigo para autoflagelarse o para golpear a otro; puede servir de remo para moverse, progresar, avanzar, tomar decisiones en el futuro; o bien, la nostalgia puede ser un ancla que nos estanque, nos justifique para permanecer inmóviles y hundirnos. La cuestión ahora sería autoexaminarnos y distinguir si efectivamente está en nuestras manos elegir qué sentir y qué hacer con lo sentimos.

 

Karla Portela R. y Germán Leonardo Cárdenas V.

Casa de la Filosofía

Cajicá, Colombia

 

 

 

 

 



[i] Sin menosprecio de la escucha atenta y la compañía visual, decimos “afortunadamente” porque si la mayoría no interviniese con palabras, resultaría imposible construir un diálogo y desarrollar el café filosófico.