viernes, 14 de febrero de 2020

Escribir sobre amor...


Escribir sobre amor…



El beso, Edvard Munch, 1897


Escribir sobre amor al tiempo que corre en el aire la noticia de un nuevo feminicidio, al tiempo que observas a tu alrededor formas cada vez más paradójicas, ambivalentes, por no decir contradictorias de expresar amor y amistad… Quizá confundimos nuestro sentir, probablemente no hemos aprendido a distinguir entre necesidad, deseo y amor, tal vez no somos conscientes sobre cuándo y en quién encontramos una abundante fuente que puede saciar nuestra necesidad de compañía y fornicación, cuándo se trata de pasión y deseo ardientes que arrebatan de golpe y efímeramente, y cuándo hemos caído en el abrazo del sentimiento más humano, el amor, que resulta también el más complejo porque se teje de necesidad corporal, deseo erótico y anhelo espiritual. Aunque hay mucho más, es posible y necesario profundizar, comenzar por preguntar qué es el amor.

Así, en medio de mi cuestionamiento sobre el amor, llegó a mí un libro como caído del cielo, es decir, en el momento justo y preciso, en manos de alguien que aún quizá sin proponérselo abre con tal regalo un espacio de lucidez, lo cual se agradece con el corazón en la mano, con toda sinceridad, a la par que se convierte en algo similar a un deber fraternal por compartir lo descubierto, lo reflexionado y aprendido. De este modo, en los siguientes párrafos intento dar continuidad a tan valioso obsequio, esbozo algunas ideas contenidas en La llama doble, de Octavio Paz.

El amor es una manifestación de la vida, igual que el erotismo y el sexo, salvo diferencias: mientras éste último consiste en instinto sexual que comparte el individuo humano como rasgo animal conducente a la reproducción por acoplamiento; el erotismo es ceremonia, es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad en invención y variación constante que huye de la reproducción en búsqueda del placer; en tanto que el amor es un sentimiento propiamente humano que precisamente por su origen, una criatura efímera y cambiante, es una idea, una imagen que varía en el tiempo y en el espacio, de una época y un lugar a otros.

El sexo es naturaleza, es instinto insaciable que no responde a una regulación fisiológica y automática por lo que es canalizado mediante reglas, prohibiciones y tabúes que protejan a la sociedad de su desbordamiento, esto a través del erotismo, que como pararrayos del sexo entraña reglas que comparten dos principios: abstinencia y licencia, ninguna absoluta, sino siempre en diálogo contradictorio encarnado en dos figuras emblemáticas, el religioso solitario y el libertino. El erotismo como el amor, es cultural.

Dentro de una visión panorámica se observa una idea de amor en Occidente y una idea de amor en Oriente, si bien Paz señala como diferencia fundamental entre ambas su relación o no con la religión, además del papel que juegan en ellas libertad y destino, me limito a exponer someramente los cuatro grandes estadios en la idea de amor occidental que el mismo autor traza: Grecia Antigua, la prehistoria del amor en Alejandría y Roma, amor cortés que surge en el siglo XII y el amor en la Modernidad. Previo a lo cual conviene distinguir entre sentimiento amoroso, como atracción pasional hacia una persona entre muchas, sentimiento universal e inespacial que transforma al objeto erótico en un sujeto libre y único; y, amor, como reflexión sobre el sentimiento amoroso, como idea adoptada por una sociedad y una época, que incluso en ocasiones se convierte en ideología de una sociedad, mostrándose entonces como un modo de vida, un arte de vivir y morir.

El Banquete de Platón, Anselm Feuerbach, 1873

En la referencia a Grecia Antigua inmediatamente acude a nuestra mente Platón, sus diálogos, en este caso El Banquete, y particularmente la conversación que ahí sostienen Diotima y Sócrates, quienes juntos parecen concluir que el amor es una de las formas en que se manifiesta el deseo universal y consiste en la atracción por la belleza. El amor se muestra como un sentimiento complejo por mixto, porque se halla compuesto de varios elementos unidos y animados por el deseo: todos los hombres desean lo mejor (comenzando por lo que no tienen) y su felicidad estriba en alcanzar aquello que desean. De manera que el amor es el deseo de lo mejor y de tenerlo para siempre; el amor es deseo de perpetuación, de reproducción que puede ser corporal, unión de cuerpos para la reproducción, y del alma, cuando ésta engendra en otra alma ideas y sentimientos imperecederos, se trata de concebir con el pensamiento.

Así, en el transcurso de El Banquete y partiendo de la afirmación de que si lo que el hombre desea es la belleza amará más de un cuerpo, se amará a sí mismo y especialmente amará lo que hace hermosas a las formas, a los cuerpos, es decir que amará las ideas, las almas, Platón nos indica el camino ascendente a recorrer para alcanzar la plenitud del amor:


 

En otras palabras y de acuerdo con Platón, si el amor es atracción por la belleza acompañada por el deseo de inmortalidad, ¿qué otro modo de participar en ello sino por la contemplación de las formas eternas, las Ideas?

Tal vez lo más importante para nuestra indagación es que Platón no concibe el amor como una relación, sino como una aventura solitaria que termina en la contemplación de la idea, observa Paz. En el amor platónico ocurre una separación tajante entre cuerpo y alma, consecuentemente el placer físico queda condenado y el objeto (cuerpo o alma) de amor nunca se convierte en sujeto, en el contacto con el otro puede haber discurso, pero nunca diálogo ni conversación, se trata de un contacto entre dos o más individuos que en ningún momento se constituye como una relación auténtica. Lo cual difiere con la idea de amor en Alejandría y Roma, donde en el objeto de amor comienza a perfilarse su transformación en sujeto, dando oportunidad a la formación de una relación genuina (precisamente por ello Paz llama a este segundo estadio la prehistoria del amor).

“El amor nace en la gran ciudad.” (Paz, 2016: 51) La prehistoria de nuestra actual idea de amor surgió dentro de Alejandría y Roma, en el corazón de la sociedad helenística con base en un cambio social: la mujer fue más libre; el objeto erótico comenzó a transformarse en sujeto, sobre todo las mujeres adquirieron albedrío para aceptar o rechazar a sus amantes. Paulatinamente la mujer se hizo dueña de su cuerpo y su alma, fue entonces que el amor pudo ser ejercicio de libertad, una transgresión y desafío a la sociedad. Evidencia de esto se encuentra en los escritos del poeta Catulo, quien señala como los tres elementos del amor: la elección, la libertad de los amantes; el desafío, el amor es una transgresión; y, los celos, amor como pasión que se filtra en la conciencia hasta paralizar la voluntad. A diferencia de los filósofos griegos, los poetas alejandrinos exaltan el amor sin cerrar los ojos ante sus estragos; cambio que se debe, que responde a razones de orden histórico, social y espiritual: con el ocaso de las democracias y la aparición de monarquías poderosas los individuos se replegaron hacia la vida privada. “La libertad política cedió el sitio a la libertad interior.” (Paz, 2016: 72) y con ello se dio una evolución de ideas y costumbres en que fue decisiva la nueva situación de la mujer, las mujeres comenzaron a desempeñar oficios y funciones fuera de su casa

La emergencia del amor es inseparable de la emergencia de la mujer. “No hay amor sin libertad femenina.” (Paz, 2016: 73) Los deberes políticos exaltados por Platón y Aristóteles fueron desplazados por la búsqueda de la felicidad personal, la sabiduría o la serenidad al margen de la sociedad. Alejandría y Roma representan la prehistoria del amor por su exaltación de una pasión que la filosofía clásica había condenado como una servidumbre donde el amor nacía de una atracción involuntaria, ahora con la intervención del albedrío el amor se convirtió en unión voluntaria, lo que antes era servidumbre se transformó en libertad.

Fue en el siglo XII, en Francia que aparece el “amor cortés” sin un origen religioso ni filosófico, antes bien como creación de un grupo de poetas dentro de la nobleza feudal, producto de una fecundidad espiritual, el amor como forma de vida que no es amor “villano” (reducido a copulación y procreación), sino un sentimiento elevado, propio de cortes señoriales, “amor purificado, refinado” que no tiene por fin el placer carnal ni la reproducción, que es ascético y estético. El surgimiento del amor cortés se liga a la evolución de la condición femenina, influida por un lado y en cierta medida por el cristianismo que otorgó a la mujer una dignidad desconocida en el paganismo; y por otro, por la herencia germana, ya que las mujeres alemanas eran mucho más libres que las romanas.

Sin embargo, probablemente el mayor cambio al interior del amor cortés consistió en la inversión de papeles entre el amante y su amada dama, la alteración de la jerarquía de los sexos: ahora la mujer ocupaba la posición superior y el amante la de vasallo, la dama es la señora y su amante es su sirviente; sin que esta elevación de la mujer, de súbdita a señora, de su cuerpo y de su alma, se traduzca en deificación del sexo femenino, por lo contrario se trata de un reconocimiento, de un paso fundamental hacia la igualdad de los sexos. En este cambio Paz señala una influencia árabe en los poetas provenzales, a la vez que subraya la concepción del amor como exclusivamente humano, es decir, que el amor no conduce al Otro, no es vía para llegar a Dios, sino un accidente, una pasión, el amor es algo que pasa a los hombres. Y en todo ello, en esta transformación de nuestra idea de amor los poetas han desempeñado un papel determinante: una de las funciones de la literatura, escribe Paz, es la representación de las pasiones y entre ellas prepondera el amor, cabe mencionar que junto a la pasión del poder, la ambición política a la sed de bienes materiales. Así, la mayor parte de la literatura occidental tiene por asunto el amor; cada poeta y novelista tiene una visión propia del amor y ante tal variedad es posible concluir que la historia de la literatura occidental es la historia de la metamorfosis del amor, aunque el arquetipo creado en el siglo XII está intacto, permanece un conjunto de condiciones y cualidades antitéticas que distinguen al amor de otras pasiones: atracción-elección, libertad-sumisión, fidelidad-traición, alma-cuerpo. De una u otra forma se ha dado continuidad en la idea de amor que surgió en la Edad Media, en el siglo XII y que llegó a nosotros a través de Dante, Petrarca y sus sucesores, hasta los poetas surrealistas del siglo XX. Incluso, afirma Paz, la historia del “amor cortés”, sus cambios y transformaciones son la historia de nuestra sensibilidad, la historia de la civilización de Occidente.

Dante y su poema, Domenico di Michelino, (1465)


¿Cuál es entonces la idea o imagen de amor en la Modernidad? Si bien, como ha dicho Dante el amor es un accidente, algo que pasa a los hombres y mujeres, y estos son imprevisibles, no es viable ni prudente enunciar una esencia del amor, aunque sí es posible sostiene Paz enunciar algunos elementos constitutivos de la imagen del amor. “Al intentar poner un poco de orden en mis ideas, encontré que, aunque ciertas modalidades han desaparecido y otras han cambiado, algunas han resistido a la erosión de los siglos y las mutaciones históricas. Pueden reducirse a cinco y componen lo que me he atrevido a llamar los elementos constitutivos de nuestra imagen del amor.” (Paz, 2016: 117) Los cuales son: exclusividad; libertad; obstáculo y transgresión; dominio y sumisión; cuerpo y alma; y que a su vez pueden ser reducidos en: exclusividad, amor a una sola persona; atracción, fatalidad libremente asumida; y, la persona, que es cuerpo y alma.

Ahora, sin detallar en los anteriores elementos, es posible resaltar en la idea de amor moderna una liberación erótica que coincidió con la revolución artística plasmada particularmente en el surrealismo de Bretón, como continuador de Dante y Petrarca; en la intención por abolir la oposición entre filosofía cristiana y amor cortés tuvo lugar una rebelión de los sentidos y del pensamiento, mezcla de cuerpo y mente, libertad, con-en la sensualidad. Después de la Guerra Fría nació una moral erótica más libre caracterizada por la participación activa y pública de mujeres y homosexuales, así como una tonalidad política en las demandas de esos grupos; se trata del sexo como materia de debate político, igualdad y reconocimiento de la diferencia; la política absorbió al erotismo y lo transformó, dejó de ser una pasión para convertirse en un derecho. Ante lo cual es inminente preguntar ¿qué hemos hecho de la libertad erótica?

Hasta hoy nuestra libertad erótica parece estar confiscada por el dinero y la publicidad, al mismo tiempo que ha tenido lugar un paulatino crepúsculo de la imagen del amor en nuestra sociedad (incluso rezan por ahí, que “el amor apesta”). La confiscación del erotismo y del amor por los poderes del dinero es un aspecto del ocaso del amor, el otro es la evaporación de su piedra angular: la persona, unión y correlación de cuerpo y alma. Todo lo cual, debe decirse, abre paso a la barbarie tecnológica y en cierto sentido es fruto de la actitud crítica característica del pensamiento moderno que cuestiona y analiza cada rincón de la realidad humana, de suerte que por influencia de la ciencia y abandono de la filosofía, por lo general se niega actualmente la existencia, la presencia del alma. “El cuerpo ha dejado de ser algo sólido, visible y palpable: ya no es sino un complejo de funciones; y el alma se ha identificado con esas funciones.” (Paz, 2016: 167) Sin duda la relación cuerpo-alma es un tema complejo y abierto a discusión reflexiva, lo que atañe aquí es mencionar que Paz señala y propone retomar el diálogo entre ciencia, filosofía y poesía como preludio a la reconstitución de la unidad de la cultura y con ello la resurrección de la persona humana.

“Aunque el amor sigue siendo el tema de los poetas y novelistas del siglo XX, está herido en su centro: la noción de persona. La crisis de la idea del amor, la multiplicación de los campos de trabajo forzado y la amenaza ecológica son hechos concomitantes, estrechamente relacionados con el ocaso del alma. La idea del amor ha sido la levadura moral y espiritual de nuestras sociedades durante un milenio. Nació en un rincón de Europa y, como el pensamiento y la ciencia de Occidente, se universalizó. Hoy amenaza con disolverse; sus enemigos no son los antiguos, la Iglesia y la moral de la abstinencia, sino la promiscuidad, que lo transforma en pasatiempo, y el dinero, que lo convierte en servidumbre. Si nuestro mundo ha de recobrar la salud, la cura debe ser dual: la regeneración política incluye la resurrección del amor. Ambos, amor y política, dependen del renacimiento de la noción que ha sido el eje de nuestra civilización: la persona.” (Paz, 2016: 171)


Amantes, Nicoletta Tomas


Llegados a este punto es necesario contextualizar, recordar que La llama doble es una obra escrita en 1993, que seguramente el tiempo ha erosionado la idea de amor, que nuevas mutaciones han acaecido y con gran probabilidad nos parecerá discutible lo afirmado por nuestro poeta. No obstante dos afirmaciones y una previsión construidas a lo largo del texto me resultan innegables, totalmente vigentes; las afirmaciones son: la historia de la humanidad es la historia del amor y la historia del amor es la historia de la libertad femenina; y, amor es otredad, el amor se teje entre un yo y un otro, el amor es intersubjetividad y con ello política y libertad. En tanto que la previsión consiste en atender la crisis que atraviesa nuestra idea de persona, en que se ha omitido al alma, porque no sólo somos cuerpo, carne y sangre, hay en nosotros algo más que materia, si no ¿por qué nos horroriza y alarma la muerte, el asesinato? Ciertamente es condenable el despojo del aliento vital a un cuerpo, pero lo que hace de este hecho y la exposición de imágenes que lo constatan algo humillante, inhumano no es el truncamiento material de esa vida, sino su mutilación intangible, lo profundo de la indignación ante un feminicidio, ante el homicidio en general, radica en el truncamiento de pensamientos, sentimientos, sueños y anhelos, en el arrebato de esa vida, de esa presencia humana, corporal y espiritual, indescriptible en palabras.



Paz, Octavio (2016). La llama doble. Ed. Seix Barral. México.




domingo, 10 de febrero de 2019

#22 Fil(m)osofía "La Mina" - El viaje de Chihiro


El viaje de Chihiro

(Hayao Miyazaki, 2001)





¿La profundidad no está en lo que se mira, sino en quien mira? 
¿La sensibilidad no está en lo creado, sino en quien crea? 
¿El arte no radica en el objeto creado y mirado, sino en el creador-constructor y en el contemplador-deconstructor?

En Fil(m)osofía partimos de una premisa pensada, sentida y vivida: reflexionando deconstruimos, interpretando construimos; con nuestro pensamiento y palabras, en diálogo intercambiamos sentimientos y argumentos, posibilitamos y nos preparamos para cambiar-nos, transformar-nos la realidad, nuestra realidad en algo mejor, más humano y comunitario. ¿Cómo hacemos, pretendemos hacer esto? Cada vez convocamos para ver juntos una película, al terminar nos reunimos para compartir lo que nos hizo pensar y sentir, intercambiamos y nos unimos en nuestras diferencias y coincidencias; sin conclusiones tajantes, nos despedimos quizá con más preguntas que respuestas, aunque siempre con una propuesta.


Así, el pasado miércoles 6 de febrero en Cine la Mina hicimos un gran día, hubo casa llena, aproximadamente 15 personas nos reunimos para contemplar “El viaje de Chihiro”, obra maestra del ánime, película multipremiada, digna del aprecio general y principalmente enriquecedora desde nuestra perspectiva porque como platicamos ese día se trata de un filme en que puedes nadar, snorkelear o bucear, una película que te puede entretener o hacer crecer, cada uno decide.


Decimos que se puede nadar en “El viaje de Chihiro” si observamos la amistad y la identidad como sus temas centrales; consideramos que se profundiza un poco más, snorkeleamos, cuando analizamos la interpretación dada por algunos críticos que afirman como sus temas predominantes prostitución infantil y pederastia; profundizamos aún más cuando no sólo encontramos lazos de amistad entre Chihiro y distintos personajes que le ayudan a sobrevivir y vivir, aprender y crecer, formar su identidad, sino que además identificamos hechos o situaciones presentadas a lo largo de la película que se prestan a justificar la afirmación de la prostitución infantil y la pederastia como los grandes temas de la misma –sobre lo cual no detallamos para no restar al ejercicio reflexivo de quienes están por ver esta película–, y comenzamos a bucear cuando observamos en este viaje una aguda crítica social a la occidentalización de Japón durante la posguerra traducida en pérdida de tradiciones y espiritualidad que da paso al consumismo, a la mercantilización incluso de las personas, a su cosificación, todo esto último como rasgos propios del capitalismo que nos parece representado a grandes rasgos en la figura de Yubaba, contrastada por su hermana gemela Zeniba, figura que nos parece personificar al socialismo; capitalismo y socialismo –Yubaba y Zeniba– dos caras de la misma moneda, dos posibles formas de organización en la sociedad y de concebir-vivir el trabajo, la actividad productiva del hombre: el trabajo como medio para obtener-ganar-acumular dinero y bienes materiales –capitalismo–; el trabajo como medio para la subsistencia material y complementario a esto el trabajo como fin en sí –socialismo–, como actividad en que nos descubrimos (formamos nuestra identidad) y compartimos (nos relacionamos con otras personas e incluso integramos comunidad). Ésta fue la propuesta de nuestra filmosofía el pasado miércoles: concibamos y vivamos el trabajo como un viaje que nos hace crecer, que nos forma y a la vez transforma nuestro rededor, que sirve y ayuda a otros, porque al final del día todo oficio y profesión es servicio, donación personal para crear un mundo mejor.

En suma, “El viaje de Chihiro” es una producción fílmica que puedes analizar en su forma, es decir como obra perteneciente al ánime y en lo cual contribuyó admirablemente nuestra invitada Faby Manzano, comunicóloga y reportera en periódicos locales, a quien agradecemos de todo corazón compartir con nosotros su gusto y conocimientos sobre el ánime en general y en particular sobre el trabajo de Studio Ghibli, especialmente de Hayao Miyazaki; o bien que puedes deconstruir en su contenido nadando, snorkeleando o buceando, como antes fue dicho. Sin embargo, lo sustancioso y más valioso aquí es para nosotros la comunidad reflexiva-cinéfila que integramos y es por eso, entre otras cosas que amamos el cine, porque convoca, reúne y une.


Mil gracias nuevamente a quienes acuden a nuestra invitación, a quienes nos permiten conocerlos y re-conocernos en nuestras palabras compartidas, en nuestro diálogo que aspira y se dirige hacia una realidad en armonía.





domingo, 20 de enero de 2019

#21 Fil(m)osofía "La Mina" - La casa de Jack


La casa de Jack
(Lars Von Trier, 2018)




“La película no está encaminada al horror, al asesinato”, tal vez no fue ésta la frase que abrió nuestra charla, pero sí la afirmación que detonó nuestra reflexión; abajo algunas de las observaciones:

*Se trata de un autohomenaje, Jack es alter ego de Von Trier, y de un “picar las costillas” a sus críticos; además de provocar a las buenas conciencias.

*Sin duda marcar paulatina y constantemente a lo largo del filme la diferencia entre ingeniería y arquitectura apunta hacia una desacralización del arte.

*Es una confrontación con uno mismo, con la condición humana; incomoda e incluso asusta porque confronta con los propios miedos y deseos violentos, que de una u otra forma y en algunos casos son contenidos o incluso sanados en la contemplación de este tipo de películas.

*Innegablemente “los humanos hacen lo más inhumano”; ¿qué tanto la película refleja un retorno actual a la época en que la violencia era normalizada, parte de la vida cotidiana? 





Los participantes coincidimos en que “La casa de Jack” se presta a múltiples interpretaciones por su contenido simbólico y así puede ser leída desde distintos órdenes, como ético/moral, estético y social. A lo cual se suma que cada público se encuentra inmerso en un contexto social (reglas) a partir del cual percibe y aprecia el arte. De hecho, se puede identificar al menos tres públicos, comentó uno de los presentes, un público conocedor-intelectual que reconoce e identifica en esta obra elementos del psicoanálisis y de pintura entre otros; un público risueño que reacciona al humor negro, que disfruta las escenas violentas porque son actuación; y un público conocedor del cine el general y del autor y su obra en específico.




Es cierto, la película no es de horror, tampoco es su tema central la vida de un psicópata con oficio de asesino serial; esta obra se dirige al cuestionamiento de las reglas, que al parecer siempre tienen raíz en la dualidad bien-mal, el tema es la trasgresión de los límites… Con esta afirmación se abrió un segundo momento en nuestra charla y nos preguntamos si el arte va más allá de esa dualidad, si en el arte no hay reglas ni límites… ¿realmente es así?, ¿el arte trasciende la visión maniqueista que lo clasifica todo en bueno y malo, permitido y prohibido?, ¿al artista todo le es permitido? Por ejemplo, ¿en la creación de su obra el artista puede usar cualquier objeto o sujeto como material, con indiferencia de que sea un ser vivo o no vivo, personas y animales incluidos?

Sólo hay una regla en el arte –y probablemente en todo lo humano–, compartió una de las participantes: que el ser humano sea siempre fin y no medio; consecuentemente no se puede usar a una persona aún con fines artísticos, tampoco otros seres con vida, moralidad o espiritualidad.




Quizá se trascienda, diluya en el tiempo la dualidad bien-mal, pero la dualidad individuo-grupo permanecerá. En el caso que aquí nos ocupa dicho binomio se desdobla en artista-contemplador y su interacción es la interpretación, la de-construcción y re-construcción de la obra, de “La casa de Jack”, que puede ser tan simple como un decir me gusta o me disgusta o tan rica y gozosa como una fil(m)osofía. Así, los participantes concluimos esta reunión con dos ideas: la primera, compartimos una aspiración, el equilibrio entre individuo y grupo, persona y comunidad, dado que somos coexistentes, dado que ninguno puede renunciar al otro vivamos, convivamos con base en reglas y leyes, acuerdos o pactos explícitos, expresos y en su caso establecidos por autoridad competente, pero no conforme a convenciones porque son tácitas y se basan en costumbres o precedentes; y, la segunda, claramente en lo individual para cada uno de nosotros esta obra representa algo distinto, algo personal, aunque simultáneamente coincidimos en que es una buena película porque imposibilita la indiferencia, porque mueve y divide la opinión, porque genera polémica, discusión y reflexión. Si una película es buena cuando impacta al espectador, cuando lo arranca de la indiferencia, entonces “La casa de Jack” lo es. Acorde con esto si un auténtico artista es quien provoca a las personas con su obra, entonces Lars Von Trier lo es y acertadamente ha dicho: “Soy un artista y por tanto un provocador”[i].




¡Muchas gracias nuevamente a quienes dan vida a Fil(m)osofía! 
Nos vemos pronto. 






jueves, 14 de junio de 2018

#18 Fil(m)osofía "La Mina" - Tres anuncios por un crimen


Tres anuncios por un crimen
Martin McDonagh, 2017




Generalmente iniciamos nuestra charla a partir de dos o tres ejes o guías que como moderadora propongo a partir de mi percepción sobre cuál es el tema o las ideas principales plasmadas en la película-pretexto para nuestra reflexión. Esta ocasión comenzamos de otra forma, tras prometer que al final de la sesión les diría lo que yo consideré como temas-eje en este filme, pedí a los asistentes que nos compartieran qué habían pensado, sentido y/o recordado… Algo que valoramos muchísimo en Fil(m)osofía es que poco a poco estamos creando una comunidad de diálogo que nos permite expresarnos con apertura y confianza, así, a las primeras ideas aportadas se sumaron otras más hasta integrar la participación de todos los presentes, si bien cada uno posee su opinión, su perspectiva, claramente también coincidimos en algunos puntos, los cuales relato brevemente a continuación:

* Justicia
Frente a un acto criminal impune se plantean al menos dos opciones, exigir a las instituciones correspondientes que actúen, que encuentren a los culpables-responsables-criminales (nótese que el uso de los términos no es neutral, sino que por lo contrario implica toda una ideología) y apliquen la ley, en otras palabras que tenga lugar el Estado de Derecho, o bien, buscar-hacer justicia por propia mano, en cierto sentido desconocer la ley jurídica, la autoridad que embisten las instituciones legítimas y con ello aproximarse a un Estado de anarquía.

* “Yo soy yo y mi circunstancia”
Cada uno de los personajes, en forma muy cercana a cómo somos las personas en la realidad, presenta luz y sombra, aciertos y errores, cada uno de ellos actúa conforme a sus creencias, pensamientos y sentimientos, conforme a su bagaje, su contexto, su circunstancia; visto así, sus acciones buenas se comprenden e incluso llegar a ser motivo de admiración, en tanto que sus malas acciones quedan justificadas, son resultado de lo que han vivido-sufrido, de su educación y situación. Aunque probablemente sea más asertivo decir, de acuerdo con lo que dialogamos, que dichas acciones malas –hasta delictivas– no se justifican, sino que se explican, se esclarece la causa, el motivo de esa acción sin por ello aceptarla porque sin negar que cada uno somos en parte resultado de nuestra circunstancia, apelamos a la conciencia, capacidad reflexiva y de elección que yace en nuestro interior para decidir qué hacer y qué no, es decir, que aun cuando el entorno, el ambiente en que crecimos y en el que nos encontramos influye en nuestro actuar, también tenemos libertad para cuestionar y autoconfigurarnos, esto evidentemente hablando de casos normales-sanos, por decirlo de alguna manera. De igual modo, durante la conversación, propusimos referir las acciones no como “buenas” o “malas”, sino como positivas o negativas en la medida en que contribuyen al bienestar personal y comunitario, individual y grupal, lo que da pie a nuestro tercer punto.

* Sociedad / Comunidad
Es posible distinguir entre sociedad y comunidad, entendiendo por la primera una suma de individuos resultado de la necesidad por estar con el otro para obtener el propio beneficio, donde más que compartir la vida, los pensares y sentires, las experiencias, se trata de un intercambio, de una negociación necesaria para la supervivencia del grupo, de la sociedad que a su vez es valorada exclusivamente por ser el medio necesario a la supervivencia individual; en tanto que la comunidad consiste en el encuentro de personas que reconociendo su interdependencia y en valoración de la misma construyen día a día un entorno donde el bienestar personal y comunitario son correlativos.

Nuestra charla cerró nuevamente con broche de oro, con la interesante aportación de uno de los participantes, quien planteó dos posibles interpretaciones-vivencias sobre esta película: la primera de ellas, como una obra de arte en que los personajes y el propio relato presentan magistralmente actitudes humanas en un cierto contexto donde el drama puede dar lugar a la redención; la segunda, como una filmación de propaganda racista en que el individualismo priva, se sobrepone a todo y lo que busca es imponer “su verdad”, ejercer “su justicia”.

Con todo lo anterior confirmamos nuevamente que parte de la riqueza del cine radica en su posibilidad de interpretación, de reflexión, análisis y crítica, en el ejercicio de nuestra transición de simples y pasivos receptores de lo que está frente a nosotros a complejos y activos actores que transforman y construyen la realidad. En palabras de nuestros amigos en esta sesión: “la postura no está en el autor, sino en el espectador, en el espect-actor”.






Ah, lo olvidaba, estos son los cinco temas que prometí mencionar al final: justicia, impunidad, publicidad, racismo y comunidad.



sábado, 12 de mayo de 2018

Bicentenario del nacimiento de Karl Marx


El joven Karl Marx
(Raoul Peck, 2017)




Considerado parte del actual cine militante –cine inspirado en una lucha política vigente–, el trabajo de Raoul Peck no tiene por objetivo contar historias, sino mostrar con responsabilidad a las nuevas generaciones una perspectiva diferente de la sociedad, del mundo, porque el cine, en palabras de este director siempre tiene el objetivo de la lucha. Así, “El joven Karl Marx” pretende presentar al espectador algunas de las ideas fundamentales del Marx filósofo, político, economista e historiador, como pilar científico y político a partir del cual analizar lo que está ocurriendo hoy en el mundo y entablar una acción política contemporánea comprometida.  

Frente a los prejuicios, interpretaciones erróneas y tergiversaciones, Peck ha estudiado la filosofía de Marx en la propia Alemania, ha investigado a fondo su obra; de hecho, los diálogos en el filme son auténticos, se basan o incluso son copia de la correspondencia entre Marx y Engels en el periodo de 1843 a 1848, durante el exilio en París, periodo en que surge el comunismo como propuesta plenamente política, desembocando en la redacción y publicación de “El Manifiesto Comunista”.

En nuestra perspectiva el análisis sobre “El joven Karl Marx” se abre en tres líneas: la relación de Marx con Friedrich Engels, el vínculo con su esposa Jenny Von Wetsphalen y el diálogo que de una u otra forma se entabla con los anarquistas, especialmente con Pierre-Joseph Proudhon. Evidentemente cada una de estas vertientes daría lugar a un examen exhaustivo, en el presente espacio sólo se apuntarán algunas ideas; en cuanto a la relación de Marx y Engels, fue éste quien en cierto sentido abrió los ojos a Marx sobre la necesidad de estudiar economía e historia para construir una base teórica real, para que su filosofía no se limitara a interpretar y comprender la realidad, como lo hacían los jóvenes hegelianos, sino que fuese auténtica praxis, filosofía que transforma el mundo, nuestro modo de ser y estar en él.



El vínculo entre Karl y Jenny, además de la vida marital, la vida cotidiana y familiar, el apoyo y compañía incondicionales, se enriqueció por la conversación e inteligentes observaciones de ella a las ideas de él; cabe mencionar que del mismo modo en la relación de Engels con Mary Burns, en la figura de ellas se plasma un pensamiento liberal que fortalece la filosofía de ellos –incluso fue Mary Burns quien puso en contacto a Marx y Engels con el círculo de obreros–.  



Sobre el diálogo entablado con los anarquistas, quisiéramos aclarar, como se hizo en nuestra charla el pasado miércoles 9 de mayo con motivo en la conmemoración del bicentenario del nacimiento de Karl Marx, la diferencia entre socialismo utópico, socialismo anarquista y socialismo científico: el primero de ellos, más que en una propuesta filosófica-política se sustenta en un sentimiento filantrópico que movió a ciertos industriales para ofrecer a sus obreros algunas prestaciones de salud y seguridad social, como fue el caso de Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen; el socialismo anarquista representando entre otros por Pierre-Joseph Proudhon y Mijaíl Bakunin, se caracteriza principalmente por el desconocimiento a cualquier autoridad, incluido el Estado; en tanto que el socialismo de Marx y Engels es científico porque se basa en el materialismo histórico, considerado método científico en la investigación sobre la historia de la humanidad y que muestra a ésta como una lucha constante entre clases sociales que genera cambios, a la vez que identifica al proletariado industrial como el sujeto colectivo que llevará a cabo la revolución socialista.



En suma, está película señala la importancia y trascendencia de la filosofía elaborada por Marx y Engels como detonante de diversos sucesos políticos en los siglos XX y XXI, paralelamente muestra al marxismo como óptimo instrumento para entender el mundo actual; si bien ha descendido la influencia marxista en occidente, continúa siendo referente primordial para explicar la crisis que hoy atraviesa el sistema capitalista, el mundo en general y a partir de ahí proponer su transformación. Indudablemente el pensamiento marxista trastocó el devenir de la humanidad en la lucha por su liberación y Marx será relevante mientras haya una sociedad capitalista, el marxismo es tan vigente como el capitalismo.

Coincidimos con Raoul Peck cuando afirma que es momento de volver a imaginar que es posible transformar el mundo.




domingo, 6 de mayo de 2018

#17 Fil(m)osofía "La Mina" - La libertad del diablo


La libertad del diablo
(Everardo González, 2017)




Esta ocasión tuvimos casa llena, lo cual nos alegra enormemente por lo que representa, Fil(m)osofía está creciendo, tomando fuerza, y principalmente porque esto significa que nuestra comunidad cinéfila es activa, no fue suficiente ver el documental, era necesario hablar-lo, dialogar y juntos re-construirlo. Para tal efecto propusimos dos líneas de reflexión: la primera de ellas con relación al filme, a la película como juguete cinematográfico que si bien vincula al creador-director con el contemplador-público a través de las múltiples interpretaciones de éste que pueden o no hacer juego entre sí y con la intención del artista, simultáneamente juega una cierta función o tarea en cada uno de los involucrados. Así, “La libertad del diablo” representa para su autor el cumplimiento de un deber: retratar lo que vivimos en el presente, dar testimonio de la barbarie que directa o indirectamente nos toca padecer; a su vez este documental ofrece a los entrevistados la posibilidad de una catarsis que nace del soliloquio y la autoconfesión; en tanto que a los espectadores no sólo los conmueve y aflige, sino que les confronta con un aspecto de la realidad nacional que se expande y amenaza constantemente nuestra calidad de vida, incluso la vida misma.





















De esta forma y como conclusión de nuestra primera línea de reflexión, todos coincidimos en que una película es en cierto sentido un juego que se desdobla en dos grandes elementos: lo individual, la forma en que toca a cada uno de los involucrados –director, público y entrevistados, en el caso de este documental– y lo social, la manera en que se inserta en la sociedad, es decir, su función social. Precisamente ésta fue nuestra segunda línea de reflexión, partiendo de la concesión, aunque basada en entrevistas dadas por el autor, de que “La libertad del diablo” tiene la encomienda de impactar en la sociedad, nos cuestionamos cuál sería su función social. Al respecto vislumbramos tres posibilidades: denuncia del temor generado por la inseguridad y violencia como dispositivo de control que el Estado ejerce sobre la población para conservar el poder; sensibilización y conciencia que nacen de la observación y atenta escucha, a partir de lo cual en un momento dado puede surgir una actitud de resistencia, sobre esto cabe decir que frecuentemente se cuestiona este efecto de sensibilización y conciencia argumentando que el continuo abordaje de la violencia lo hace un tema desgastado ante la opinión pública que probablemente desemboque en la normalización de tales hechos, esto es, en lo opuesto al fin pretendido, des-sensibilización, o incluso en la incitación a la violencia y desconfianza permanente respecto al otro; no obstante, contemplamos otra posible función social, la formación en la empatía: cuando entramos a una sala para ver una película voluntariamente dejamos fuera juicios y prejuicios, entramos con una actitud de apertura total para escuchar y aprehender lo que se nos presenta, despertándose en nosotros la identificación con alguna de las situaciones o personajes, el cine mueve nuestro pensamiento, conmueve nuestro sentir, nos hace imaginar, reflexionar, recordar… conectándonos con la historia, los hechos, los lugares y especialmente con las personas que frente a nosotros se desnudan al contarnos, al compartirnos qué sienten, qué piensan, qué anhelan…

En la perspectiva de Fil(m)osofía una película es buena, entre otras cosas, cuando logra formar en el espectador un sentimiento de empatía, y así fue con “La libertad del diablo”, durante nuestra charla destacó la inquietud por hacer algo, después de ver el documental nos preguntamos ¿qué podemos hacer? Frente a esta pregunta los asistentes aportaron distintas opiniones que convergen en una sola propuesta: organizarnos. Debido a los hechos la confianza en el Estado, en la efectiva aplicación de las leyes prácticamente se ha desvanecido, nuevamente todos coincidimos, esta vez en que podemos hacer algo, está en nuestras manos cambiar la situación, transformar nuestra realidad, pero ¿cómo? Aquí la respuesta clara y directa en voz de una de las participantes fue: organización, es cuestión de organizarnos como sociedad civil, en comunidad.




Llegados a este punto surgieron las diferencias, natural y afortunadamente todos pensamos diferente, mientras que algunos afirman que violencia se combate con violencia, que necesitamos armarnos, otros rechazan rotundamente cualquier tipo de agresión como solución y no consideran viable ponernos al tú por tú con el Estado ni con el crimen organizado. También diferimos en torno a la responsabilidad que toca al Estado y a la sociedad respecto a lo que hoy vivimos y su transformación, algunos consideran que la responsabilidad es sólo del Estado, otros afirman que la responsabilidad es de la sociedad y no del Estado porque éste es nuestro reflejo, porque de una u otra forma el Estado se integra por ciudadanos, por elementos de la sociedad que en cierto sentido y medida nos representan, unos más argumentaron que se trata de una corresponsabilidad en que cuando decidimos no mirar, de una u otra manera avalamos lo que sucede y que no se nos diga, avalamos el ataque a la libertad de información y de expresión (lo cual ha sido señalado por el director en algunas entrevistas y agrega un plus a nuestra sesión celebrada justamente el 3 de mayo, Día mundial de la libertad de prensa y Día de la libertad de expresión, en México), también reiteraron en la organización social como la mejor opción, una organización comunitaria que se exprese en acciones de distinta índole complementarias entre sí.

Felizmente concluimos nuestra sesión compartiendo con nuestros nuevos amigos que ése es uno de los objetivos del equipo de Fil(m)osofía: vivir el cine como acción transformadora de las personas y de la sociedad, el cine como herramienta en la formación de empatía, solidaridad, que habrá de sustentar una fuerte organización, una comunidad cada vez más libre, autodeterminada y armoniosa.

Asimismo dirigimos la atención de nuestros participantes hacia el trasfondo-análisis filosófico de lo contemplado en el documental, lo vivido actualmente en nuestra sociedad: en realidad, todos –víctimas y victimarios– somos víctimas del entorno, de un sistema económico basado en producción y acumulación de bienes materiales que nunca alcanza la saciedad y por distintas fallas niega el acceso a la mayoría, de manera tal que probablemente quienes eligen la delincuencia lo hacen obligados por la circunstancia de pobreza y desigualdad social. En nuestro entorno actual priva el individualismo, la burocratización de la justicia… dicho brevemente la razón instrumental descrita por los filósofos de la Teoría Crítica.

Para finalizar y cerrar con broche de oro esta nota compartimos dos puntuales y acertadas observaciones de nuestros participantes:

* Las máscaras. Es inevitable mencionar, reflexionar sobre la función de las máscaras que usan los entrevistados; en torno a esto encontramos dos significados, uno literal y otro metafórico, en el primero de ellos nos parece evidente que al otorgar anonimato sirven como protección, en tanto que metafóricamente las máscaras universalizan, al evitar que nos perdamos en rasgos particulares, al concentrar nuestra atención en la mirada de quien nos habla, reconocemos que podría ser cualquiera de nosotros, comenzamos a sentir empatía frente a un rostro que no reconocemos, pero que puede ser el mío, el tuyo, el nuestro.

* Sin duda “La libertad del diablo” aborda un tema que ya antes y por otros directores ha sido tratado, como ejemplo de ello se habló de “El infierno” (Luis Estrada, 2010), “La tempestad” (Tatiana Huezo, 2016) y “Guerrero” (Ludovic Bonleux, 2017), respecto a lo cual coincidimos también en que lo esencial o importante no es tanto el contenido, que puede ser el mismo, sino la forma en que se presenta; de este modo, mientras que “El infierno” despierta la risa, “La Tempestad” conduce a la vivencia, al sentir de la víctima, “Guerrero” ejemplifica la acción comunitaria y “La libertad del diablo” deposita en nosotros la inquietud por actuar, la pregunta por cómo hacerlo.