Visita a la Universidad Militar Nueva Granada
Hace unos días visitamos la Universidad Militar Nueva Granada, y la experiencia resultó, en varios sentidos, inesperada. Nos sorprendió la magnitud de su campus, la amplitud de sus áreas verdes e incluso la presencia de una zona que colinda con la reserva natural junto al Río Bogotá. Sin embargo, lo que más llamó mi atención no fue solo el entorno, sino un espacio en particular: el Museo Nacional de las Comunicaciones.
Más allá de los aparatos que dan cuenta de la evolución tecnológica de las comunicaciones —telégrafos, radios, dispositivos que hoy parecen vestigios de otra época—, hubo algo que verdaderamente me iluminó: descubrir la existencia de Radio Sutatenza. A continuación, comparto algunas reflexiones e información sobre este valioso proyecto educativo.
En la historia de América Latina hay experiencias educativas que no solo transformaron comunidades, sino que también redefinieron lo que entendemos por aprender juntos. Una de ellas es Radio Sutatenza, un proyecto colombiano que, desde mediados del siglo XX, convirtió las ondas radiales en una herramienta de alfabetización, organización comunitaria y conciencia social.
El surgimiento: educación donde no llegaban las aulas
Radio Sutatenza nació en 1947 en el pequeño municipio de Sutatenza, impulsada por el sacerdote José Joaquín Salcedo. En un contexto rural marcado por el aislamiento geográfico, la pobreza y altos índices de analfabetismo, la radio apareció como una solución innovadora: si la gente no podía ir a la escuela, la escuela iría a la gente.
Lo que comenzó como una emisora local pronto se transformó en un sistema educativo integral conocido como Acción Cultural Popular (ACPO). No se trataba solo de transmitir contenidos, sino de generar procesos de formación que abarcaran lectura, escritura, matemáticas básicas, salud, agricultura y organización social.
Alfabetizar como acto político y filosófico
La alfabetización, en el contexto de Radio Sutatenza, no fue simplemente un proceso técnico de aprender a leer y escribir. Fue, en un sentido profundamente filosófico, una apertura al mundo. Aprender a leer implicaba poder interpretar la realidad, cuestionarla y participar activamente en ella.
Aquí resuena, aunque desde otro contexto, la propuesta de Paulo Freire, quien entendería la alfabetización como un proceso de concientización. Si bien Radio Sutatenza no se inscribe directamente en la pedagogía freireana, comparte con ella una intuición clave: educar no es llenar de información, sino despertar una capacidad crítica.
En este sentido, la alfabetización se convierte en un acto político. Permite a las personas nombrar su mundo, reconocer las estructuras que lo configuran y, eventualmente, transformarlas.
Educación popular antes de nombrarse como tal
Aunque el término “educación popular” se consolidaría más tarde en el pensamiento latinoamericano, la experiencia de Radio Sutatenza ya contenía muchos de sus elementos fundamentales:
La centralidad de las comunidades rurales como sujetos del aprendizaje
El vínculo entre educación y vida cotidiana
La importancia del diálogo, incluso a través de medios unidireccionales como la radio
La formación integral más allá de lo estrictamente académico
Los programas radiales se complementaban con cartillas, grupos de escucha y líderes comunitarios que facilitaban el aprendizaje colectivo. La educación no era individualista, sino profundamente comunitaria.
Una experiencia que interpela el presente
Hoy, en un mundo saturado de tecnologías digitales, la experiencia de Radio Sutatenza plantea preguntas relevantes:
¿qué significa realmente democratizar el conocimiento?
¿cómo vincular educación y vida concreta?
¿de qué manera los medios pueden ser herramientas de emancipación y no solo de consumo?
Más allá de su contexto histórico, Radio Sutatenza nos recuerda que la educación popular no depende únicamente de recursos sofisticados, sino de una convicción ética: que todas las personas tienen derecho no solo a aprender, sino a comprender y transformar su realidad.
En tiempos de crisis ecológica, desigualdad y fragmentación social, recuperar estas experiencias no es un ejercicio nostálgico, sino una invitación a repensar la educación como práctica colectiva, situada y profundamente humana.
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