viernes, 13 de octubre de 2017

#11 Fil(m)osofía La Mina - Las hijas de Abril

Sesión # 11 – Jueves 12 de octubre de 2017


Las hijas de Abril

(Michel Franco, 2017)


Todas las presentes coincidimos, sin duda se trata de una película que presenta un abanico de la feminidad, los personajes principales son femeninos y cada uno muestra un cierto cliché en torno a la mujer: la hija menor vive un embarazo adolescente más su confusa maternidad, la hija mayor está hundida en una profunda depresión debida a su sobrepeso, baja autoestima y soledad, en tanto que la madre parece haber rechazado su maternidad y ahora que intenta retomarla lo hace desde el anhelo por la eterna juventud, toda esta marejada claramente envuelta en el ambiente de una familia disfuncional.

Indudablemente los clichés que explota el director a la vez rompen estereotipos –entendidos como patrones de conducta impuestos por el medio– porque la figura materna en Abril no entraña bondad ni abnegación como tampoco sus hijas, Valeria y Clara, representan ingenuidad ni obediencia –como se ha presentado en nuestro Cine de Oro–. De hecho nos preguntamos qué pasará con la bebé de Valeria, se repetirá la historia en-con ella, porque suele suceder que las generaciones heredan, que en cierto sentido se establece un ciclo de eterno retorno.

Visto así, desde esta perspectiva en que se explotan rincones comunes para capturar la atención del público, no nos parece una película especial, aunque sí buena y recomendable porque mueve, enoja, entristece, llega a desesperar y a esperar una confrontación que desate el nudo, que desenmascare los verdaderos sentimientos e intenciones de cada una… Nos preguntamos también si el discurso presentado responde a una decisión del director por comercializar su obra –incluso hay quienes señalan esta película de Franco como su más comercial–, llegar a más espectadores e incluso obtener algún premio –que sí lo hizo, ganó Un Certain Regard en la pasada edición del Festival de Cannes–. De ser así, que el artista en su ojo interior persiga tales intenciones o simple e involuntariamente reproduzca con su filme determinada ideología, lo cierto es que el espectador tiene el poder de revertir las imágenes, conceptos, mensajes que se le muestran con su observación y análisis, con su mirada reflexiva y crítica.

Cada uno de nosotros, como espectadores activos, como actores interpretamos y recreamos la obra, por ejemplo una de las participantes en nuestra charla planteó que Abril llego a sacudir a sus hijas, con sus acciones las obligó a salir de su zona de confort, esforzarse por responsabilizarse de sí, valorar lo que son y tienen –Valeria comienza a valorar a su hija y así misma–,  identificar quiénes son –Mateo definitivamente no es confiable–, qué quieren, necesitan –cobran fuerza para establecerse un objetivo y salir adelante–, o al menos preguntarse hacia dónde van. Quizás ése fue el resultado de las acciones de Abril, pero ¿fue su intención consciente y decidida?, ¿llanamente actúa desde el desequilibrio en la aspiración por la eterna juventud?, ¿o simplemente es una mujer española que aburrida de su vida en Europa viene a Puerto Vallarta, México en un intento por empaparse de vida –lo cual recuerda el estereotipo del español villano–?, cuestionaron otras de las dialogantes.




Cabe decir que llamó nuestra atención el hecho de que al publicar el cartel de nuestro evento más del 70% de los “likes” que recibió correspondían a mujeres, a lo cual se sumó que es la primera ocasión en que nuestra reunión se integra sólo por mujeres. ¿Habrá influido en esto, como fue dicho al principio de este espacio, que los personajes principales son femeninos? Lo que sí concluimos unánimemente es que Las hijas de Abril no es una película feminista, porque aun cuando domina la figura femenina realmente el epicentro de la historia es un hombre, Mateo; de hecho, si desparece este personaje masculino no hay historia o la historia es otra. El núcleo de la acción es Mateo, un hombre que Clara, la hermana mayor, desea; un hombre que Valeria, la hermana menor, posee; un hombre que Abril, madre de Clara y Valeria, roba y disfruta. Las tres mujeres actúan, viven en torno a lo que en ellas despierta la sola presencia opaca, débil y tambaleante de Mateo; ¿qué tan cierto es que la mujer desea, tiene o roba un hombre para encontrar su felicidad?

No, no es una película feminista de acuerdo con el “Test de Bechdel”, nos aportó este comentario otra de nuestras invitadas: una película es feminista o no machista (sin ahondar aquí entre la oposición o no entre machismo y feminismo) cuando cumple con tres características, en la película tienen que salir dos mujeres como mínimo, esas mujeres tienen que hablar entre ellas y el tema del diálogo no debe ser un hombre, un personaje masculino.

Y es entonces que me preguntó, ¿esta vez nuestra sesión filmosófica fue feminista? Porque estuvimos presentes alrededor de diez mujeres, obviamente interactuamos entre nosotras, nuestro tema de conversación no fueron los hombres sino el cine como poderosa herramienta para la enajenación, cuando reproduce ideologías, o para la emancipación, cuando nos confronta con parámetros culturales impuestos, especialmente en momentos como éste, como en nuestra Fil(m)osofía que al de-construir el filme y re-construirlo nuevamente, trascendemos la condición de espectadores, el nivel de transmisión-recepción, para alcanzar la interpretación y re-creación, dotar de sentido a la obra y así transformarnos en espect-actores





* Para enterarse un poco más sobre el “Test de Bechdel” y otros criterios para identificar la equidad de participación entre personajes femeninos y masculinos.


* Y sobre clasificación “F” 




jueves, 7 de septiembre de 2017

#10 Fil(m)osofía La Mina - Me llamo Nojoom, tengo diez años y quiero el divorcio

Sesión #10 - Jueves 31 de agosto de 2017


Me llamo Nojoom, tengo diez años y quiero el divorcio

(Khadija Al-Salami, 2014)



Cada ocasión es distinta, no sólo porque se aborda un tema distinto al anterior y a partir de una película diferente, sino porque también son otros los participantes. Si bien ya integramos una comunidad quienes asiduamente asistimos a cada sesión, en cada una de ellas conocemos nuevos amigos y convivimos con otros ya no tan nuevos, pero en forma diferente, en otro ámbito.

Esta vez nos acompañó Paloma Sierra Ruiz*, junto a ella reflexionamos principalmente sobre dos ejes: la relación entre pobreza, ignorancia y violencia, y la condición de la mujer dentro de la sociedad. Fue este último tema el que capturó nuestra atención, no sin antes advertir que el filme en cuestión presenta una visión bastante occidentalizada, es decir, que aun cuando muestra una vivencia, una forma de vida en el mundo árabe, específicamente en Yemen, lo hace a través de un tamiz ideológico occidental, sus valores y principios, sus criterios para determinar lo que es aceptable y lo que no, lo que es justo y lo que es indebido; situación que se percibe claramente en las últimas escenas, donde puede verse a Nojoom rodeada de otras niñas, bailando y cantando una especie de himno que desde nuestro punto de vista resulta totalmente ajeno al modo de vida árabe.





En la misma tónica, crítica y de sospecha, nos preguntamos cómo es que una niña de diez años que no estudia, no parece convivir con alguien externo a su grupo social, sino que prácticamente vive absorta en la dinámica del mismo, en sus usos y costumbres, de pronto se dirige a un juzgado para exponer su caso y solicitar el divorcio. Además, cómo es que todo el proceso jurídico se desarrolla con tal velocidad y fluidez, cómo es que concluye tan fácilmente con laudo favorable a la niña y con la tranquila resignación del jeque, autoridad y máxime representante de la tradición del grupo social a que pertenece Nojoom.

Sin duda la narración acerca del matrimonio infantil, el matrimonio de niñas con hombres adultos acordado por el padre de ellas, más todavía cuando es mediante un pago, genera un gran debate, una discusión que difícilmente termina con una conclusión tajante y unánime. Decíamos ya que como espect-actores no nos limitamos a la recepción pasiva de los mensajes contenidos en la película, antes bien la de-construimos, la analizamos y más que respuestas construimos nuevas preguntas a reflexionar, preguntas que cuestionen nuestras convicciones, que nos lleven a indagar en otras formas de concebir un mismo suceso. 

Así, al cierre de esta reflexión filosófica coincidimos en que no es posible pensar en purismos, no existe la pureza porque no es posible marcar un límite categórico e inamovible entre occidente y oriente, bueno y malo, masculinidad y feminidad, por lo contrario los seres humanos somos seres complejos, imbricados, tejidos por múltiples hilos y en constante movimiento, donde nada está dicho y todo está por decirse. Precisamente por ello, reitero, cada ocasión es distinta.


(*)  Paloma Sierra Ruiz nació en Salamanca, Guanajuato hace 28 años y hace 11 es habitante de la capital guanajuatense. Estudió Filosofía en la Universidad de Guanajuato, pero siempre ha coqueteado con la literatura y la herbolaria. Se ha cruzado con muchos caminos que la han llevado a militar un feminismo lleno de contradicciones y dudas. Asimismo no está segura de casi nada, aunque esto la ayuda a intentar encontrar respuestas a sus preguntas en espacios colectivos. Actualmente es doctorante en filosofía, es maestra en la Universidad de Guanajuato y tallerista en el Colectivo Pitayas.


  

jueves, 17 de agosto de 2017

9na. Fil(m)osofía "La Mina" - T2: Trainspotting

9na Sesión FIL(M)OSOFÍA “LA MINA”
Jueves 10 de agosto de 2017


T2: Trainspotting
Danny Boyle (2016)


Definitivamente la diferencia de edad genera una perspectiva distinta, no es igual ver Trainspotting en su segunda parte cuando viste la primera hace 20 años en el cine y teniendo casi la misma edad que los personajes, que verla en casa por recomendación, porque has escuchado que es muy buena película y calculando que los personajes podrían ser tus padres. Un mismo objeto, en este caso un mismo filme no se vive, no se piensa ni se siente igual cuando tienes veinte años, treinta o ya pasas de los cuarenta, es otra experiencia. Asimismo, entre la primera parte y su secuela hay gran diferencia, Trainspotting: la vida en el abismo (1996) fue una película que de una u otra manera cambió-marcó a una generación, T2: Trainspotting (2016) quizá sólo ha tenido gran valor para quienes crecimos a la par de los personajes y nos identificábamos con su rebeldía frente al sistema. Y es que al parecer Danny Boyle no quería dar continuidad a la historia presentada en la primera película, sino repetirla; si observamos con detenimiento encontramos que en realidad nada ha pasado, el tiempo no continuó, se estancó y la historia es la misma: traición entre amigos, cambian las circunstancias, los detalles tal vez, pero es la misma situación con unos años más, probablemente se deba a la nostalgia.




“Estás aquí por nostalgia; eres turista de tu propia juventud”, increpa Sick Boy a Renton; en esta frase se condensa el tema principal de la película, que desde nuestra perspectiva es una crítica a la actitud nostálgica. El mensaje no es que desperdiciamos nuestras vidas, no se trata de una acción contra la vidas perdidas como sí lo sería Kids (Larry Clark, 1995); sin carga moral alguna Boyle parece advertirnos de que el mundo cambia y nosotros debemos hacerlo también, que es necesario darse cuenta del paso del tiempo y todo lo que ello implica, porque de lo contrario nos quedaremos estancados, atrapados en el pasado y su idealización; frente a la nostalgia, para disiparla necesitamos reconocer que la vida y su transcurso se trata de aprender y desaprender, asumir y adaptar, que la vida es crisis y renovación constante.

En verdad que el mundo cambia esto se refleja al interior de la película en la ciudad (Edimburgo) y su paisaje, igualmente al exterior de la misma el mundo es otro, el cine es otro, ya no se filma en 35 mm sino en material digital, las técnicas cinematográficas y su tecnología se han modificado. Al menos en primera instancia el mensaje que grita T2 es: “no repitas tu historia, no seas un personaje que se queda fuera de época”. Respecto a la traición en cierto sentido el director nos recuerda que las relaciones fraternales son frágiles, que el hombre es capaz de traicionar al hombre –por algo la deslealtad y la infidelidad son hechos recurrentes–, también en una frase que es más una sentencia se resume el mensaje: “Primero aparece la oportunidad y después viene la traición.”




Pero hablar de nostalgia y traición resultó llamativo en nuestra Fil(m)osofía para quienes vimos la primera parte y esperamos 20 años para ver la segunda, la mayoría de los participantes apenas rebasaban la veintena por unos años y para ellos lo sobresaliente fue si Renton hizo algo o no, logró algo o no con su vida, sobre esto los  mayores coincidimos en que no, no logró nada, porque la actitud rebelde manifiesta en la primera parte que muchos interpretamos como la lucha contra el sistema para salir de él, ya en la secuela vimos que no triunfó, incluso antes que salirse del sistema se integró a él al convertirse en un empleado más, con un sueldo promedio y una vida más que tranquila monótona que en su insatisfacción le lleva inercialmente a regresar, volver al lugar del que partió, quejándose, angustiado por no saber qué hacer con el resto de años de vida que le quedan: “¡vivir es desolador!”, con esta exclamación nos sorprendió una de las asistentes a la Fil(m)osofía cuando nos explicó que eso fue lo que pensó al escuchar y ver desencajado a Renton preguntándose por su futuro, cuestionándose por lo que ha hecho en-con su vida.

Los menores en edad de nuestros nuevos amigos en esta sesión coincidieron en que Renton sí hizo algo, sí logró algo porque vivió, porque tomó decisiones, las que quiso. La propuesta fue que lo importante no es qué haces o dejas de hacer, sino que sea lo que sea aquello a que dedicas tu tiempo, tu vida, te satisfaga. A lo cual yo agregaría que todas nuestras decisiones y acciones deben partir de un sentido social, un sentido comunitario, ordenarse hacia el bienestar personal y colectivo.

Lo indudable en todo esto es que reuniones como las Fil(m)osofías nos permiten conocer otras personas y sus puntos de vista, enriquecernos mutuamente a través de la deconstrucción y reconstrucción de mensajes e imágenes cinematográficos y principalmente dialogar en la búsqueda de acuerdos, pero sobre todo regresar a casa más que con respuestas con nuevas preguntas y situaciones a reflexionar, porque muy probablemente de eso se trata vivir: crisis y renovación constantes.











jueves, 27 de julio de 2017

8va. Fil(m)osofía "La Mina" - El hombre que vio demasiado


EL HOMBRE QUE VIO DEMASIADO
Trisha Ziff (2015)


Cada evento, cada obra puede ser analizada desde distintos ángulos, en este caso percibimos tres discursos en el documental que se traducen para nosotros en tres líneas a reflexionar: el trabajo laboral, como factor que construye la identidad personal; determinado fotoperiodismo, como estetización de la violencia, humanización de la tragedia; y la vivencia de la muerte por un lado, como reflejo de una situación en nuestro país, la violencia contra la libertad de expresión, y por otro, como una situación propia de la vida, la violencia de la muerte accidental, “sales y no sabes si regresas”.

Así, en estas líneas se pretende recordar y compartir algunas de las ideas que en comunidad formamos durante nuestra 8va. Fil(m)osofía. Con relación a la vivencia de la muerte coincidimos en que las fotografías de Metinides posibilitan varias lecturas, una de ellas: “podrías ser tú”, al ver retratada la muerte del otro cabe la posibilidad de la identificación, reconocer que también a nosotros podría pasarnos y en cierta forma sentirnos aliviados porque no ha sido así. Otra lectura que encontramos en torno a la muerte se refiere a cómo ha cambiado el trabajo del fotoperiodista, especialmente el de nota roja, la violencia ha incrementado y ya gran parte de los casos retratados no muestran violencia y muerte accidental, sino narco ejecuciones o víctimas del crimen organizado, lo cual conduce al recordatorio de que este documental ha sido dedicado a los más de 165 fotoperiodistas asesinados en nuestro país desde el año 2000. Lo que a su vez nos remite a la violencia contra la libertad de expresión, censura y autocensura debidas a todo tipo de intereses inmiscuidos, entrando en juego la ética del periodista, quien decidirá qué divulgar o no, qué información transmitir o no.

Para reflexionar sobre la cualidad artística o no en el trabajo de Metinides, nos acompañó como invitada especial Ana Paulina Mendoza*, licenciada en Letras Españolas y maestra en Artes, de la UG. Al respecto y sin poner en duda lo artístico en las fotos de Metinides, que claramente se manifiesta en su composición, afirmamos que no se trata de una estética improvisada, que no se trata de un momento aleatorio, sino por lo contrario, ha sido buscado y tuvo un encuentro afortunado. Consecuentemente estas fotografías antes que ser testimoniales, probablemente formen parte, aún inconscientemente, de un mecanismo de control al funcionar como dispositivos que muestran “lo moral y lo inmoral”, lo que se debe hacer y lo que no, con sus respectivas consecuencias, porque la violencia contiene un mensaje y para hacerlo llegar tiene que ser evidente, ser vista, convirtiéndose entonces la fotografía en documentación, foto que documenta y no apela a la sensibilidad del observador, sino que tiene la finalidad de advertir y provocar al espectador.

En cuanto al trabajo, todos coincidimos también en que la actividad laboral de Metinides se volvió su vida –como nos pasa muchos de nosotros–, el fotoperiodismo es su vida desde niño, y esto nos hizo preguntarnos cómo es que los adultos a su alrededor lo dejaron trabajar y más aún ¡fotografiando muertos!, desde antes, ¡¿cómo es que lo dejan ver cine violento?!… A lo cual respondimos que todo cambia, el contexto socio-político se modifica, la concepción de la infancia es otra, el valor del trabajo también… Pero, ¿realmente ha cambiado todo esto?, hoy día hay muchos niños que trabajan, de hecho la explotación infantil es grave problema en México y en cierto sentido la violencia se ha normalizado. Probablemente lo que ha cambiado es la forma en que lo mostramos o no, la manera en que nos expresamos al respecto: “Ahora somos políticamente correctos”, expresó certeramente uno de nuestros participantes.

Y es que en la historia de la humanidad técnica, tecnología y trabajo –desde esta perspectiva simbolizados en el cartel del documental con las manos de Enrique Metinides que sostiene su primera cámara– han transformado no sólo a la naturaleza, al ambiente natural, sino que simultánea y correlativamente la vida de las personas, nuestra manera de ser y estar en el mundo. La tecnología crea nuevas realidades, modifica el contexto a partir de nuevos paradigmas, que en nuestra época son, entre otros: inmediatez y consumo. La prensa no escapa de esto, tal vez la intención no es humanizar ni estetizar, sino garantizar la venta de los impresos llamando la atención del público sobre los hechos apelando a su gusto o morbo por la violencia.

Lo cierto en todo esto, una vez más coincidimos todos los presentes, es que se trata de un documental muy bien realizado sobre un gran personaje, Enrique Metinides como excelente narrador que posee admirable dominio de la imagen y en ningún momento censura, sino sugiere. Pero, ¿qué hace tan buen fotógrafo a Metinides?, ¿qué hace único su trabajo?,  ¿su personalidad? Recordemos que ha decidido nunca viajar en avión, que evita salir a carretera y de noche, en general exponerse a cualquier situación de peligro; pensemos también en sus colecciones asombrosas de juguetes, ranas y otros objetos, la forma en que archiva y resguarda sus fotografías… ¿Qué es lo determinante, la personalidad de Metinides determina su trabajo o su trabajo ha determinado su personalidad e incluso su vida? Porque bien dicen algunos que al inicio uno “toma un trabajo” y después éste acaba por tomarlo a uno. 




(*) Colaboración de Ana Paulina Mendoza Hernández.
Licenciada en Letras Españolas y Maestra en Artes, por la Universidad de Guanajuato.

La fotografía desempeña una función de testimonio, de documento que informa y registra un hecho específico. A lo largo de la historia, el trabajo en la fotografía periodística se ha desempeñado en mostrar imágenes de conflictos políticos y desastres naturales. La cámara se convierte en un elemento indispensable para registrar hechos de gran impacto en la historia de la humanidad, de eventos que no son parte de lo cotidiano pues marcan a la historia y trascienden: las guerras, los movimientos sociales, las catástrofes producidas por la naturaleza, etc.

El trabajo fotográfico de Enrique Metinides reside en el periodismo, sus composiciones fotográficas están vinculadas con el cine negro, captan el instante preciso de la muerte y la muestra en su apogeo en distintos escenarios como incendios, suicidios, accidentes automovilísticos, aéreos, choques, atropellamientos y rescates de montaña.

Enrique Metinides también conocido como “el niño”, nació en la Ciudad de México en el año de 1934, sus fotografías además de vincularse con el periodismo también son consideradas obras de arte por su composición, su línea temática y el impacto social y político que éstas tienen. Su trabajo como fotógrafo lo inició desde que era niño (razón de su pseudónimo) ya que laboraba inicialmente como ayudante de un fotógrafo de periodismo sensacionalista.

A partir de entonces, se encargó de retratar por mucho tiempo sucesos en el diario La Prensa, mostrando el lado más cruel de la ciudad de México, plasmando en imágenes asesinatos, muertos, incendios y catástrofes de toda índole. Metinides realiza fotografías de sucesos espectaculares pero siempre con una composición que no cae en el escándalo, maneja una estética que transforma lo horroroso en bello. Las imágenes de Metinides tienen un fuerte valor expresivo como suceso trágico, sus fotos son estructuras narrativas que nos cuentan una historia sobre las distintas maneras que existen para morir.

Enrique Metinides expone emociones de situaciones que caen en las tragedias humanas,como lo dice Baudrillard: “la condición humana sólo es posible cuando los seres vivos están unidos por sentimientos violentos de repulsión, de desagrado” y precisamente las fotografías de Metinides son parte de esa unión. Los espectadores van formando un pacto con la realidad, una realidad oscura, triste y trágica que es plasmada en su periodismo fotográfico. Su trabajo consiste en plasmar cadáveres, formar parte de la escena del crimen en el momento indicado.

La fotografía se construye de instantes, pero su complejidad consiste en perpetuar el instante por mucho tiempo. El objeto fotografiado cambia de contexto, ya no es lo que fue, eso pasa con el trabajo de Metinides cuando los hechos criminales se vuelven un acto estético y el retrato de la muerte reside en una obra de arte. Sus fotografías plasman con claridad el deceso de la condición humana.



jueves, 6 de julio de 2017

7ma. sesión Fil(M)osofía "La Mina" UNA FILMOSOFÍA CANÍBAL

Una filmosofía caníbal


Alan Quezada Figueroa



La degustación del dedo de su propia hermana fue para Justine el punto de arranque que la llevó a conocer su naturaleza caníbal, éste es el momento cumbre de la ruptura con toda su historia tal como la conocía. Así como Justine se introdujo en un mundo que no había imaginado antes, con su regularidad vegetariana, Fil(M)osofía, en su séptima edición dio un vuelco en cuanto al tema de la película que decidimos reflexionar colectivamente. Se trata de Voraz (2016), filme problemático por los excéntricos rumores sobre los desmayos en Toronto y la promesa de una brutalidad sólo hallada de manera básica dentro del filme.

Fue a partir de tal controversia que comenzó nuestro recorrido por las entrañas de Voraz. Quizá la película no cumple con aquel grado de horrorismo que la publicidad de aquella bolsa de papel para el vómito nos hizo esperar, sin embargo, nos ofreció una multiplicidad de tópicos en los que hallamos refugio. Si bien estamos acostumbrados al horror hegemónico al estilo Hollywood de tintes splatter y soft gore, nuestra película permite que el horror surja desde nosotros mismos, es decir, desde aquello que somos, o mejor, creemos ser, y el momento en el que descubrimos que nuestro supuesto orden cotidiano está cimentado en puras fantasías. Como institución primera nuestros padres son los encargados de dar una base firme a nuestras creencias posteriores, sin embargo, nos enfrentamos al derrumbe piramidal de todo posible aprendizaje y tradición: comer tantos vegetales para venirse a entrar de que es una carnívora insaciable, además de carne humana y no obstante con eso, ser un caníbal de abolengo.

Quizá de algún modo el género humano es más cercano al caníbal que a otras de las figuras de horror que nos ha dado el cine y la literatura —aunque bien hemos de recordar que el canibalismo sí se ha presentado en nuestro género en diversas culturas o situaciones particulares (piénsese en los sobrevivientes de los Andes)—. A partir de nuestra construcción social podemos notar un canibalismo político y económico que absorbe hasta las relaciones humanas, tal como aquella mordida que le da Justine a su compañero de juego erótico, mismo al que le corta el labio en esa pulsión tan cercana entre erotismo y hambre.

Hombres lobo, vampiros, zombis y monstruos diversos han aparecido en infinidad de narrativas, todas ellas denotan cierta riqueza relativa a sus orígenes humanos, de los que no se pueden desprender. Frente a estos, el caníbal aparentemente no tiene mayor complejidad que la de comer carne humana, sin embargo, piezas como Voraz nos ofrecen la posibilidad de otras lecturas contemporáneas que ya en su tiempo nos ofreció la magistral representante del género: Holocausto caníbal (1980) de Rugeiro Deodato y la basada en hechos reales: El caníbal de Rotemburgo (2006), de Martin Weisz. El canibalismo que nos presenta la directora de nuestro filme nos sigue sumergiendo en la clásica discusión sobre si el cuerpo es el que domina a la mente o la mente domina al cuerpo; lo que sí es cierto es que el cuerpo nos representa un límite, tanto de uno mismo, como hacia los demás. Los límites del deseo deben terminar en mi corporalidad, sin embargo, el canibalismo es la transgresión que se salta esos límites.

Se presentó también una cierta lectura feminista que apunta a diversos momentos de la película: desde aquella técnica para orinar parada en la que es instruida Justine, hasta el poder de ser proveerse sus propios alimentos provocando accidentes automovilísticos, sin mencionar que en el género es más recurrente que esas acciones sean representadas mediante la figura masculina, además de ser una mujer quien dirige y hace el guion. A pesar de no ser esa la motivación de la directora, nuestra filmosofía nos permite multiplicar la discusión por diversos lados, de tal manera que frente a nuestro actual contexto el tema no se excluyó.

La voracidad ante el deseo de la primera experiencia sexual de Justine desató el ánimo, no sólo de su carnalidad, sino la de su compañero de habitación, quien a pesar de ser homosexual cayó en el deseo de compartir el acto con nuestra protagonista; Adrien es contenido por sus prejuicios, pues menciona que le ha costado tanto trabajo declararse abiertamente homosexual como para mantener relaciones sexuales con una mujer. Él finalmente cedió ante el deseo, la carne es carne y su carne se utilizó también como eso: carne, que se manifestó igualmente como alimento para satisfacer el hambre de una caníbal hambrienta.

Voraz nos ofreció una amplia posibilidad de reflexión a partir de su riqueza múltiple. Pudimos cerrar —que no concluir— nuestra sesión poniendo el acento en una cuestión quizá un tanto paralela, que refiere al señalamiento ético respecto del otro y el llamamiento político a la comunidad, en tanto que podríamos admitir que habitamos en un capitalismo caníbal en el que la enajenación hacia nosotros mismos ha hecho que nos visualicemos como objetos de consumo, desde las relaciones laborales hasta las interpersonales, han reflejado una suerte de consumo del otro como medio para los propios fines. Espacios como Fil(M)osofía dentro de Cine La Mina, son un llamado a crear esa suerte de comunidad más allá del canibalismo consumista, porque nos permite ofrecer nuestra palabra y nuestra escucha al otro, en función de la construcción del nosotros. La figura del caníbal es quizá una potencia para comprendernos a nosotros mismos y nuestro entorno.

¡Compartamos la carne y la palabra, la cena está servida!






domingo, 4 de junio de 2017

¿Por qué filosofar?

¿Por qué filosofar?

Por Jesús Abraham Suárez Noriega

Tomado de 

Argonauta. Revista cultural del Bajío

Cine y Literatura en juego

Fomento Cultural Irapuato, A.C. Edición Trimestral. Irapuato. Agosto-Octubre. 2016 
Año 1 Edición No. 2 – Ejemplar Gratuito



Para filosofar se requiere cierta curiosidad. Preguntar el porqué de algo es una búsqueda infinita, indagar en lo real es un juego constante, apertura de senderos que llevan a ninguna parte. Aquel que se dedica a escudriñarlo todo es motivado por un deseo incomprensible. Pretende encontrar aquello que le falta. Lo que no tengo lo experimento como ausencia, desde la presencia. Para efectuar la filosofía se requiere acción, lo cual sugiere un cierto furor o entusiasmo relacionado con el enamoramiento. Si se va a hablar de filosofía se tendrá que conversar sobre el amor pues así indica la tan conocida etimología. El concepto griego de amor/amistad es constituyente para el filósofo. Por lo que filosofar será un acto amigable, y solamente puede realizarse entre amantes. Cuando pienso en mis amigos más queridos no los valoro por su utilidad, simplemente los amo desinteresadamente. Podemos acompañar la tradicional definición con los bellos relatos platónicos que con maestría ilustran el proceso que lleva a cabo el filosofar. Por ejemplo, el mito sobre el origen de Eros indica su naturaleza dual, puesto que refiere por un lado al hábil cazador que también descansa y se embriaga mientras el otro polo representa a la pobreza y tristeza. Así pues el amor en tal visión sugiere una correlación o conciliación con la diferencia ya que personifica lo presente y lo ausente, lo que se muestra y lo que se oculta como una fiesta de disfraces, como una dinámica de máscaras en donde se enfrenta lo contrario: lo uno y lo múltiple, la vida y la muerte, el día y la noche, el sueño y la vigilia, lo activo y lo pasivo, lo masculino y lo femenino, el movimiento y el reposo, la fuerza y la debilidad. Ahora bien, no olvidemos que otra narración cuenta que Eros fue el primero de los dioses, lo cual puede ser interpretado como aquello que constituye lo real, entendiendo a la realidad como una suerte de danza entre lo opuesto, juegos proporcionales entre la atracción y la discordia, divisiones y uniones que se invierten y coquetean perpetuamente como buenos amantes, tal concepción se presenta como paradójica y de carácter místico. Entonces por su carácter erótica la filosofía a su vez se ha entendido como aquella dinámica que desde la carencia mantiene un impulso por crecimiento, superación de sí mismo a partir de sí mismo, en donde ante todo se afirma la vida con sus matices diversos, múltiples y contradictorios. Esta aceptación del vaivén permite la formación de un carácter virtuoso, superador de todo límite, pues la existencia se desborda, y supera toda definición o categoría. De tal forma, entendiendo la vida como un filosofar, se seguirá que el vivir más conveniente consiste en afirmar la propia naturaleza y entregarse al crecimiento propio, trabajo encaminado al florecimiento de los hombres a partir del vencimiento de tristezas como la ignorancia, la cobardía o el egoísmo. Entonces, concibo la actividad filosófica como la pretensión por aumentar el impulso vital, y no como una búsqueda insaciable por obtener poder a partir de la negación del otro y de sí mismo.


domingo, 14 de mayo de 2017

5ta sesión Fil(M)osofía "La Mina" TENEMOS LA CARNE


Construyendo la carne


Parece ser que todos los caminos llevan a la carne, al menos a pensarla, a sentirla y a compartirla en clave de un diálogo sensible. Tenemos la carne, pero también somos la carne y la compartimos, nos hacemos familia —en función de la tónica que han logrado las Fil(M)osofías realizadas en La Mina, desde su primera edición— y construimos el mundo. Y es que, ¿qué otra cosa se puede hacer con una película que nos ofrece una amplia diversidad de caminos y de lecturas, sino re-construir el mundo con ella?

Ésta fue la tarea en la que nos inscribimos en la quinta edición de la Fil(M)osofía en Cine La Mina, en la que logramos una rica diversidad de interpretaciones que nos permitieron seguir explorando y escarbando, tal como se va ampliando el camino de una mina, que no lleva un rumbo determinado. De la misma manera que lo menciona Emiliano Rocha —director de Tenemos la carne—, la película ya no le pertenece sólo a él, es igualmente de quienes la leemos y la pensamos. Eso es justamente lo que hicimos veintiséis personas discutiendo las imágenes, poniendo en juego nuestras propias experiencias.

Durante nuestra excavación para la construcción de una nueva veta en La Mina, recorrimos lugares diversos y en el camino nos hallamos con variados minerales preciosos que en el proceso pulimos. Entre esas riquezas encontramos una reflexión crítica —como todas las que se desarrollaron— respecto de un sector de la sociedad excluido, aquellos invisibilizados que viven en un sub-México, en un submundo del que no tenemos noticia, un submundo que se deja atrás cuando la cámara sale al exterior y nos situamos en alguna calle del centro de la CDMX, que inmediatamente relacionamos con nuestra experiencia. La exclusión también de estos genios delirantes que van siempre creando y discurseando filosofías extrañas y mudas, para los demás, para quienes no tienen ojos ni oídos.

¿Qué más post-apocalíptico que la imagen del Centro de la CDMX, con sus zombis contemporáneos —zombis inhalando cemento, zombis de celular o zombis de oficina, entre otros— y su inmediatez cotidiana? La batalla por la carne, en sus distintas dimensiones se desarrolla todos los días, esta batalla para poseerla y para no perder la propia, que además nos sitúa en un Narco-Estado de carne putrefacta, desde el que no estaría de más, buscar un re-nacimiento, un nuevo orden que nos permita una recomposición moral y política, que trascienda al sujeto reprimido que no logra completarse y así llega a su muerte.

De este modo se manifiestan dos importantes sentidos: uno de ellos es el de la ideología nacionalista, representado mediante la figura del soldado sacrificado, el himno nacional le ha ablandado los ánimos y lo ha preparado para “bien morir”, es fácil domar al zombi institucionalizado; sólo ha sido cuestión de recordarle el nulo valor de su vida, frente al gran proyecto de Nación, fundando en la sangre y en la carne, en el hambre y en la miseria. El otro responde a la mitología cristiana: un Adán y Eva contemporáneos que, en una segunda vuelta, crearán al mundo al estilo del Antiguo Testamento, es decir, mediante el incesto.

Es así que a partir de las tan traídas y llevadas imágenes del filme, fundimos los materiales y construimos una joya invaluable que no sería posible reproducir en este espacio, sino de manera superficial, dada la amplitud y riqueza de las opiniones vertidas. De este modo le damos la bienvenida al género de horror-gore —si es que es posible etiquetar a nuestro filme en esta dupla, lo que ya sería parte de una discusión aparte—, que en nuestro país comienza a formar una interesante tradición —el Sindicato del Terror y Lex Ortega con sus propuestas cinematográficas (Atroz, 2016)—, de la que una importante parte del público guanajuatense ha demostrado una gran apertura.

Seguimos extrayendo oro y plata de la mina, a partir de un trabajo colectivo con todos ustedes y deseamos seguir expandiéndola en diferentes direcciones, ¡Cavemos juntos éste, nuestro espacio y sigamos extrayendo riqueza humana! Esperen próximamente el Segundo ciclo: Cine de carnitas, de Espíritu Pusilánime y Aberración Necrótica.

¡Tenemos la carne, tenemos la sangre, pero también tenemos el corazón!

Aberración Necrótica, primavera 2017