miércoles, 20 de septiembre de 2023

Café filosófico - Clausura del 2° Salón de Arte Santa Elena

 

Café filosófico 

Clausura del 2° Salón de Arte Santa Elena

 




Iniciamos marcando el contexto de nuestra reunión, de nuestro café filosófico: forma parte del 2° Salón de Arte, cuyo centro ha sido la exposición Nexos para otras realidades, que se plantea abordar con lenguaje artístico el tema de la ecología (del griego OekologieOikos que significa hogar). De acuerdo con el texto sala, cada obra tiene su estética singular y da cuenta de interrelaciones planetarias y orgánicas que establecemos en el mundo actual. No obstante, es posible señalar al menos tres vertientes manifiestas en la exposición en torno a nuestra relación con la naturaleza: el mundo natural como lugar de origen, vida, transformación y renacimiento; la naturaleza como objeto o ser de admiración y contemplación debido a su riqueza, biodiversidad y equilibrio; y, la representación de quiebres armónicos, la ruptura del ritmo natural, es decir, la crisis planetaria que hoy atravesamos y es cada vez más evidente. Ahora bien, sea cual sea la posición de quien observa y de quien construye la obra de arte, destaca la invitación a la meditación activa. “Nexos propone problematizar y ofrecer alternativas; es un llamado a la conciencia colectiva. Aquí el arte y la ecología se funden para honrar y conversar sobre nuestro hogar común.”

 

Enseguida, una vez contextualizado nuestro encuentro, planteamos como preguntas guía para nuestra conversación las siguientes interrogantes: ¿Creen que el arte, la presente exposición, funciona como dispositivo para cuestionar realidades, lo sienten crítico? ¿En la medida en que el arte incrementa, la ecología merma, el arte crece en detrimento de la ecología? Evidentemente como todo buen café, la conversación se prepara, surge en el momento. El diálogo es orgánico y recorre caminos propios. Así, las intervenciones de los participantes más que responder a dichas preguntas, expresaron ideas y sentires que se entretejieron poco a poco entre sí, regalándonos un rico entramado vivencial y reflexivo, que respetuosamente y con intención de lograr la mayor fidelidad, sintetizamos en las líneas a continuación.

 

El arte es creación, comunicación, sanación y política. Cuando hablamos del arte como creación, viene a nuestra mente el “mito teosófico”, esto es, la consideración de que el ser humano está iluminado por la divinidad e íntimamente unido a ella. De manera que, así como Dios tiene el poder de la creación, los seres humanos también crean, producen y transforman. La cuestión es que dicho hacer puede ser armónico o discordante; las creaciones humanas existen en armonía o en ruptura con la naturaleza, la creación divina.

 

A su vez, cuando reflexionamos sobre el arte como forma de comunicación, lo ubicamos dentro del grupo de la comunicación no verbal que emplea lenguaje simbólico, lo cual da lugar a la interpretación, al emerger de distintas lecturas e incluso contrarias entre sí. Paralelamente, el arte como comunicación expresa, exterioriza múltiples elementos, como son pensamientos, sentimientos, emociones, ideas, preocupaciones como la crisis ecológica actual… Por lo tanto, podríamos decir que el arte refleja el interior de su autor y su postura frente al mundo en que vive. Con ello, afirmamos que el arte además de expresar y reflejar, constituye una forma de narración, es vehículo de la memoria.

 

Retomando la afirmación de que el arte refleja el interior de su autor, podemos decir que el arte interioriza, hace que nos encontremos con nosotros mismos porque requiere concentración y consciencia. Además, al concluir la obra, contemplamos nuestra creación y nos miramos en ella. Todo esto conduce al autocuestionamiento, a la crítica del propio ser y hacer, a la indagación por la forma en que habitamos el mundo, y desemboca en una transformación a nivel personal y colectivo, es decir que, el arte sana y contiene la posibilidad de la transformación social. El arte es sanación.

 

Cuando el arte es transgresor, cuando quebranta formas de actuar, irrumpe y hace caer en cuenta, entonces el arte es política. Ahora, como todos somos sujetos políticos, todo arte debe incomodar, cuestionar, criticar. Asimismo, concebir la actividad artística como política conlleva responsabilidad del artista. Llegados a este punto, surgieron varias preguntas más: ¿El trabajo del artista tiene una responsabilidad? ¿Lo que hace el artista puede ser calificado de bueno o malo en un sentido moral-ético? ¿Su obra le define como persona?

 



Lo cierto es que el término responsabilidad, habla de una relación, un vínculo con lo otro, los otros. En principio, considerando el tema del Salón de Arte, a saber “arte y ecología”, la relación entre el ser humano y la naturaleza, donde la propuesta es que nos desprendamos de la concepción del ser humano como el centro de todo (teoría del antropocentrismo), porque implica desarraigo de las personas respecto al mundo natural, cuando en realidad somos parte de la naturaleza, somos en ella y con ella, los seres humanos estamos unidos a la naturaleza. Igualmente, hablar de responsabilidad abarca el vínculo entre personas, en el contexto en que hoy se sitúa nuestra reflexión, específicamente la relación entre el artista y el espectador, el público.

 

Sin espectador no hay obra. El artista crea con una intención y para un público. Al escuchar estas sentencias, surgió el disenso, las opiniones se dividieron y nuevas interrogantes surgieron. Por un lado, se dijo que el artista crea para sí, para salvarse a sí mismo. El artista es egoísta y el arte no es social. De manera que el artista no tiene responsabilidad alguna, al menos no con los otros. Por otro lado, se afirmó que, si el artista crea con una intención y para un público, es necesario cuestionar cuál es su intención y si el espectador percibe, capta esa intención. Con base en esto, ¿habría que juzgar si la obra es buena o es mala en función de que se comprenda su intención? Volviendo al tema de la responsabilidad, ¿cómo determinar si el artista cumple o no con su responsabilidad? ¿Cuál es su responsabilidad? ¿De qué es responsable el artista, si al final todo depende de la mirada, de la lectura del espectador?

 

El tiempo dispuesto para nuestra actividad estaba por terminar. Una vez más, cuando se dialoga con actitud filosófica, más que respuestas construimos preguntas. Para concluir, aún de manera provisional, todos coincidimos en que el artista sólo puede responder por sí, únicamente es responsable de sí. Entre las últimas intervenciones en este café filosófico, destacamos parafraseando las palabras de uno de los artistas participantes en la exposición: Este ejercicio colaborativo de creación, para participar en el Salón de Arte, me condujo a elaborar una lectura del territorio que vivo, cuestionarme en torno a mi trabajo artístico y sentir culpa porque mi creación genera contaminación. Es entonces que el arte se convierte en autocuestionamiento, lectura del propio quehacer, búsqueda de congruencia, un llamado a ser coherentes. 

 

Visto así, y retornando a una de las preguntas guía presentadas al inicio, ¿creen que el arte, la presente exposición, funciona como dispositivo para cuestionar realidades, lo sienten crítico? La respuesta sería sí. El arte detona la crítica y con ello posibilita la transformación de la realidad, comenzando por su autor, el artista y quizá se extienda al espectador.


 

 

 


Karla Portela Ramírez y Germán Leonardo Cárdenas Vargas

Casa de la Filosofía

 

 

 

 

 

 

 

 

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