jueves, 27 de julio de 2017

8va. Fil(m)osofía "La Mina" - El hombre que vio demasiado


EL HOMBRE QUE VIO DEMASIADO
Trisha Ziff (2015)


Cada evento, cada obra puede ser analizada desde distintos ángulos, en este caso percibimos tres discursos en el documental que se traducen para nosotros en tres líneas a reflexionar: el trabajo laboral, como factor que construye la identidad personal; determinado fotoperiodismo, como estetización de la violencia, humanización de la tragedia; y la vivencia de la muerte por un lado, como reflejo de una situación en nuestro país, la violencia contra la libertad de expresión, y por otro, como una situación propia de la vida, la violencia de la muerte accidental, “sales y no sabes si regresas”.

Así, en estas líneas se pretende recordar y compartir algunas de las ideas que en comunidad formamos durante nuestra 8va. Fil(m)osofía. Con relación a la vivencia de la muerte coincidimos en que las fotografías de Metinides posibilitan varias lecturas, una de ellas: “podrías ser tú”, al ver retratada la muerte del otro cabe la posibilidad de la identificación, reconocer que también a nosotros podría pasarnos y en cierta forma sentirnos aliviados porque no ha sido así. Otra lectura que encontramos en torno a la muerte se refiere a cómo ha cambiado el trabajo del fotoperiodista, especialmente el de nota roja, la violencia ha incrementado y ya gran parte de los casos retratados no muestran violencia y muerte accidental, sino narco ejecuciones o víctimas del crimen organizado, lo cual conduce al recordatorio de que este documental ha sido dedicado a los más de 165 fotoperiodistas asesinados en nuestro país desde el año 2000. Lo que a su vez nos remite a la violencia contra la libertad de expresión, censura y autocensura debidas a todo tipo de intereses inmiscuidos, entrando en juego la ética del periodista, quien decidirá qué divulgar o no, qué información transmitir o no.

Para reflexionar sobre la cualidad artística o no en el trabajo de Metinides, nos acompañó como invitada especial Ana Paulina Mendoza*, licenciada en Letras Españolas y maestra en Artes, de la UG. Al respecto y sin poner en duda lo artístico en las fotos de Metinides, que claramente se manifiesta en su composición, afirmamos que no se trata de una estética improvisada, que no se trata de un momento aleatorio, sino por lo contrario, ha sido buscado y tuvo un encuentro afortunado. Consecuentemente estas fotografías antes que ser testimoniales, probablemente formen parte, aún inconscientemente, de un mecanismo de control al funcionar como dispositivos que muestran “lo moral y lo inmoral”, lo que se debe hacer y lo que no, con sus respectivas consecuencias, porque la violencia contiene un mensaje y para hacerlo llegar tiene que ser evidente, ser vista, convirtiéndose entonces la fotografía en documentación, foto que documenta y no apela a la sensibilidad del observador, sino que tiene la finalidad de advertir y provocar al espectador.

En cuanto al trabajo, todos coincidimos también en que la actividad laboral de Metinides se volvió su vida –como nos pasa muchos de nosotros–, el fotoperiodismo es su vida desde niño, y esto nos hizo preguntarnos cómo es que los adultos a su alrededor lo dejaron trabajar y más aún ¡fotografiando muertos!, desde antes, ¡¿cómo es que lo dejan ver cine violento?!… A lo cual respondimos que todo cambia, el contexto socio-político se modifica, la concepción de la infancia es otra, el valor del trabajo también… Pero, ¿realmente ha cambiado todo esto?, hoy día hay muchos niños que trabajan, de hecho la explotación infantil es grave problema en México y en cierto sentido la violencia se ha normalizado. Probablemente lo que ha cambiado es la forma en que lo mostramos o no, la manera en que nos expresamos al respecto: “Ahora somos políticamente correctos”, expresó certeramente uno de nuestros participantes.

Y es que en la historia de la humanidad técnica, tecnología y trabajo –desde esta perspectiva simbolizados en el cartel del documental con las manos de Enrique Metinides que sostiene su primera cámara– han transformado no sólo a la naturaleza, al ambiente natural, sino que simultánea y correlativamente la vida de las personas, nuestra manera de ser y estar en el mundo. La tecnología crea nuevas realidades, modifica el contexto a partir de nuevos paradigmas, que en nuestra época son, entre otros: inmediatez y consumo. La prensa no escapa de esto, tal vez la intención no es humanizar ni estetizar, sino garantizar la venta de los impresos llamando la atención del público sobre los hechos apelando a su gusto o morbo por la violencia.

Lo cierto en todo esto, una vez más coincidimos todos los presentes, es que se trata de un documental muy bien realizado sobre un gran personaje, Enrique Metinides como excelente narrador que posee admirable dominio de la imagen y en ningún momento censura, sino sugiere. Pero, ¿qué hace tan buen fotógrafo a Metinides?, ¿qué hace único su trabajo?,  ¿su personalidad? Recordemos que ha decidido nunca viajar en avión, que evita salir a carretera y de noche, en general exponerse a cualquier situación de peligro; pensemos también en sus colecciones asombrosas de juguetes, ranas y otros objetos, la forma en que archiva y resguarda sus fotografías… ¿Qué es lo determinante, la personalidad de Metinides determina su trabajo o su trabajo ha determinado su personalidad e incluso su vida? Porque bien dicen algunos que al inicio uno “toma un trabajo” y después éste acaba por tomarlo a uno. 




(*) Colaboración de Ana Paulina Mendoza Hernández.
Licenciada en Letras Españolas y Maestra en Artes, por la Universidad de Guanajuato.

La fotografía desempeña una función de testimonio, de documento que informa y registra un hecho específico. A lo largo de la historia, el trabajo en la fotografía periodística se ha desempeñado en mostrar imágenes de conflictos políticos y desastres naturales. La cámara se convierte en un elemento indispensable para registrar hechos de gran impacto en la historia de la humanidad, de eventos que no son parte de lo cotidiano pues marcan a la historia y trascienden: las guerras, los movimientos sociales, las catástrofes producidas por la naturaleza, etc.

El trabajo fotográfico de Enrique Metinides reside en el periodismo, sus composiciones fotográficas están vinculadas con el cine negro, captan el instante preciso de la muerte y la muestra en su apogeo en distintos escenarios como incendios, suicidios, accidentes automovilísticos, aéreos, choques, atropellamientos y rescates de montaña.

Enrique Metinides también conocido como “el niño”, nació en la Ciudad de México en el año de 1934, sus fotografías además de vincularse con el periodismo también son consideradas obras de arte por su composición, su línea temática y el impacto social y político que éstas tienen. Su trabajo como fotógrafo lo inició desde que era niño (razón de su pseudónimo) ya que laboraba inicialmente como ayudante de un fotógrafo de periodismo sensacionalista.

A partir de entonces, se encargó de retratar por mucho tiempo sucesos en el diario La Prensa, mostrando el lado más cruel de la ciudad de México, plasmando en imágenes asesinatos, muertos, incendios y catástrofes de toda índole. Metinides realiza fotografías de sucesos espectaculares pero siempre con una composición que no cae en el escándalo, maneja una estética que transforma lo horroroso en bello. Las imágenes de Metinides tienen un fuerte valor expresivo como suceso trágico, sus fotos son estructuras narrativas que nos cuentan una historia sobre las distintas maneras que existen para morir.

Enrique Metinides expone emociones de situaciones que caen en las tragedias humanas,como lo dice Baudrillard: “la condición humana sólo es posible cuando los seres vivos están unidos por sentimientos violentos de repulsión, de desagrado” y precisamente las fotografías de Metinides son parte de esa unión. Los espectadores van formando un pacto con la realidad, una realidad oscura, triste y trágica que es plasmada en su periodismo fotográfico. Su trabajo consiste en plasmar cadáveres, formar parte de la escena del crimen en el momento indicado.

La fotografía se construye de instantes, pero su complejidad consiste en perpetuar el instante por mucho tiempo. El objeto fotografiado cambia de contexto, ya no es lo que fue, eso pasa con el trabajo de Metinides cuando los hechos criminales se vuelven un acto estético y el retrato de la muerte reside en una obra de arte. Sus fotografías plasman con claridad el deceso de la condición humana.



jueves, 6 de julio de 2017

7ma. sesión Fil(M)osofía "La Mina" UNA FILMOSOFÍA CANÍBAL

Una filmosofía caníbal


Alan Quezada Figueroa



La degustación del dedo de su propia hermana fue para Justine el punto de arranque que la llevó a conocer su naturaleza caníbal, éste es el momento cumbre de la ruptura con toda su historia tal como la conocía. Así como Justine se introdujo en un mundo que no había imaginado antes, con su regularidad vegetariana, Fil(M)osofía, en su séptima edición dio un vuelco en cuanto al tema de la película que decidimos reflexionar colectivamente. Se trata de Voraz (2016), filme problemático por los excéntricos rumores sobre los desmayos en Toronto y la promesa de una brutalidad sólo hallada de manera básica dentro del filme.

Fue a partir de tal controversia que comenzó nuestro recorrido por las entrañas de Voraz. Quizá la película no cumple con aquel grado de horrorismo que la publicidad de aquella bolsa de papel para el vómito nos hizo esperar, sin embargo, nos ofreció una multiplicidad de tópicos en los que hallamos refugio. Si bien estamos acostumbrados al horror hegemónico al estilo Hollywood de tintes splatter y soft gore, nuestra película permite que el horror surja desde nosotros mismos, es decir, desde aquello que somos, o mejor, creemos ser, y el momento en el que descubrimos que nuestro supuesto orden cotidiano está cimentado en puras fantasías. Como institución primera nuestros padres son los encargados de dar una base firme a nuestras creencias posteriores, sin embargo, nos enfrentamos al derrumbe piramidal de todo posible aprendizaje y tradición: comer tantos vegetales para venirse a entrar de que es una carnívora insaciable, además de carne humana y no obstante con eso, ser un caníbal de abolengo.

Quizá de algún modo el género humano es más cercano al caníbal que a otras de las figuras de horror que nos ha dado el cine y la literatura —aunque bien hemos de recordar que el canibalismo sí se ha presentado en nuestro género en diversas culturas o situaciones particulares (piénsese en los sobrevivientes de los Andes)—. A partir de nuestra construcción social podemos notar un canibalismo político y económico que absorbe hasta las relaciones humanas, tal como aquella mordida que le da Justine a su compañero de juego erótico, mismo al que le corta el labio en esa pulsión tan cercana entre erotismo y hambre.

Hombres lobo, vampiros, zombis y monstruos diversos han aparecido en infinidad de narrativas, todas ellas denotan cierta riqueza relativa a sus orígenes humanos, de los que no se pueden desprender. Frente a estos, el caníbal aparentemente no tiene mayor complejidad que la de comer carne humana, sin embargo, piezas como Voraz nos ofrecen la posibilidad de otras lecturas contemporáneas que ya en su tiempo nos ofreció la magistral representante del género: Holocausto caníbal (1980) de Rugeiro Deodato y la basada en hechos reales: El caníbal de Rotemburgo (2006), de Martin Weisz. El canibalismo que nos presenta la directora de nuestro filme nos sigue sumergiendo en la clásica discusión sobre si el cuerpo es el que domina a la mente o la mente domina al cuerpo; lo que sí es cierto es que el cuerpo nos representa un límite, tanto de uno mismo, como hacia los demás. Los límites del deseo deben terminar en mi corporalidad, sin embargo, el canibalismo es la transgresión que se salta esos límites.

Se presentó también una cierta lectura feminista que apunta a diversos momentos de la película: desde aquella técnica para orinar parada en la que es instruida Justine, hasta el poder de ser proveerse sus propios alimentos provocando accidentes automovilísticos, sin mencionar que en el género es más recurrente que esas acciones sean representadas mediante la figura masculina, además de ser una mujer quien dirige y hace el guion. A pesar de no ser esa la motivación de la directora, nuestra filmosofía nos permite multiplicar la discusión por diversos lados, de tal manera que frente a nuestro actual contexto el tema no se excluyó.

La voracidad ante el deseo de la primera experiencia sexual de Justine desató el ánimo, no sólo de su carnalidad, sino la de su compañero de habitación, quien a pesar de ser homosexual cayó en el deseo de compartir el acto con nuestra protagonista; Adrien es contenido por sus prejuicios, pues menciona que le ha costado tanto trabajo declararse abiertamente homosexual como para mantener relaciones sexuales con una mujer. Él finalmente cedió ante el deseo, la carne es carne y su carne se utilizó también como eso: carne, que se manifestó igualmente como alimento para satisfacer el hambre de una caníbal hambrienta.

Voraz nos ofreció una amplia posibilidad de reflexión a partir de su riqueza múltiple. Pudimos cerrar —que no concluir— nuestra sesión poniendo el acento en una cuestión quizá un tanto paralela, que refiere al señalamiento ético respecto del otro y el llamamiento político a la comunidad, en tanto que podríamos admitir que habitamos en un capitalismo caníbal en el que la enajenación hacia nosotros mismos ha hecho que nos visualicemos como objetos de consumo, desde las relaciones laborales hasta las interpersonales, han reflejado una suerte de consumo del otro como medio para los propios fines. Espacios como Fil(M)osofía dentro de Cine La Mina, son un llamado a crear esa suerte de comunidad más allá del canibalismo consumista, porque nos permite ofrecer nuestra palabra y nuestra escucha al otro, en función de la construcción del nosotros. La figura del caníbal es quizá una potencia para comprendernos a nosotros mismos y nuestro entorno.

¡Compartamos la carne y la palabra, la cena está servida!






domingo, 4 de junio de 2017

¿Por qué filosofar?

¿Por qué filosofar?

Por Jesús Abraham Suárez Noriega

Tomado de 

Argonauta. Revista cultural del Bajío

Cine y Literatura en juego

Fomento Cultural Irapuato, A.C. Edición Trimestral. Irapuato. Agosto-Octubre. 2016 
Año 1 Edición No. 2 – Ejemplar Gratuito



Para filosofar se requiere cierta curiosidad. Preguntar el porqué de algo es una búsqueda infinita, indagar en lo real es un juego constante, apertura de senderos que llevan a ninguna parte. Aquel que se dedica a escudriñarlo todo es motivado por un deseo incomprensible. Pretende encontrar aquello que le falta. Lo que no tengo lo experimento como ausencia, desde la presencia. Para efectuar la filosofía se requiere acción, lo cual sugiere un cierto furor o entusiasmo relacionado con el enamoramiento. Si se va a hablar de filosofía se tendrá que conversar sobre el amor pues así indica la tan conocida etimología. El concepto griego de amor/amistad es constituyente para el filósofo. Por lo que filosofar será un acto amigable, y solamente puede realizarse entre amantes. Cuando pienso en mis amigos más queridos no los valoro por su utilidad, simplemente los amo desinteresadamente. Podemos acompañar la tradicional definición con los bellos relatos platónicos que con maestría ilustran el proceso que lleva a cabo el filosofar. Por ejemplo, el mito sobre el origen de Eros indica su naturaleza dual, puesto que refiere por un lado al hábil cazador que también descansa y se embriaga mientras el otro polo representa a la pobreza y tristeza. Así pues el amor en tal visión sugiere una correlación o conciliación con la diferencia ya que personifica lo presente y lo ausente, lo que se muestra y lo que se oculta como una fiesta de disfraces, como una dinámica de máscaras en donde se enfrenta lo contrario: lo uno y lo múltiple, la vida y la muerte, el día y la noche, el sueño y la vigilia, lo activo y lo pasivo, lo masculino y lo femenino, el movimiento y el reposo, la fuerza y la debilidad. Ahora bien, no olvidemos que otra narración cuenta que Eros fue el primero de los dioses, lo cual puede ser interpretado como aquello que constituye lo real, entendiendo a la realidad como una suerte de danza entre lo opuesto, juegos proporcionales entre la atracción y la discordia, divisiones y uniones que se invierten y coquetean perpetuamente como buenos amantes, tal concepción se presenta como paradójica y de carácter místico. Entonces por su carácter erótica la filosofía a su vez se ha entendido como aquella dinámica que desde la carencia mantiene un impulso por crecimiento, superación de sí mismo a partir de sí mismo, en donde ante todo se afirma la vida con sus matices diversos, múltiples y contradictorios. Esta aceptación del vaivén permite la formación de un carácter virtuoso, superador de todo límite, pues la existencia se desborda, y supera toda definición o categoría. De tal forma, entendiendo la vida como un filosofar, se seguirá que el vivir más conveniente consiste en afirmar la propia naturaleza y entregarse al crecimiento propio, trabajo encaminado al florecimiento de los hombres a partir del vencimiento de tristezas como la ignorancia, la cobardía o el egoísmo. Entonces, concibo la actividad filosófica como la pretensión por aumentar el impulso vital, y no como una búsqueda insaciable por obtener poder a partir de la negación del otro y de sí mismo.


domingo, 14 de mayo de 2017

5ta sesión Fil(M)osofía "La Mina" TENEMOS LA CARNE


Construyendo la carne


Parece ser que todos los caminos llevan a la carne, al menos a pensarla, a sentirla y a compartirla en clave de un diálogo sensible. Tenemos la carne, pero también somos la carne y la compartimos, nos hacemos familia —en función de la tónica que han logrado las Fil(M)osofías realizadas en La Mina, desde su primera edición— y construimos el mundo. Y es que, ¿qué otra cosa se puede hacer con una película que nos ofrece una amplia diversidad de caminos y de lecturas, sino re-construir el mundo con ella?

Ésta fue la tarea en la que nos inscribimos en la quinta edición de la Fil(M)osofía en Cine La Mina, en la que logramos una rica diversidad de interpretaciones que nos permitieron seguir explorando y escarbando, tal como se va ampliando el camino de una mina, que no lleva un rumbo determinado. De la misma manera que lo menciona Emiliano Rocha —director de Tenemos la carne—, la película ya no le pertenece sólo a él, es igualmente de quienes la leemos y la pensamos. Eso es justamente lo que hicimos veintiséis personas discutiendo las imágenes, poniendo en juego nuestras propias experiencias.

Durante nuestra excavación para la construcción de una nueva veta en La Mina, recorrimos lugares diversos y en el camino nos hallamos con variados minerales preciosos que en el proceso pulimos. Entre esas riquezas encontramos una reflexión crítica —como todas las que se desarrollaron— respecto de un sector de la sociedad excluido, aquellos invisibilizados que viven en un sub-México, en un submundo del que no tenemos noticia, un submundo que se deja atrás cuando la cámara sale al exterior y nos situamos en alguna calle del centro de la CDMX, que inmediatamente relacionamos con nuestra experiencia. La exclusión también de estos genios delirantes que van siempre creando y discurseando filosofías extrañas y mudas, para los demás, para quienes no tienen ojos ni oídos.

¿Qué más post-apocalíptico que la imagen del Centro de la CDMX, con sus zombis contemporáneos —zombis inhalando cemento, zombis de celular o zombis de oficina, entre otros— y su inmediatez cotidiana? La batalla por la carne, en sus distintas dimensiones se desarrolla todos los días, esta batalla para poseerla y para no perder la propia, que además nos sitúa en un Narco-Estado de carne putrefacta, desde el que no estaría de más, buscar un re-nacimiento, un nuevo orden que nos permita una recomposición moral y política, que trascienda al sujeto reprimido que no logra completarse y así llega a su muerte.

De este modo se manifiestan dos importantes sentidos: uno de ellos es el de la ideología nacionalista, representado mediante la figura del soldado sacrificado, el himno nacional le ha ablandado los ánimos y lo ha preparado para “bien morir”, es fácil domar al zombi institucionalizado; sólo ha sido cuestión de recordarle el nulo valor de su vida, frente al gran proyecto de Nación, fundando en la sangre y en la carne, en el hambre y en la miseria. El otro responde a la mitología cristiana: un Adán y Eva contemporáneos que, en una segunda vuelta, crearán al mundo al estilo del Antiguo Testamento, es decir, mediante el incesto.

Es así que a partir de las tan traídas y llevadas imágenes del filme, fundimos los materiales y construimos una joya invaluable que no sería posible reproducir en este espacio, sino de manera superficial, dada la amplitud y riqueza de las opiniones vertidas. De este modo le damos la bienvenida al género de horror-gore —si es que es posible etiquetar a nuestro filme en esta dupla, lo que ya sería parte de una discusión aparte—, que en nuestro país comienza a formar una interesante tradición —el Sindicato del Terror y Lex Ortega con sus propuestas cinematográficas (Atroz, 2016)—, de la que una importante parte del público guanajuatense ha demostrado una gran apertura.

Seguimos extrayendo oro y plata de la mina, a partir de un trabajo colectivo con todos ustedes y deseamos seguir expandiéndola en diferentes direcciones, ¡Cavemos juntos éste, nuestro espacio y sigamos extrayendo riqueza humana! Esperen próximamente el Segundo ciclo: Cine de carnitas, de Espíritu Pusilánime y Aberración Necrótica.

¡Tenemos la carne, tenemos la sangre, pero también tenemos el corazón!

Aberración Necrótica, primavera 2017









viernes, 21 de abril de 2017

4ta Sesión FIL(M)OSOFÍA “LA MINA”


LOS INSÓLITOS PECES GATO
Claudia Sainte-Luce (2013)




Como ópera prima de Claudia Sainte-Luce, esta película puede ser analizada con el tema de la familia y la amistad, la ayuda y compañía recíprocas que se regalan Claudia, Martha y su familia en medio de un profundo y contundente sentimiento de pérdida y orfandad, de hecho en todas sus acciones se observa entrega y amor constantes aún a través del dolor.

Analizada como obra autobiográfica, pensamos que el cine puede expresar situaciones personales sin dejar de ser universales porque nos hace vernos en los personajes, encontrar similitudes entre las situaciones planteadas y lo que vivimos, incluso tal vez esto sea parte del poder del cine: nos permite reflexionar y conocernos un poco más cuando nos identificamos con lo que vemos en la pantalla; hablamos del cine como espacio de trabajo analítico y crítico para la comprensión de la realidad y en su caso transformación.

Así, en esta reunión sobre “Los insólitos peces gato”, en nuestra plática como reflexión dialogada abordamos el tema principal de la película, amistad y familia, intercalando comentarios personales muy diversos entre sí que no impidieron concluir al respecto y por unanimidad que todos necesitamos formar grupo, sentir que somos parte de algo mayor, todos necesitamos darnos y recibir, ayudar y ser ayudados, sentir al otro, su presencia y sus acciones, y que simultáneamente los demás nos reconozcan, en una palabra integrarnos, aunque al mismo tiempo alejarnos, conservar nuestra individualidad, un espacio propio. Probablemente con la misma fuerza que necesitamos estar dentro, incluirnos, cuidar al otro y amarlo, requerimos estar fuera, alejarnos, conservar momentos de soledad para cuidarnos y amarnos a otros mismos.

Esta vivencia correlativa individualidad-comunidad fue muy bien expresada por uno de nuestros participantes con una metáfora sobre los gatos: Claudia, como cualquiera de nosotros, se acerca y une al grupo porque así lo decide, lo necesita y lo quiere, e igualmente cuando así lo siente se aleja, regresa a su soledad, se va para volver después porque también lo necesita, como un gato lo haría, sin que esto hable de egoísmo, sino de amor y entrega sinceros.

Dame una mano, toma mi mano.

En nuestra charla especialmente hablamos sobre el trabajo, esto fue muy interesante porque en nuestro grupo hubo personas de distintas edades que representan lo que podría decirse son los tres momentos de la vida laboral: jóvenes que actualmente estudian, se preparan para ocupar en un futuro próximo un puesto laboral, adultos que trabajan y que de una u otra manera no estamos conformes con la dinámica laboral, sus injusticias…, y adultos mayores que ya pasaron por lo anterior y hoy afortunadamente gozan de una jubilación sin dejar de preocuparse por el desempleo y la situación laboral. Y es que el trabajo, nuestro centro laboral representa una de las comunidades más fuertes y constantes que podemos integrar, ahí nos entregamos en vida y alma, ahí pasamos gran parte de nuestro tiempo y formamos vínculos interpersonales. Sobre el trabajo concluimos que en gran medida nos constituye como personas y le da sentido a nuestras vidas.

Pero ¿por qué hablar de trabajo cuando analizas una película que habla sobre relaciones interpersonales de amistad y familia? Además de que hoy día el trabajo es mi interés filosófico más fuerte, por lo que no pude evitar dirigir la mirada hacia a él, fue en el trabajo donde la directora, Claudia Sainte-Luce conoció en la realidad a Alejandra, la hija mayor de Martha (ambas trabajaban como meseras en el mismo sitio, de acuerdo con una entrevista que leí), fue en su lugar de trabajo, trabajando, que Claudia entabla esa amistad y de una u otra forma se integra a la familia que detonó en ella emociones y pensamientos que le llevaron no únicamente a la realización de esta película, sino que en cierto momento de su vida además de acompañarle le dieron sentido a su existencia, porque –citando a Claudia– “La vida empieza a cobrar sentido cuando alguien voltea a verte a los ojos, si alguien no voltea a verte a los ojos no estás seguro de si estás aquí y ahora.”

Estas palabras expresan justo lo que siento ahora: gracias amigos por ser y estar aquí, por compartir con nosotros, sino no acudieran a nuestro llamado, Filmosofía no tendría sentido, de hecho no existiría, ustedes le dan vida (bien dice Leslie con alegría, que ya estamos armando grupo). Especialmente gracias por acompañarnos, por darnos un espacio en su vida cuando atraviesan un momento tan trascendente como el nacimiento de un nuevo integrante en la familia, por compartir con nosotros y recordarnos que la vida es un milagro que constantemente se recrea. Profundamente gracias.




* Entrevista a Claudia Sainte-Luce Aquí encuentran la entrevista citada. Muy recomendable si quieren enterarse de algunos datos curiosos como por qué el título de “Los insólitos peces gato” y otros datos sorprendentes como la actuación en la película de una de las hijas de Martha en la historia real.


jueves, 20 de abril de 2017

Nota sobre 4ta. Sesión en "El Sol de León"


He aquí la nota periodística:
Exhiben hoy Los insólitos peces gato




* Nota al margen y en el centro de todo: Esta imagen me recordó cuando en clase con mis alumnos de prepa veíamos películas y después las analizábamos ligándolas con cierta parte de nuestro temario o algún tema que me pareciese importante tratar. Saludos a todos, están en mí.

lunes, 3 de abril de 2017

Presentación en Red Mexicana de Cafés Filosóficos

Café filosófico FIL(M)OSOFÍA “La Mina”  

Presentación en Red Mexicana de Cafés Filosóficos


Cine "La Mina" es un espacio de difusión, promoción y debate del cine, especialmente de películas que rara vez se estrenan en Guanajuato precisamente porque no forman parte del cine comercial o que duran poco tiempo en cartelera. Desde el inicio La Mina se interesa por ofrecer una experiencia completa alrededor del séptimo arte, es así que nació el Café filosófico Cine “La Mina” el pasado 26 de enero tomando como base para su charla filosófica el documental "Llévate mis amores".


Nuestro filocafé como todos los que integran esta Red Mexicana de Cafés Filosóficos, es un lugar de encuentro para la libre expresión y el aprendizaje a través del diálogo, tomando como objetivo fundamental abordar desde una perspectiva filosófica temas que consideramos importantes o interesantes y que generalmente dejamos pasar por falta de tiempo o de un foro para reflexionar sobre ellos. Entendiendo por perspectiva filosófica un esquema de discusión que busca posibles soluciones a problemas prácticos a la vez que fomenta nuestra capacidad de intercambiar ideas, analizar críticamente e incluso poner a prueba nuestras convicciones.

Lo particular en nuestro café filosófico consiste en que siempre partimos de una película, es decir, nuestras charlas nacen del tema abordado en una película proyectada en Cine “La Mina”, motivo por el cual y para expresar con mayor exactitud la labor de nuestro café, éste se llama FIL(M)OSOFÍA "La Mina".



FIL(M)OSOFÍA “La Mina” se reúne cada tres semanas en día jueves a las 20:00 hrs, en el espacio de cafetería de Cine “La Mina” con la participación del público que previamente ha visto la película en cuestión e interesado por compartir su punto de vista sobre la misma y con la moderación de Karla Portela, quien actualmente estudia el doctorado en Filosofía, en la Universidad de Guanajuato.


Así, los invitamos a participar con nosotros en FIL(M)OSOFÍA “La Mina” 
aprovechando estos medios telemáticos o por qué no, 
tal vez en persona durante alguna visita a nuestro mágico Guanajuato.