jueves, 22 de enero de 2026

Conócete a ti mismo

 


Una de las frases más conocidas entre quienes se interesan por la filosofía es: Conócete a ti mismo.

 

El origen de esta sentencia es griego: Γνῶθι σεαυτόν (Gnōthi seautón). Estaba inscrita en la entrada del templo de Apolo en Delfos y se asocia a la sabiduría arcaica griega. Fue Sócrates quien la colocó en el centro de la práctica filosófica, aunque otorgándole un sentido distinto al que tenía en la tradición clásica.

 

En esta tradición, el “conócete a ti mismo” significaba, ante todo:

·         reconocer los límites humanos

·         saber que no somos dioses

·         asumir nuestra condición finita

 

En Sócrates, en cambio, la misma sentencia adquiere un giro ético y existencial. Implica:

·         el examen de la propia vida

·         el cuidado del alma

·         la conciencia de la ignorancia

De ahí la célebre frase que se le atribuye: Una vida sin examen no merece ser vivida.

 

Posteriormente, en el mundo latino y luego en la tradición cristiana, el mandato –expresado como Nosce te ipsum– se resignificó como:

·         conocimiento moral

·         examen de conciencia

·         camino hacia la verdad y, en algunos casos, hacia Dios

Agustín de Hipona, por ejemplo, lo vinculó con la interioridad mediante la conocida exhortación: Noli foras ire, in te ipsum rediNo salgas fuera, vuelve a ti mismo.

 

Ahora bien, a lo largo de la Modernidad, el “conócete a ti mismo” fue transformándose y tendió a volverse:

·         individualista

·         psicológico

·         y en ocasiones, despolitizado

 

Frente a esta reducción, diversas filosofías críticas contemporáneas –feministas, comunitarias, decoloniales– recuerdan que el “sí mismo” no es una entidad aislada, sino una realidad profundamente relacional. Está atravesado por la historia, el poder, la colonialidad, el género, la clase y múltiples condiciones sociales.

 

Desde esta perspectiva, conocerse no es simplemente mirarse al espejo, sino comprender desde dónde pensamos y desde dónde vivimos. Así entendido, el “conócete a ti mismo” no es un llamado al narcisismo, sino al reconocimiento de la condición humana, de sus límites y de su responsabilidad ética en el mundo.

 



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