jueves, 5 de marzo de 2020

Lo que necesitamos para escribir, para que la pluma se suelte y no soltarla...


Lo que necesitamos para escribir, 

para que la pluma se suelte y no soltarla…


(leyendo "El libro vacío", por Josefina Vicens) 


San Jerónimo escribiendo, Caravaggio, 1605


La escritura es ante todo un proceso creativo. Estoy de acuerdo en que la creatividad crece y fluye solamente en un ambiente tranquilo, relajado, sin preocupación ni presión alguna del tipo: tiene que ser extenso y bello, profundo y simple a la vez…

Asimismo, detrás, delante, sobre y alrededor del acto de escribir está siempre, manifiesto o no, el acto de leer…

Igualmente escribir y vivir van de la mano, no se escribe sino lo que se vive, se siente y piensa; se habla, se escribe sobre la propia vida y todo lo que ello implica…

El acto de escribir puede llegar a ser tan complejo que requiere tener raíz, origen en una fuerte pasión, un interés y gusto que tendrá el impulso necesario, la fuerza indispensable para llegar hasta el final de la página y hasta la última de ellas, si ha nacido de la incomodidad y molestia, de la carencia o falta. Quizá sea este el lado obscuro de la escritura: nace de un sentimiento negativo.

En mi opinión, la escritura no es búsqueda por librarse de la estrechez de los límites de la vida, trascender la propia muerte, la escritura no es medio para evadir el vacío, por lo contrario, para mí la escritura es una forma de afrontar ese vacío que representa la inconsciencia, la incomprensión de un suceso, una vivencia o fenómeno. La escritura es sumergimiento y reflexión en el vacío de la vida, que no es la muerte sino la inconsciencia respecto a qué sucede y por qué, que estoy haciendo y para qué, esto delimitado dentro de un área o aspecto de la realidad, se trata de lo abstracto en lo concreto o viceversa, lo concreto en lo abstracto.

¿Cómo decirlo de manera que resulte claro y no ambiguo? De acuerdo con el prólogo escrito por Aline Pettersson en gran medida “El libro vacío” responde a una temática en auge durante su redacción, el existencialismo, a la vez que apunta a la obsesión por el acto de morir que manifestaba la autora, Josefina Vicens. Todo esto, en mi perspectiva, ejemplifica que una persona se siente movida a escribir en respuesta a la exigencia por llenar el vacío debido a la inconsciencia o incomprensión de un área particular de la realidad que interesa o gusta a nivel personal.

Así, la escritura es sin excepción alguna subjetiva e intersubjetiva; lo primero porque la escritura es siempre en el fondo un asunto personal, vital, la personalidad del autor, aún en el caso de textos académicos, se asoma siempre por los intersticios; lo segundo porque el escritor no escribe para sí, sino para los demás, probablemente es esto lo que complica tanto el acto de escribir, elegir las palabras exactas, justas y precisas, encontrar en uno la sensibilidad y agudeza necesarias para expresar lo personal en forma universal.

Además, constantemente rondarán en la mente del escritor, formuladas de una u otra forma, las preguntas: ¿cómo perciben los otros mi esfuerzo?, ¿se perciben los resultados, son susceptibles?, ¿puedo decir que he trabajado y justificar mi cansancio?... –Preguntas a las cuales agrego en este momento unas más: ¿será por esto que queremos, que buscamos ser publicados?, ¿para que vean que sí trabajo y lo hago bien?... Me pregunto cómo será escribir con la intención de ganar un concurso, ser reconocido con un premio o al menos una mención…–

Sin duda escribir exige libertad y ésta enfrenta barreras, algunas de ellas son la inexorable muerte y lo circunstancial, que la autora, Josefina Vicens parece afrontar en “El libro Vacío” y “Los años falsos”; afrontamiento que se da creativamente, la escritura como un ejercicio de consciencia, un intento por comprender que si bien no alcanza la victoria sobre la muerte ni las circunstancias, si da espacio a una liberación del propio sentir y pensar, con el que curiosamente se identificará el lector, porque la escritura tal vez sea entre otras cosas, un espacio en el que encuentro a la humanidad en mí y yo en ella, donde las propias maneras no son realmente propias, sino compartidas, universales e intemporales. Seguramente esto influye en la transformación de un libro en obra y por qué no, una obra maestra. 

Comenzar con un tienes que hacerlo es para mí, el peor inicio, mejor sería un quiero hacerlo rotundo y fuerte, aunque paciente a la vez porque las palabras no fluyen siempre en forma suave y continua, antes bien su fluir suele exigir descansos, pausas cortas y largas. Escribir es un proceso, se recolectan ideas, pensamientos y luego se ciernen, se depuran para cobrar forma paso a paso.

Otro aspecto más en el acto de escribir consiste en un cierto dejar de vivir en la cotidianidad y con los otros porque se tiene que cumplir, o se siente así, una tarea superior; dedicarse a la escritura implica ajenidad respecto al derredor e incluso consigo mismo, es por ello que por momentos y regularmente en forma abrupta quien escribe requiere una comprobación de la propia existencia física, es como si hubiera un desajuste entre lo que soy y lo que me representa, explica José García –personaje central en “El libro vacío”–.

¿Existe un sistema para escribir? ¿Qué podríamos hacer sino escribir de nuestra vida, de lo que es en realidad nuestra vida? No podríamos contar otra cosa. La grandeza que distingue a la obra maestra del simple y llano diario radica en la forma de la expresión y el juego sabio con que sutilmente se oculta el autor detrás de las palabras, las descripciones, las sentencias que al leerlas parecen ser mías, ser propiedad del lector y no del autor.

José García en esos dos cuadernos que representan para él agridulce martirio, cree haber plasmado sólo desvaríos sin valor alguno, en realidad, al relatar el paseo nocturno, la espontánea noche de fiesta que ha tenido con su esposa, cómo ha logrado cubrir la cuenta en el bar; al reconocer que en ocasiones se arrepiente de haberse casado; la forma en que describe su vida laboral, un día de oficina; cómo la incertidumbre y angustia aumentan conforme los hijos crecen; al recordar el que fue su primer amor, una relación envuelta en abrazos y rechazos con una mujer mayor que él; cuando se cuestiona de regreso a casa sobre la fraternidad, el amor a la humanidad; la manera en que verbaliza el sofocamiento debido a la rutina, cómo lo que unos llaman estabilidad y seguridad para él es cobardía y agonía; pero sobre todo cuando reflexiona sobre su soledad y muerte, cómo será cuando muera, si alguien lo notará, si su esquela se perderá entre las páginas del periódico y sólo será una más… En todas, en cada de una de estas narraciones que parecieran ser un diario, por lo que José García las ningunea y desprecia, sin darse cuenta ha escrito ya ese libro que tanto persigue, ¿o es el libro lo que lo persigue a él?

Pero nuestro autor, continuará su búsqueda preguntándose primero por el tema, cómo elegirlo para que interese a los demás, porque se requiere tener algo que decir, subraya, es necesario encontrar el qué contar y el cómo, qué se dirá y qué palabra lo refleja con nitidez y exactitud…

Tal vez algo cierto en torno a la escritura sea que en ella musa y oficio se entrelazan, que lo escrito siempre es un tejido de experiencia, conocimiento e imaginación.


"Reading woman on a couch", Isaac Israels








viernes, 14 de febrero de 2020

Escribir sobre amor...


Escribir sobre amor…



El beso, Edvard Munch, 1897


Escribir sobre amor al tiempo que corre en el aire la noticia de un nuevo feminicidio, al tiempo que observas a tu alrededor formas cada vez más paradójicas, ambivalentes, por no decir contradictorias de expresar amor y amistad… Quizá confundimos nuestro sentir, probablemente no hemos aprendido a distinguir entre necesidad, deseo y amor, tal vez no somos conscientes sobre cuándo y en quién encontramos una abundante fuente que puede saciar nuestra necesidad de compañía y fornicación, cuándo se trata de pasión y deseo ardientes que arrebatan de golpe y efímeramente, y cuándo hemos caído en el abrazo del sentimiento más humano, el amor, que resulta también el más complejo porque se teje de necesidad corporal, deseo erótico y anhelo espiritual. Aunque hay mucho más, es posible y necesario profundizar, comenzar por preguntar qué es el amor.

Así, en medio de mi cuestionamiento sobre el amor, llegó a mí un libro como caído del cielo, es decir, en el momento justo y preciso, en manos de alguien que aún quizá sin proponérselo abre con tal regalo un espacio de lucidez, lo cual se agradece con el corazón en la mano, con toda sinceridad, a la par que se convierte en algo similar a un deber fraternal por compartir lo descubierto, lo reflexionado y aprendido. De este modo, en los siguientes párrafos intento dar continuidad a tan valioso obsequio, esbozo algunas ideas contenidas en La llama doble, de Octavio Paz.

El amor es una manifestación de la vida, igual que el erotismo y el sexo, salvo diferencias: mientras éste último consiste en instinto sexual que comparte el individuo humano como rasgo animal conducente a la reproducción por acoplamiento; el erotismo es ceremonia, es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad en invención y variación constante que huye de la reproducción en búsqueda del placer; en tanto que el amor es un sentimiento propiamente humano que precisamente por su origen, una criatura efímera y cambiante, es una idea, una imagen que varía en el tiempo y en el espacio, de una época y un lugar a otros.

El sexo es naturaleza, es instinto insaciable que no responde a una regulación fisiológica y automática por lo que es canalizado mediante reglas, prohibiciones y tabúes que protejan a la sociedad de su desbordamiento, esto a través del erotismo, que como pararrayos del sexo entraña reglas que comparten dos principios: abstinencia y licencia, ninguna absoluta, sino siempre en diálogo contradictorio encarnado en dos figuras emblemáticas, el religioso solitario y el libertino. El erotismo como el amor, es cultural.

Dentro de una visión panorámica se observa una idea de amor en Occidente y una idea de amor en Oriente, si bien Paz señala como diferencia fundamental entre ambas su relación o no con la religión, además del papel que juegan en ellas libertad y destino, me limito a exponer someramente los cuatro grandes estadios en la idea de amor occidental que el mismo autor traza: Grecia Antigua, la prehistoria del amor en Alejandría y Roma, amor cortés que surge en el siglo XII y el amor en la Modernidad. Previo a lo cual conviene distinguir entre sentimiento amoroso, como atracción pasional hacia una persona entre muchas, sentimiento universal e inespacial que transforma al objeto erótico en un sujeto libre y único; y, amor, como reflexión sobre el sentimiento amoroso, como idea adoptada por una sociedad y una época, que incluso en ocasiones se convierte en ideología de una sociedad, mostrándose entonces como un modo de vida, un arte de vivir y morir.

El Banquete de Platón, Anselm Feuerbach, 1873

En la referencia a Grecia Antigua inmediatamente acude a nuestra mente Platón, sus diálogos, en este caso El Banquete, y particularmente la conversación que ahí sostienen Diotima y Sócrates, quienes juntos parecen concluir que el amor es una de las formas en que se manifiesta el deseo universal y consiste en la atracción por la belleza. El amor se muestra como un sentimiento complejo por mixto, porque se halla compuesto de varios elementos unidos y animados por el deseo: todos los hombres desean lo mejor (comenzando por lo que no tienen) y su felicidad estriba en alcanzar aquello que desean. De manera que el amor es el deseo de lo mejor y de tenerlo para siempre; el amor es deseo de perpetuación, de reproducción que puede ser corporal, unión de cuerpos para la reproducción, y del alma, cuando ésta engendra en otra alma ideas y sentimientos imperecederos, se trata de concebir con el pensamiento.

Así, en el transcurso de El Banquete y partiendo de la afirmación de que si lo que el hombre desea es la belleza amará más de un cuerpo, se amará a sí mismo y especialmente amará lo que hace hermosas a las formas, a los cuerpos, es decir que amará las ideas, las almas, Platón nos indica el camino ascendente a recorrer para alcanzar la plenitud del amor:


 

En otras palabras y de acuerdo con Platón, si el amor es atracción por la belleza acompañada por el deseo de inmortalidad, ¿qué otro modo de participar en ello sino por la contemplación de las formas eternas, las Ideas?

Tal vez lo más importante para nuestra indagación es que Platón no concibe el amor como una relación, sino como una aventura solitaria que termina en la contemplación de la idea, observa Paz. En el amor platónico ocurre una separación tajante entre cuerpo y alma, consecuentemente el placer físico queda condenado y el objeto (cuerpo o alma) de amor nunca se convierte en sujeto, en el contacto con el otro puede haber discurso, pero nunca diálogo ni conversación, se trata de un contacto entre dos o más individuos que en ningún momento se constituye como una relación auténtica. Lo cual difiere con la idea de amor en Alejandría y Roma, donde en el objeto de amor comienza a perfilarse su transformación en sujeto, dando oportunidad a la formación de una relación genuina (precisamente por ello Paz llama a este segundo estadio la prehistoria del amor).

“El amor nace en la gran ciudad.” (Paz, 2016: 51) La prehistoria de nuestra actual idea de amor surgió dentro de Alejandría y Roma, en el corazón de la sociedad helenística con base en un cambio social: la mujer fue más libre; el objeto erótico comenzó a transformarse en sujeto, sobre todo las mujeres adquirieron albedrío para aceptar o rechazar a sus amantes. Paulatinamente la mujer se hizo dueña de su cuerpo y su alma, fue entonces que el amor pudo ser ejercicio de libertad, una transgresión y desafío a la sociedad. Evidencia de esto se encuentra en los escritos del poeta Catulo, quien señala como los tres elementos del amor: la elección, la libertad de los amantes; el desafío, el amor es una transgresión; y, los celos, amor como pasión que se filtra en la conciencia hasta paralizar la voluntad. A diferencia de los filósofos griegos, los poetas alejandrinos exaltan el amor sin cerrar los ojos ante sus estragos; cambio que se debe, que responde a razones de orden histórico, social y espiritual: con el ocaso de las democracias y la aparición de monarquías poderosas los individuos se replegaron hacia la vida privada. “La libertad política cedió el sitio a la libertad interior.” (Paz, 2016: 72) y con ello se dio una evolución de ideas y costumbres en que fue decisiva la nueva situación de la mujer, las mujeres comenzaron a desempeñar oficios y funciones fuera de su casa

La emergencia del amor es inseparable de la emergencia de la mujer. “No hay amor sin libertad femenina.” (Paz, 2016: 73) Los deberes políticos exaltados por Platón y Aristóteles fueron desplazados por la búsqueda de la felicidad personal, la sabiduría o la serenidad al margen de la sociedad. Alejandría y Roma representan la prehistoria del amor por su exaltación de una pasión que la filosofía clásica había condenado como una servidumbre donde el amor nacía de una atracción involuntaria, ahora con la intervención del albedrío el amor se convirtió en unión voluntaria, lo que antes era servidumbre se transformó en libertad.

Fue en el siglo XII, en Francia que aparece el “amor cortés” sin un origen religioso ni filosófico, antes bien como creación de un grupo de poetas dentro de la nobleza feudal, producto de una fecundidad espiritual, el amor como forma de vida que no es amor “villano” (reducido a copulación y procreación), sino un sentimiento elevado, propio de cortes señoriales, “amor purificado, refinado” que no tiene por fin el placer carnal ni la reproducción, que es ascético y estético. El surgimiento del amor cortés se liga a la evolución de la condición femenina, influida por un lado y en cierta medida por el cristianismo que otorgó a la mujer una dignidad desconocida en el paganismo; y por otro, por la herencia germana, ya que las mujeres alemanas eran mucho más libres que las romanas.

Sin embargo, probablemente el mayor cambio al interior del amor cortés consistió en la inversión de papeles entre el amante y su amada dama, la alteración de la jerarquía de los sexos: ahora la mujer ocupaba la posición superior y el amante la de vasallo, la dama es la señora y su amante es su sirviente; sin que esta elevación de la mujer, de súbdita a señora, de su cuerpo y de su alma, se traduzca en deificación del sexo femenino, por lo contrario se trata de un reconocimiento, de un paso fundamental hacia la igualdad de los sexos. En este cambio Paz señala una influencia árabe en los poetas provenzales, a la vez que subraya la concepción del amor como exclusivamente humano, es decir, que el amor no conduce al Otro, no es vía para llegar a Dios, sino un accidente, una pasión, el amor es algo que pasa a los hombres. Y en todo ello, en esta transformación de nuestra idea de amor los poetas han desempeñado un papel determinante: una de las funciones de la literatura, escribe Paz, es la representación de las pasiones y entre ellas prepondera el amor, cabe mencionar que junto a la pasión del poder, la ambición política a la sed de bienes materiales. Así, la mayor parte de la literatura occidental tiene por asunto el amor; cada poeta y novelista tiene una visión propia del amor y ante tal variedad es posible concluir que la historia de la literatura occidental es la historia de la metamorfosis del amor, aunque el arquetipo creado en el siglo XII está intacto, permanece un conjunto de condiciones y cualidades antitéticas que distinguen al amor de otras pasiones: atracción-elección, libertad-sumisión, fidelidad-traición, alma-cuerpo. De una u otra forma se ha dado continuidad en la idea de amor que surgió en la Edad Media, en el siglo XII y que llegó a nosotros a través de Dante, Petrarca y sus sucesores, hasta los poetas surrealistas del siglo XX. Incluso, afirma Paz, la historia del “amor cortés”, sus cambios y transformaciones son la historia de nuestra sensibilidad, la historia de la civilización de Occidente.

Dante y su poema, Domenico di Michelino, (1465)


¿Cuál es entonces la idea o imagen de amor en la Modernidad? Si bien, como ha dicho Dante el amor es un accidente, algo que pasa a los hombres y mujeres, y estos son imprevisibles, no es viable ni prudente enunciar una esencia del amor, aunque sí es posible sostiene Paz enunciar algunos elementos constitutivos de la imagen del amor. “Al intentar poner un poco de orden en mis ideas, encontré que, aunque ciertas modalidades han desaparecido y otras han cambiado, algunas han resistido a la erosión de los siglos y las mutaciones históricas. Pueden reducirse a cinco y componen lo que me he atrevido a llamar los elementos constitutivos de nuestra imagen del amor.” (Paz, 2016: 117) Los cuales son: exclusividad; libertad; obstáculo y transgresión; dominio y sumisión; cuerpo y alma; y que a su vez pueden ser reducidos en: exclusividad, amor a una sola persona; atracción, fatalidad libremente asumida; y, la persona, que es cuerpo y alma.

Ahora, sin detallar en los anteriores elementos, es posible resaltar en la idea de amor moderna una liberación erótica que coincidió con la revolución artística plasmada particularmente en el surrealismo de Bretón, como continuador de Dante y Petrarca; en la intención por abolir la oposición entre filosofía cristiana y amor cortés tuvo lugar una rebelión de los sentidos y del pensamiento, mezcla de cuerpo y mente, libertad, con-en la sensualidad. Después de la Guerra Fría nació una moral erótica más libre caracterizada por la participación activa y pública de mujeres y homosexuales, así como una tonalidad política en las demandas de esos grupos; se trata del sexo como materia de debate político, igualdad y reconocimiento de la diferencia; la política absorbió al erotismo y lo transformó, dejó de ser una pasión para convertirse en un derecho. Ante lo cual es inminente preguntar ¿qué hemos hecho de la libertad erótica?

Hasta hoy nuestra libertad erótica parece estar confiscada por el dinero y la publicidad, al mismo tiempo que ha tenido lugar un paulatino crepúsculo de la imagen del amor en nuestra sociedad (incluso rezan por ahí, que “el amor apesta”). La confiscación del erotismo y del amor por los poderes del dinero es un aspecto del ocaso del amor, el otro es la evaporación de su piedra angular: la persona, unión y correlación de cuerpo y alma. Todo lo cual, debe decirse, abre paso a la barbarie tecnológica y en cierto sentido es fruto de la actitud crítica característica del pensamiento moderno que cuestiona y analiza cada rincón de la realidad humana, de suerte que por influencia de la ciencia y abandono de la filosofía, por lo general se niega actualmente la existencia, la presencia del alma. “El cuerpo ha dejado de ser algo sólido, visible y palpable: ya no es sino un complejo de funciones; y el alma se ha identificado con esas funciones.” (Paz, 2016: 167) Sin duda la relación cuerpo-alma es un tema complejo y abierto a discusión reflexiva, lo que atañe aquí es mencionar que Paz señala y propone retomar el diálogo entre ciencia, filosofía y poesía como preludio a la reconstitución de la unidad de la cultura y con ello la resurrección de la persona humana.

“Aunque el amor sigue siendo el tema de los poetas y novelistas del siglo XX, está herido en su centro: la noción de persona. La crisis de la idea del amor, la multiplicación de los campos de trabajo forzado y la amenaza ecológica son hechos concomitantes, estrechamente relacionados con el ocaso del alma. La idea del amor ha sido la levadura moral y espiritual de nuestras sociedades durante un milenio. Nació en un rincón de Europa y, como el pensamiento y la ciencia de Occidente, se universalizó. Hoy amenaza con disolverse; sus enemigos no son los antiguos, la Iglesia y la moral de la abstinencia, sino la promiscuidad, que lo transforma en pasatiempo, y el dinero, que lo convierte en servidumbre. Si nuestro mundo ha de recobrar la salud, la cura debe ser dual: la regeneración política incluye la resurrección del amor. Ambos, amor y política, dependen del renacimiento de la noción que ha sido el eje de nuestra civilización: la persona.” (Paz, 2016: 171)


Amantes, Nicoletta Tomas


Llegados a este punto es necesario contextualizar, recordar que La llama doble es una obra escrita en 1993, que seguramente el tiempo ha erosionado la idea de amor, que nuevas mutaciones han acaecido y con gran probabilidad nos parecerá discutible lo afirmado por nuestro poeta. No obstante dos afirmaciones y una previsión construidas a lo largo del texto me resultan innegables, totalmente vigentes; las afirmaciones son: la historia de la humanidad es la historia del amor y la historia del amor es la historia de la libertad femenina; y, amor es otredad, el amor se teje entre un yo y un otro, el amor es intersubjetividad y con ello política y libertad. En tanto que la previsión consiste en atender la crisis que atraviesa nuestra idea de persona, en que se ha omitido al alma, porque no sólo somos cuerpo, carne y sangre, hay en nosotros algo más que materia, si no ¿por qué nos horroriza y alarma la muerte, el asesinato? Ciertamente es condenable el despojo del aliento vital a un cuerpo, pero lo que hace de este hecho y la exposición de imágenes que lo constatan algo humillante, inhumano no es el truncamiento material de esa vida, sino su mutilación intangible, lo profundo de la indignación ante un feminicidio, ante el homicidio en general, radica en el truncamiento de pensamientos, sentimientos, sueños y anhelos, en el arrebato de esa vida, de esa presencia humana, corporal y espiritual, indescriptible en palabras.



Paz, Octavio (2016). La llama doble. Ed. Seix Barral. México.




domingo, 10 de febrero de 2019

#22 Fil(m)osofía "La Mina" - El viaje de Chihiro


El viaje de Chihiro

(Hayao Miyazaki, 2001)





¿La profundidad no está en lo que se mira, sino en quien mira? 
¿La sensibilidad no está en lo creado, sino en quien crea? 
¿El arte no radica en el objeto creado y mirado, sino en el creador-constructor y en el contemplador-deconstructor?

En Fil(m)osofía partimos de una premisa pensada, sentida y vivida: reflexionando deconstruimos, interpretando construimos; con nuestro pensamiento y palabras, en diálogo intercambiamos sentimientos y argumentos, posibilitamos y nos preparamos para cambiar-nos, transformar-nos la realidad, nuestra realidad en algo mejor, más humano y comunitario. ¿Cómo hacemos, pretendemos hacer esto? Cada vez convocamos para ver juntos una película, al terminar nos reunimos para compartir lo que nos hizo pensar y sentir, intercambiamos y nos unimos en nuestras diferencias y coincidencias; sin conclusiones tajantes, nos despedimos quizá con más preguntas que respuestas, aunque siempre con una propuesta.


Así, el pasado miércoles 6 de febrero en Cine la Mina hicimos un gran día, hubo casa llena, aproximadamente 15 personas nos reunimos para contemplar “El viaje de Chihiro”, obra maestra del ánime, película multipremiada, digna del aprecio general y principalmente enriquecedora desde nuestra perspectiva porque como platicamos ese día se trata de un filme en que puedes nadar, snorkelear o bucear, una película que te puede entretener o hacer crecer, cada uno decide.


Decimos que se puede nadar en “El viaje de Chihiro” si observamos la amistad y la identidad como sus temas centrales; consideramos que se profundiza un poco más, snorkeleamos, cuando analizamos la interpretación dada por algunos críticos que afirman como sus temas predominantes prostitución infantil y pederastia; profundizamos aún más cuando no sólo encontramos lazos de amistad entre Chihiro y distintos personajes que le ayudan a sobrevivir y vivir, aprender y crecer, formar su identidad, sino que además identificamos hechos o situaciones presentadas a lo largo de la película que se prestan a justificar la afirmación de la prostitución infantil y la pederastia como los grandes temas de la misma –sobre lo cual no detallamos para no restar al ejercicio reflexivo de quienes están por ver esta película–, y comenzamos a bucear cuando observamos en este viaje una aguda crítica social a la occidentalización de Japón durante la posguerra traducida en pérdida de tradiciones y espiritualidad que da paso al consumismo, a la mercantilización incluso de las personas, a su cosificación, todo esto último como rasgos propios del capitalismo que nos parece representado a grandes rasgos en la figura de Yubaba, contrastada por su hermana gemela Zeniba, figura que nos parece personificar al socialismo; capitalismo y socialismo –Yubaba y Zeniba– dos caras de la misma moneda, dos posibles formas de organización en la sociedad y de concebir-vivir el trabajo, la actividad productiva del hombre: el trabajo como medio para obtener-ganar-acumular dinero y bienes materiales –capitalismo–; el trabajo como medio para la subsistencia material y complementario a esto el trabajo como fin en sí –socialismo–, como actividad en que nos descubrimos (formamos nuestra identidad) y compartimos (nos relacionamos con otras personas e incluso integramos comunidad). Ésta fue la propuesta de nuestra filmosofía el pasado miércoles: concibamos y vivamos el trabajo como un viaje que nos hace crecer, que nos forma y a la vez transforma nuestro rededor, que sirve y ayuda a otros, porque al final del día todo oficio y profesión es servicio, donación personal para crear un mundo mejor.

En suma, “El viaje de Chihiro” es una producción fílmica que puedes analizar en su forma, es decir como obra perteneciente al ánime y en lo cual contribuyó admirablemente nuestra invitada Faby Manzano, comunicóloga y reportera en periódicos locales, a quien agradecemos de todo corazón compartir con nosotros su gusto y conocimientos sobre el ánime en general y en particular sobre el trabajo de Studio Ghibli, especialmente de Hayao Miyazaki; o bien que puedes deconstruir en su contenido nadando, snorkeleando o buceando, como antes fue dicho. Sin embargo, lo sustancioso y más valioso aquí es para nosotros la comunidad reflexiva-cinéfila que integramos y es por eso, entre otras cosas que amamos el cine, porque convoca, reúne y une.


Mil gracias nuevamente a quienes acuden a nuestra invitación, a quienes nos permiten conocerlos y re-conocernos en nuestras palabras compartidas, en nuestro diálogo que aspira y se dirige hacia una realidad en armonía.





domingo, 20 de enero de 2019

#21 Fil(m)osofía "La Mina" - La casa de Jack


La casa de Jack
(Lars Von Trier, 2018)




“La película no está encaminada al horror, al asesinato”, tal vez no fue ésta la frase que abrió nuestra charla, pero sí la afirmación que detonó nuestra reflexión; abajo algunas de las observaciones:

*Se trata de un autohomenaje, Jack es alter ego de Von Trier, y de un “picar las costillas” a sus críticos; además de provocar a las buenas conciencias.

*Sin duda marcar paulatina y constantemente a lo largo del filme la diferencia entre ingeniería y arquitectura apunta hacia una desacralización del arte.

*Es una confrontación con uno mismo, con la condición humana; incomoda e incluso asusta porque confronta con los propios miedos y deseos violentos, que de una u otra forma y en algunos casos son contenidos o incluso sanados en la contemplación de este tipo de películas.

*Innegablemente “los humanos hacen lo más inhumano”; ¿qué tanto la película refleja un retorno actual a la época en que la violencia era normalizada, parte de la vida cotidiana? 





Los participantes coincidimos en que “La casa de Jack” se presta a múltiples interpretaciones por su contenido simbólico y así puede ser leída desde distintos órdenes, como ético/moral, estético y social. A lo cual se suma que cada público se encuentra inmerso en un contexto social (reglas) a partir del cual percibe y aprecia el arte. De hecho, se puede identificar al menos tres públicos, comentó uno de los presentes, un público conocedor-intelectual que reconoce e identifica en esta obra elementos del psicoanálisis y de pintura entre otros; un público risueño que reacciona al humor negro, que disfruta las escenas violentas porque son actuación; y un público conocedor del cine el general y del autor y su obra en específico.




Es cierto, la película no es de horror, tampoco es su tema central la vida de un psicópata con oficio de asesino serial; esta obra se dirige al cuestionamiento de las reglas, que al parecer siempre tienen raíz en la dualidad bien-mal, el tema es la trasgresión de los límites… Con esta afirmación se abrió un segundo momento en nuestra charla y nos preguntamos si el arte va más allá de esa dualidad, si en el arte no hay reglas ni límites… ¿realmente es así?, ¿el arte trasciende la visión maniqueista que lo clasifica todo en bueno y malo, permitido y prohibido?, ¿al artista todo le es permitido? Por ejemplo, ¿en la creación de su obra el artista puede usar cualquier objeto o sujeto como material, con indiferencia de que sea un ser vivo o no vivo, personas y animales incluidos?

Sólo hay una regla en el arte –y probablemente en todo lo humano–, compartió una de las participantes: que el ser humano sea siempre fin y no medio; consecuentemente no se puede usar a una persona aún con fines artísticos, tampoco otros seres con vida, moralidad o espiritualidad.




Quizá se trascienda, diluya en el tiempo la dualidad bien-mal, pero la dualidad individuo-grupo permanecerá. En el caso que aquí nos ocupa dicho binomio se desdobla en artista-contemplador y su interacción es la interpretación, la de-construcción y re-construcción de la obra, de “La casa de Jack”, que puede ser tan simple como un decir me gusta o me disgusta o tan rica y gozosa como una fil(m)osofía. Así, los participantes concluimos esta reunión con dos ideas: la primera, compartimos una aspiración, el equilibrio entre individuo y grupo, persona y comunidad, dado que somos coexistentes, dado que ninguno puede renunciar al otro vivamos, convivamos con base en reglas y leyes, acuerdos o pactos explícitos, expresos y en su caso establecidos por autoridad competente, pero no conforme a convenciones porque son tácitas y se basan en costumbres o precedentes; y, la segunda, claramente en lo individual para cada uno de nosotros esta obra representa algo distinto, algo personal, aunque simultáneamente coincidimos en que es una buena película porque imposibilita la indiferencia, porque mueve y divide la opinión, porque genera polémica, discusión y reflexión. Si una película es buena cuando impacta al espectador, cuando lo arranca de la indiferencia, entonces “La casa de Jack” lo es. Acorde con esto si un auténtico artista es quien provoca a las personas con su obra, entonces Lars Von Trier lo es y acertadamente ha dicho: “Soy un artista y por tanto un provocador”[i].




¡Muchas gracias nuevamente a quienes dan vida a Fil(m)osofía! 
Nos vemos pronto. 






jueves, 14 de junio de 2018

#18 Fil(m)osofía "La Mina" - Tres anuncios por un crimen


Tres anuncios por un crimen
Martin McDonagh, 2017




Generalmente iniciamos nuestra charla a partir de dos o tres ejes o guías que como moderadora propongo a partir de mi percepción sobre cuál es el tema o las ideas principales plasmadas en la película-pretexto para nuestra reflexión. Esta ocasión comenzamos de otra forma, tras prometer que al final de la sesión les diría lo que yo consideré como temas-eje en este filme, pedí a los asistentes que nos compartieran qué habían pensado, sentido y/o recordado… Algo que valoramos muchísimo en Fil(m)osofía es que poco a poco estamos creando una comunidad de diálogo que nos permite expresarnos con apertura y confianza, así, a las primeras ideas aportadas se sumaron otras más hasta integrar la participación de todos los presentes, si bien cada uno posee su opinión, su perspectiva, claramente también coincidimos en algunos puntos, los cuales relato brevemente a continuación:

* Justicia
Frente a un acto criminal impune se plantean al menos dos opciones, exigir a las instituciones correspondientes que actúen, que encuentren a los culpables-responsables-criminales (nótese que el uso de los términos no es neutral, sino que por lo contrario implica toda una ideología) y apliquen la ley, en otras palabras que tenga lugar el Estado de Derecho, o bien, buscar-hacer justicia por propia mano, en cierto sentido desconocer la ley jurídica, la autoridad que embisten las instituciones legítimas y con ello aproximarse a un Estado de anarquía.

* “Yo soy yo y mi circunstancia”
Cada uno de los personajes, en forma muy cercana a cómo somos las personas en la realidad, presenta luz y sombra, aciertos y errores, cada uno de ellos actúa conforme a sus creencias, pensamientos y sentimientos, conforme a su bagaje, su contexto, su circunstancia; visto así, sus acciones buenas se comprenden e incluso llegar a ser motivo de admiración, en tanto que sus malas acciones quedan justificadas, son resultado de lo que han vivido-sufrido, de su educación y situación. Aunque probablemente sea más asertivo decir, de acuerdo con lo que dialogamos, que dichas acciones malas –hasta delictivas– no se justifican, sino que se explican, se esclarece la causa, el motivo de esa acción sin por ello aceptarla porque sin negar que cada uno somos en parte resultado de nuestra circunstancia, apelamos a la conciencia, capacidad reflexiva y de elección que yace en nuestro interior para decidir qué hacer y qué no, es decir, que aun cuando el entorno, el ambiente en que crecimos y en el que nos encontramos influye en nuestro actuar, también tenemos libertad para cuestionar y autoconfigurarnos, esto evidentemente hablando de casos normales-sanos, por decirlo de alguna manera. De igual modo, durante la conversación, propusimos referir las acciones no como “buenas” o “malas”, sino como positivas o negativas en la medida en que contribuyen al bienestar personal y comunitario, individual y grupal, lo que da pie a nuestro tercer punto.

* Sociedad / Comunidad
Es posible distinguir entre sociedad y comunidad, entendiendo por la primera una suma de individuos resultado de la necesidad por estar con el otro para obtener el propio beneficio, donde más que compartir la vida, los pensares y sentires, las experiencias, se trata de un intercambio, de una negociación necesaria para la supervivencia del grupo, de la sociedad que a su vez es valorada exclusivamente por ser el medio necesario a la supervivencia individual; en tanto que la comunidad consiste en el encuentro de personas que reconociendo su interdependencia y en valoración de la misma construyen día a día un entorno donde el bienestar personal y comunitario son correlativos.

Nuestra charla cerró nuevamente con broche de oro, con la interesante aportación de uno de los participantes, quien planteó dos posibles interpretaciones-vivencias sobre esta película: la primera de ellas, como una obra de arte en que los personajes y el propio relato presentan magistralmente actitudes humanas en un cierto contexto donde el drama puede dar lugar a la redención; la segunda, como una filmación de propaganda racista en que el individualismo priva, se sobrepone a todo y lo que busca es imponer “su verdad”, ejercer “su justicia”.

Con todo lo anterior confirmamos nuevamente que parte de la riqueza del cine radica en su posibilidad de interpretación, de reflexión, análisis y crítica, en el ejercicio de nuestra transición de simples y pasivos receptores de lo que está frente a nosotros a complejos y activos actores que transforman y construyen la realidad. En palabras de nuestros amigos en esta sesión: “la postura no está en el autor, sino en el espectador, en el espect-actor”.






Ah, lo olvidaba, estos son los cinco temas que prometí mencionar al final: justicia, impunidad, publicidad, racismo y comunidad.