jueves, 14 de mayo de 2026

Clase #12 - Curso "Litertura y Cine" - Primera parte de dos


Mirar con palabras: La écfrasis como diálogo con la imagen 



En esta clase el tema principal fue la écfrasis. La palabra proviene del griego ekphrasis y se refiere al ejercicio de describir una imagen, una obra de arte o incluso una escena de manera tan detallada y sensible que las palabras logren volver visible aquello que observamos. Más que una simple descripción, la écfrasis implica una interpretación: mirar con atención, detenerse en los gestos, los colores, las atmósferas y los símbolos, para después traducir todo ello al lenguaje. En cierto sentido, es un puente entre la mirada y la imaginación.

Durante la sesión realizamos dos ejercicios. El primero fue a partir de la pintura Habitación de hotel, de Edward Hopper. Observamos el silencio de la escena, la mujer sentada junto a la cama, la sensación de espera y de distancia que caracteriza muchas de las obras de Hopper. Cada persona escribió desde aquello que la pintura le despertaba. El segundo ejercicio fue todavía más íntimo: cada quien eligió una fotografía de la galería de su celular y realizó una écfrasis a partir de ella. Fue interesante descubrir cómo las imágenes cotidianas —un paisaje, una mascota, un rostro querido— pueden convertirse en detonadores de memoria y reflexión cuando se observan con detenimiento.

En medio de los ejercicios surgió una pregunta muy interesante dentro del grupo: ¿la descripción puede incluir apreciación o debe limitarse únicamente a decir “lo que hay” en la imagen? Una de las estudiantes compartió entonces la diferencia entre dos tipos de descripción: la denotativa y la connotativa. La descripción denotativa busca presentar los elementos de manera objetiva, atendiendo a lo visible y verificable: colores, formas, posiciones, objetos o acciones concretas. La descripción connotativa, en cambio, incorpora significados subjetivos, emociones, símbolos y asociaciones personales; es decir, incluye la interpretación y la sensibilidad de quien observa.

Esta distinción detonó el diálogo. Pensamos en cómo, incluso cuando creemos describir objetivamente, siempre existe una mirada situada que selecciona ciertos detalles y deja otros fuera. A grandes rasgos, concluimos que la écfrasis sí puede incluir apreciación, precisamente porque se trata de una técnica literaria. En ella no sólo importa reproducir una imagen, sino también transmitir aquello que provoca. La apreciación aparece entonces como la presencia de la imaginación, la memoria y la interpretación de quien contempla. La écfrasis no copia la imagen: dialoga con ella.

A partir de estos ejercicios pensé en una pintura fascinante: Los proverbios flamencos, de Pieter Brueghel el Viejo. El cuadro, realizado en 1559, es una especie de laberinto visual poblado por escenas absurdas, humorísticas y críticas, donde decenas de personajes representan literalmente refranes y dichos populares de la época. La pintura funciona como un espejo de la condición humana: muestra nuestras contradicciones, vanidades y torpezas cotidianas. Mirarla es casi como escuchar hablar a un pueblo entero.

En la escena todo parece moverse al mismo tiempo. Hay hombres cargando objetos inútiles, personas actuando contra toda lógica, rostros distraídos y acciones desmedidas. Cada rincón contiene un proverbio encarnado. En un extremo, por ejemplo, aparece la expresión “golpearse la cabeza contra la pared”, imagen de quien insiste obstinadamente en aquello que no tiene solución. La figura parece empeñada en vencer un muro imposible; la terquedad se vuelve aquí una escena casi cómica, pero también profundamente humana. ¿Cuántas veces persistimos en discusiones, relaciones o expectativas que nos desgastan precisamente porque no queremos reconocer el límite?

En otra parte del cuadro puede verse el proverbio “sentarse entre dos sillas”, representación de la indecisión. El personaje intenta ocupar dos lugares al mismo tiempo y termina en una postura inestable, incómoda, incapaz de sostenerse realmente en alguno. La escena recuerda la dificultad de elegir: querer permanecer en todos los caminos posibles puede conducir finalmente a no habitar ninguno.

La grandeza de esta obra consiste en que convierte los refranes en imágenes vivas. Aquello que solemos repetir automáticamente en el lenguaje cotidiano adquiere cuerpo, gesto y movimiento. Quizá por eso la écfrasis resulta tan valiosa: porque nos obliga a mirar más despacio. En una época saturada de imágenes fugaces, describir una pintura o una fotografía es también una forma de resistencia. Significa conceder tiempo a la contemplación y descubrir que, detrás de cada imagen, existe una historia, una emoción y una filosofía de vida esperando ser nombradas.


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