¿Todos somos filósofos?
Dice el refrán que "de músico, poeta y loco todos tenemos un poco". Nosotros nos permitimos una pequeña variación: de filósofo, poeta y loco todos tenemos un poco.
¿Somos realmente todos filósofos? La respuesta que fuimos tejiendo en diálogo es afirmativa, aunque con un matiz importante: todos nacemos filósofos, al menos en potencia. Si entendemos el filosofar como la capacidad de asombrarse, de sentir curiosidad y de preguntar por el mundo y por nosotros mismos, basta observar a los niños para reconocer esa disposición originaria. En cada pregunta infantil habita una semilla de la filosofía.
Aunque toda semilla necesita ser cultivada. Filosofar requiere algo más que una inclinación natural: exige la disposición y la posibilidad de detenernos, observar con atención y preguntarnos por lo que suele pasar inadvertido. Esto supone, en muchos casos, haber satisfecho las necesidades más básicas y contar con un cierto bienestar que haga posible la contemplación y la reflexión.
También hace falta compañía. La filosofía es un diálogo interior, pero también una conversación con los demás. En la infancia, ese diálogo resulta decisivo. Los adultos que responden con interés a las preguntas de los niños alimentan su capacidad de pensar; quienes las desestiman o reprimen pueden debilitar ese impulso natural de filosofar.
Por eso, aun cuando todos nacemos con la potencia de ser filósofos, no todos llegan da actualizarla. Algunos no encuentran la disposición; otros carecen del tiempo, de las condiciones o la tranquilidad necesarias para contemplar y reflexionar. En muchos casos, son las circunstancias de la vida las que limitan ese ejercicio. Y, a veces, simplemente falta una buena compañía en el camino del pensamiento.
Reconocerlo nos invita a la gratitud. Quienes hemos encontrado tiempo, interlocutores y espacios para cultivar esa semilla podemos considerarnos afortunados, incluso privilegiados. Porque ser filósofo no consiste en poseer respuestas definitivas, sino en conservar vivo el deseo de comprender. En ese sentido, somos amigos de la filosofía y amantes de la sabiduría.