En Lucky (John Carroll Lynch, 2017) hay varias escenas que
funcionan casi como pequeños ensayos de filosofía dentro de la narración. No
avanzan mucho la trama; condensan las ideas centrales de la película: finitud,
conciencia, sentido y aceptación. Para nuestro curso de Literatura y Cine,
estas escenas son especialmente valiosas porque permiten analizarlas como si
fueran microtextos filosóficos.
1. El colapso de Lucky en su casa: el
despertar de la finitud
En una de las primeras escenas, Lucky se levanta como todos los días, realiza su rutina habitual (café, cigarrillo, ejercicios); de pronto se desploma en su casa.
Se trata de una escena filosófica porque introduce el gran tema de la película: la conciencia de la muerte. Hasta entonces, Lucky vive como si su rutina fuera eterna. El colapso rompe esa ilusión y produce una pregunta silenciosa: ¿Qué ocurre cuando la rutina ya no puede ocultar nuestra fragilidad?
Esta escena dialoga con la idea de “ser-para-la-muerte” desarrollada por Martin Heidegger: el ser humano vive normalmente olvidando su finitud, hasta que algo la revela.
2. El monólogo del sueño en el bar
Lucky relata un sueño extraño en el que aparece en su casa, en la oscuridad, frente a algo que no logra comprender.
Es una escena clave, casi un cuento filosófico dentro de la película, debido a que el relato del sueño conduce a una conclusión radical:
- no hay alma separada
- la conciencia es un accidente del universo
- cuando morimos, simplemente dejamos de existir
El discurso de Lucky recuerda al existencialismo de Albert Camus y a ciertas posiciones materialistas contemporáneas. No obstante, la escena no es nihilista: Lucky parece aceptar esa idea sin desesperación.
3. La conversación sobre la tortuga
El personaje de David Lynch pierde a su tortuga llamada President Roosevelt. Aunque parece una conversación trivial, la escena funciona como alegoría del tiempo y de la desaparición. Probablemente la tortuga simboliza el paso lento del tiempo, la vida que sigue su curso y la indiferencia del mundo ante nuestras pérdidas. Mientras el amigo sufre por la tortuga, Lucky responde con una mezcla de ironía y lucidez.
Esta escena puede leerse desde una perspectiva cercana al estoicismo o incluso al budismo, donde se insiste en la impermanencia.
4. La canción mexicana y la sonrisa final
En una escena muy emotiva, Lucky canta “Volver, volver”, de Vicente Fernández en español. Después, hacia el final de la película, camina por el desierto y sonríe directamente a la cámara.
Es una escena poderosa porque la canción habla de volver al lugar del amor, pero Lucky sabe que eso es imposible: el tiempo no regresa. En tanto que la sonrisa final se interpreta muchas veces como aceptación de la muerte, reconciliación con la vida, un gesto de libertad frente al absurdo.
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